Belisario Betancur

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Este artículo es un tributo a la calidad humana de un gran colombiano. Por nacionalidad, aunque también en el viejo sentido bolivariano. Su conocimiento y afecto por Venezuela son mayúsculos. Por una razón sencilla, más allá de lo personal: Colombia y Venezuela son hermanas siamesas. Lo que pasa a una –bueno o malo- repercute en la otra. Sus problemas son temas de análisis común. Eso nos acerca. Este artículo es un tributo a la calidad humana de un gran colombiano. Por nacionalidad, aunque también en el viejo sentido bolivariano. Su conocimiento y afecto por Venezuela son mayúsculos. Por una razón sencilla, más allá de lo personal: Colombia y Venezuela son hermanas siamesas. Lo que pasa a una –bueno o malo- repercute en la otra. Sus problemas son temas de análisis común. Eso nos acerca.

De quien escribo es de un militante de la paz e impulsor de reconciliaciones. La primera es tema recurrente en sus datos biográficos; las segundas, se asocian a sus ejecutorias de gobierno y puedo decir que conozco de manera directa su interés por ellas, en reciente conversación. Siento inmenso orgullo por haber sido beneficiario de su hospitalidad, talento y humor.

La semana pasada relaté las vicisitudes para llegar a la cita concertada en su casa de Santander. Sabía que el esfuerzo valía la pena. Y así fue: una jornada llena de afecto, amor por la libertad, espíritu constructivo frente al drama político venezolano y muchas buenas iniciativas de inspiración académica. El viejo político colombiano se dedica, desde hace tiempo, principalmente a afanes del intelecto, ligado a universidades. Y como universitarios nos acercamos a sus posibilidades.

Los rectores de las universidades venezolanas, agrupados en AVERU, se han propuesto tomar el rábano por las hojas en el cumplimiento del mandato de la Ley, la cual las conceptúa como instituciones al servicio de la nación y colaboradoras “en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales”. Hoy, el problema es Venezuela toda. Para actuar, buscamos aliados. Sin complejos. En Colombia, Chile, Uruguay, Brasil, Costa Rica, o donde haya que buscarlo. En eso andamos.

AVERU aprobó una propuesta de un Grupo de Tareas de su seno, al cual pertenezco, que se compromete a disponer, a fines de año, de un “Proyecto de País para la Reconciliación Nacional”, como “aporte de las Universidades (…) con motivo de los 200 años del nacimiento de la República”.

Llamado “Proyecto Bicentenario”, asume un reto ético: reconciliar, para, de inmediato, asumir otro, conceptual, de formular el modelo de país que sirva de orientación, a todos, en el largo plazo.

La propuesta, para llegar a lo expuesto, contiene cuatro componentes: 1) el diagnóstico de las condiciones institucionales básicas del país, con especial referencia al pacto o contrato social para la convivencia; 2) el ejemplo de un proceso consensual cercano: la constituyente colombiana, 3) la promoción de un Proyecto de País y de mecanismos consensuales, como su mejor vía; y 4) la reflexión y debate sobre los aspectos sustantivos de un nuevo diseño de país.

Por ahí comenzó la conversación. De su dinámica, resaltan: 1) el acuerdo y encomio a una propuesta de reconciliación nacional; 2) el beneplácito por la naturaleza universitaria de la propuesta y la gestión dirigida a la incorporación de otras instituciones ligadas al conocimiento (academias y colegios profesionales); 3) la mención especial al valor político de la participación activa del estudiantado y la juventud; 4) la conveniencia del punto relativo a la revisión de la situación institucional del país; respecto a la cual, se planteó la posibilidad de participación del presidente Betancur; pero que, a cambio, ofreció su colaboración para lograr otros participantes relevantes, entre los cuales, incidentalmente, otros ex presidentes latinoamericanos; 5) la posibilidad de nombres asociados al proceso constituyente colombiano de 1990-91.

La jornada fue excepcional. Las posibilidades, a partir de ella, amplias. La satisfacción de los comisionados, plena. El presidente Betancur –y su esposa Dalita- tienen nuestro afecto, reconocimiento y agradecimiento. Una oblea con Arequipe sirvió de cierre a una memorable jornada.

*Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1, en Twitter

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