Enric Montefusco

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Se llama Enric Montefusco y fue el líder de Standstill, una de las bandas con menos miedo al riesgo del movimiento ‘indie’ español. Ahora en ‘Meridiana’, el disco que abre una nueva etapa, camina en solitario uestra el mismo coraje que cuando militaba en su antiguo grupo. Se llama Enric Montefusco y fue el líder de Standstill, una de las bandas con menos miedo al riesgo del movimiento ‘indie’ español. Ahora, en ‘Meridiana’, el disco que abre una nueva etapa, camina en solitario, como mínimo, muestra el mismo coraje y las mismas ganas que cuando militaba en su antiguo grupo.

El viaje de Montefusco comenzó a finales del siglo XX, cuando era joven y amante del ruido y su banda sonaba fuerte, mucho, entre el hardcore y el punk, y cantaba en inglés, como muchos otros grupos de aquella época. Pero fue de los primeros en cambiar de rumbo, decidirse por el castellano y rebajar sustancialmente la dosis habitual de decibelios.

Desde entonces, la música compuesta por Montefusco ha ganado en matices y los textos de sus canciones han adquirido cada vez más importancia. Hasta el punto de que, hoy por hoy, su trabajo no se mueve demasiado lejos de las coordenadas sonoras en las que podemos encontrarnos con los rasgos habituales de la canción de autor.

Sus nuevas canciones traen en el ADN algunos componentes habituales de los temas de Nick Cave, Leonard Cohen, sus contemporáneos Señor Chinarro o El Hijo y, como no, el gran Luis Eduardo Aute. Un hombre tranquilo con una obra enorme que ha alimentado de metáforas y sueños a varias generaciones de autores.

Pero este Montefusco que ha ganado en densidad filosófica y claridad melódica, también se ha traído de su pasado ‘rockero’ una querencia por los ritmos bien marcados y evidentes que contribuyan a mantener la tensión de los temas. Aunque ahora, en ocasiones, resultan menos contundentes que antes.

A la par, en el envoltorio de estas nuevas canciones, hay algunas novedades que ya se intuían en sus trabajos anteriores, como el mayor protagonismo que adquieren las cuerdas, o las pinceladas ‘folkies’, tomadas de la más pura tradición ibérica, que contribuyen a colorear unos temas de discurrir pausado y temática costumbrista y agridulce.

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