Amazonía Brasileña
La deforestación, el uso de mercurio, la contaminación de los ríos y la violación de territorios indígenas son consecuencias directas del avance de la minería ilegal en la Amazonía. Greenpeace advierte sobre un crecimiento exponencial de esta actividad ilícita, especialmente en el río Madeira, donde los controles del Gobierno parecen no ser suficientes para frenar la devastación ambiental.
Greenpeace denuncia que el avance del ‘garimpo’ se da a pesar del refuerzo de controles por parte del Gobierno brasileño
Según el último informe de Greenpeace, el número de balsas dedicadas a la extracción ilegal de oro ha pasado de 130 en febrero a 542 en julio, tras un sobrevuelo realizado entre el 15 y el 18 de ese mes. Estas embarcaciones se encuentran activas en 22 puntos distintos, abarcando desde Calama (estado de Rondônia) hasta Novo Aripuanã (estado de Amazonas).
Este incremento equivale a un 317% en apenas cinco meses, una tendencia que la organización califica de “alarmante” por el alto impacto ambiental y social que conlleva.
La mayoría de estas balsas operan en aguas cercanas a la Reserva do Lago do Cuniã y la Tierra Indígena Lago Jauari, zonas de gran importancia ecológica. Allí, la minería ilegal se convierte en una amenaza directa para el equilibrio de los ecosistemas y las comunidades tradicionales que dependen de ellos.
La contaminación por mercurio representa un riesgo grave para la salud de miles de personas en la Amazonía brasileña
Cada balsa de minería ilegal introduce mercurio en los ríos para separar el oro, provocando la contaminación de las aguas y afectando la salud de los peces y de las comunidades ribereñas. “Cada balsa ilegal implica mercurio en los ríos, la destrucción de bosques y la amenaza de vidas”, señaló Grégor Daflon, portavoz de Pueblos Indígenas de Greenpeace Brasil.
La situación resulta aún más crítica porque muchas de las comunidades afectadas dependen directamente del agua del río Madeira y de la pesca para su subsistencia. La presencia de mercurio no solo deteriora la calidad del agua, sino que se acumula en los peces y se transmite a los humanos a través de la cadena alimentaria.
La falta de una política efectiva de contención podría consolidar la minería ilegal como una amenaza estructural para la Amazonía
A pesar de los esfuerzos del Gobierno por controlar la actividad mediante operativos y vigilancia, la extensión de la selva y la falta de recursos hacen que el avance del ‘garimpo’ continúe prácticamente sin freno.
La minería ilegal es uno de los principales focos de conflicto en la política ambiental e indígena del Ejecutivo brasileño. Sin embargo, organizaciones como Greenpeace denuncian que las acciones no son suficientes frente a la rapidez con la que se expande la actividad extractiva.
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