Cientos de manifestantes protestaban la tarde del viernes en la ciudad brasileña de Río de Janeiro por la operación de la policía contra el narcotráfico, que el martes se saldó con 121 muertos: 117 sospechosos y cuatro policías.
La protesta se inició en el campo de fútbol de Vila Cruzeiro, una de las favelas del Complexo da Penha, una de las barriadas donde tuvo lugar la acción policial. Vecinos, activistas, conductores de mototaxi y algunos políticos locales acudieron para expresar su rechazo a la violencia policial y a la política de seguridad del gobernador de Río, Claudio Castro.
La protesta reunió a vecinos, activistas y mototaxistas que acusan al Gobierno de aplicar una política “genocida” en las favelas
«La política del gobernador es genocida», criticaba en declaraciones a la Agencia Sputnik Arcanjo Oliveira, un joven que había acudido junto a su novia a la protesta. «No somos de aquí, pero hemos venido a solidarizarnos con las familias que sufren con esta guerra a las drogas, que en realidad es una guerra basada en la violencia racial y de clase. Los que la sufren son los pobres y los trabajadores», aseguró.
Rechazo a la violencia policial
La concentración de la marcha estuvo repleta de pancartas calificando a Castro de «asesino» y pidiendo justicia para las favelas. «¿Cuántos más tienen que morir para que esta guerra acabe?», era uno de los cánticos más coreados. El ambiente estuvo marcado por la tensión; todavía hay 18 familias que no han conseguido recuperar los cuerpos de sus seres queridos para poder enterrarlos.
Las familias denuncian que aún hay 18 cuerpos sin identificar y acusan a las autoridades de negligencia en la entrega de los fallecidos
Las asociaciones y movimientos sociales que organizaron la protesta pidieron acudir con camisetas blancas en señal de paz; algunas tenían estampadas fotografías de algunos de los fallecidos en la operación policial. Uno de ellos era Douglas, un conductor de mototaxi y trabajador en una gasolinera que «no estaba metido en nada», según explicaba un amigo que prefirió no identificarse.
“Le quitaron la vida a mi amigo”
«Tenemos un sentimiento de impotencia, de rabia. Le quitaron la vida a mi amigo, organizaron una emboscada; los policías sólo vienen aquí para eso, hasta le cortaron la cabeza a la gente, no tiene ninguna lógica que ocurra algo así. Matan a más de 100 personas y les parece normal», criticó.
Vecinos denuncian ejecuciones y brutalidad policial durante la incursión en las favelas
Bajo un cielo que amenazaba lluvia, la manifestación empezó a bajar la calle hasta la plaza São Lucas, donde el miércoles los vecinos fueron acumulando en el suelo decenas de cadáveres que rescataron de una zona boscosa una vez terminada la incursión de la policía. Las imágenes aéreas de la plaza llena de cuerpos en fila se convirtieron en símbolo de la operación. Ahora luce limpia, sin restos de sangre, y el comercio empezó a retomar la normalidad.
Tensión y control policial
Aun así, en la barriada quedan muchos testimonios de la operación policial y sobre todo de la presencia constante de los narcotraficantes del Comando Vermelho (CV). Muchas calles están cortadas con barricadas hechas con vigas de hierro y neumáticos para evitar el paso de la policía. También se ven restos de vehículos calcinados, resultado del caos que generaron los integrantes de la banda como represalia una vez terminó la operación.
El Comando Vermelho mantiene su presencia en la zona, con barricadas y vehículos calcinados
Los manifestantes intentaron proseguir con la marcha desplazando a parte de los vecinos y activistas en autobuses y furgonetas hasta el Palacio Guanabara (sede del Gobierno de Río de Janeiro), situado a varios kilómetros de distancia, pero la presencia de Policía Militar acabó impidiendo la continuidad del acto.
Balance oficial y contexto del operativo
Poco antes de que empezara la manifestación, las autoridades de Río de Janeiro realizaron una comparecencia de prensa en que informaron que ya se identificó a 99 de los 117 sospechosos fallecidos y que de esos 99, 78 tenían un historial de delitos graves, como homicidio, tráfico de drogas y pertenencia a organización criminal.
La Policía Civil remarcó que en los últimos años el Complexo do Alemão y el Complexo da Penha (donde arrancó la manifestación) han sido el cuartel general del CV, sirviendo de refugio, escondite y lugar de entrenamiento para líderes de esta facción, no sólo de Río, sino también de otros estados brasileños.



