El peronismo es derrotado en Argentina tras dos años en el poder

Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner

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La máxima «el peronismo unido es imbatible» acaba de ser desafiado. La desgana con la que la población argentina acudió a votar en las elecciones primarias del domingo fue un anticipo del malestar general que exhibieron los resultados.

La coalición gobernante Frente de Todos, con todo el peronismo aglutinado bajo la presidencia de Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, sufrió una derrota inclemente que deja un escenario poco fértil para repetir la lógica política predominante hasta ahora.

El oficialismo, que presentó candidaturas únicas en la mayoría de los distritos, perdió en 18 de las 24 jurisdicciones del país, incluida la mayor de todas, en donde vive el 37 por ciento del padrón electoral, y en la que gobiernan: Buenos Aires (este).

El principal alianza opositora que supo llevar al Gobierno a Mauricio Macri (2015-2019), Juntos por el Cambio, obtuvo más de cuatro puntos porcentuales de diferencia en esta jurisdicción, donde gobierna el oficialismo desde 2019.

A solo dos años de dejar el poder, el bloque opositor salió victorioso en estas PASO (Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), aun cuando hizo competir a varios precandidatos entre sí, sin un rostro que a nivel nacional capitalizara su triunfo, o el fracaso del oficialismo. La estrategia contraria utilizó el Frente de Todos, pero de nada le sirvió ir unido en la mayoría de los distritos.

PERONISMO TOCADO

El sociólogo Marcos Novaro, director del Centro de Investigaciones Políticas (Cipol), explica a la Agencia Sputnik una de las claves de su derrota. «Ellos confían mucho en la unidad del peronismo, que les proveía un piso suficiente para aguantar cualquier tormenta, pero no es así», analiza. «Hay un porcentaje de votos móviles que ignoran las identidades políticas y la grieta, la otra cosa en la que confiaron: hablar mal de Macri y polarizar».

La grieta ha sido una herramienta política utilizada en esta nación sudamericana para engrosar los extremos y desdibujar el centro. «Es bastante efectiva para muchas cosas pero la polarización es relativa en la política argentina», advierte Novaro. «Hay un sector de votantes de centro que se sintieron muy desatendidos por el Gobierno, por todas las macanas que acumuló».

El protagonismo de la vicepresidenta en la campaña electoral pudo ser determinante en la derrota del oficialismo. Cristina Fernández «intervino para cuidar su voto duro, y con eso espantó del todo a los moderados, que son los que le permitieron ganar en 2019», refiere el también investigador y docente universitario.

En ese sentido, el oficialismo «cayó en una trampa», con pocas posibilidades de contrarrestar la decepción electoral en las elecciones legislativas que se celebrarán el 14 de noviembre.

«La recuperación del voto va a ser muy difícil porque tiene que elegir: o trata de recuperar votos peronistas, o intenta recuperar voto moderado. O se radicaliza o se modera en el terreno económico. Cualquier cosa que haga tiene muchos riesgos», concluye Novaro.

UN CLARO PERDEDOR

El doctor en Ciencia Política Julio Burdman, director de la consultora Observatorio Electoral, analiza dos dimensiones en estas PASO. «Una interna, que tiene que ver con los partidos políticos, y otra externa o informal, relacionada con los efectos del proceso electoral sobre la política en general», plantea.

Esta instancia electoral, al respecto, pudo funcionar «como una instancia más democratizadora que en otras oportunidades». Burdman destacó la competencia interna que hubo en la oposición con «varios liderazgos en muchas provincias y con resultados inesperados en muchos casos, lo que es saludable».

El Frente de Todos, que priorizó la convergencia unitaria en estos comicios, no pudo evitar las internas en provincias como Santa Fe (centro-este) y Tucumán (noroeste), uno de los pocos distritos en donde se adjudicó una victoria.

El profesor universitario advierte que en estas PASO no hubo una elección que se trasladara a un cambio en las instituciones, de modo que «genera proyecciones y metáforas para adelante, pero la elección real es en noviembre».

Lo que también es real es el quebranto del que ahora debe recuperarse el oficialismo. «Está sufriendo el malestar, el impacto de la crisis», evidencia Burdman. «Hay una situación social económica sanitaria adversa y el Gobierno tuvo que dar la cara a muchas de estas situaciones e hizo que perdiera muchos apoyos».

El Frente de Izquierda de Trabajadores (FIT), por su cuenta, festeja el que ha sido el mejor resultado de su historia, mientras que en la ciudad de Buenos Aires aparece como tercera fuerza un economista autodefinido como libertario, Javier Milei, que amenaza con romper los equilibrios existentes.

Si se proyectan los resultados de las PASO en las elecciones legislativas del 14 noviembre, el Gobierno apenas retendría por un escaño su histórica mayoría en el Senado, pues solo recuperaría nueve de los 15 escaños que se someten al voto popular.

El principal bloque opositor, que arriesga nueve de sus senadores, sumaría cinco más.

En la Cámara de Diputados, donde se renuevan 127 de las 254 bancas existentes, la coalición gobernante también quedaría con solo una banca de ventaja por sobre Juntos por el Cambio , al perder 3 de los 52 escaños que pone en juego, mientras que Juntos por el Cambio sumaría un asiento más de los 60 que pone a disposición.

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