Derechos Humanos

Amnistía Internacional alerta sobre leyes anti-ONG en América que limitan derechos humanos

La organización denuncia un patrón regional en seis países que restringe la actividad de la sociedad civil y pide reformas urgentes

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La organización Amnistía Internacional ha instado a varios países de América Latina a derogar o modificar leyes que restringen la libertad de asociación, al considerar que vulneran derechos fundamentales y dificultan la labor de las organizaciones sociales.

El aviso llega tras la publicación de un informe en el que la ONG advierte de un endurecimiento normativo entre 2024 y 2025 en varios países de la región, con efectos directos sobre el funcionamiento de la sociedad civil.

La organización subraya que estas medidas no son aisladas, sino que forman parte de una tendencia regional que afecta al espacio cívico.

Amnistía Internacional denuncia que seis países han aprobado leyes que limitan el funcionamiento de organizaciones sociales entre 2024 y 2025

Países señalados por Amnistía Internacional

Amnistía Internacional identifica a Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Paraguay, Perú y Venezuela como los países donde se han aprobado o reformado normas que imponen controles desproporcionados a las organizaciones de la sociedad civil (OSC).

Según el informe, estas leyes afectan a la capacidad de las organizaciones para operar, acceder a financiación y defender derechos humanos en sus respectivos países.

País Tipo de medidas denunciadas Impacto principal
Ecuador Reformas normativas restrictivas Limitación operativa
El Salvador Impuestos y restricciones financieras Reducción de recursos
Nicaragua Cierre de organizaciones Desmantelamiento del tejido social
Paraguay Estigmatización y control legal Intimidación social
Perú Riesgo de disolución por litigios Restricción judicial
Venezuela Requisitos opacos y control financiero Obstáculos al trabajo humanitario

Un patrón regional de restricción

La organización advierte de un “preocupante patrón regional” que refleja el avance de prácticas autoritarias. Según explica la directora para las Américas, Ana Piquer, estas leyes buscan “silenciar voces críticas y consolidar el poder”.

El análisis señala que en todos los países estudiados las normas fueron precedidas por campañas de estigmatización, en las que autoridades calificaron a las ONG como “enemigos internos”, “agentes extranjeros” o “antipatrias”.

Estas narrativas han generado, según Amnistía, desconfianza social, intimidación e incluso discursos discriminatorios, como en el caso de Paraguay.

Las leyes fueron precedidas por campañas que estigmatizan a las ONG y generan desconfianza social

Restricciones legales y financieras

El informe destaca que muchas de estas leyes incluyen definiciones ambiguas, como “orden público” o “actividad política”, que permiten su aplicación selectiva contra organizaciones críticas.

Además, las normativas imponen:

  • Registros obligatorios y autorizaciones previas
  • Exigencias burocráticas excesivas
  • Restricciones a financiación internacional
  • Obligación de divulgar datos sensibles de donantes y beneficiarios

En El Salvador, por ejemplo, se han aplicado impuestos considerados abusivos sobre financiación externa, mientras que en Venezuela los requisitos administrativos han dificultado el trabajo de organizaciones de derechos humanos.

Tipo de restricción Consecuencia directa
Control financiero Reducción o cancelación de proyectos
Burocracia excesiva Desvío de recursos
Publicación de datos Riesgo para beneficiarios
Sanciones legales Multas, cierres o confiscaciones

El control del financiamiento y las sanciones legales son elementos clave en estas leyes restrictivas

Impacto en derechos humanos

Amnistía Internacional advierte de que el impacto de estas leyes trasciende a las organizaciones, ya que afecta directamente a las comunidades.

Según el informe, las restricciones provocan la pérdida de apoyo en ámbitos como:

  • Documentación de abusos
  • Acceso a la justicia
  • Defensa de colectivos vulnerables

En algunos casos, las sanciones incluyen multas, congelación de cuentas, confiscación de bienes o incluso penas penales. En Perú, una organización puede ser disuelta por representar a víctimas en litigios contra el Estado, mientras que en Nicaragua estas medidas han derivado en cierres masivos de entidades.

La organización concluye que estas normativas vulneran obligaciones internacionales, reducen el espacio cívico y consolidan prácticas autoritarias.

“Proteger el derecho a organizarse es proteger el corazón mismo de los derechos humanos”, ha señalado Ana Piquer.

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