Tras su intervención en la segunda jornada de la COP30, en Belém (Pará), Lula subrayó que los países en desarrollo no pueden continuar cargando con la crisis mediante deuda, dado que ello implica una «financiación inversa» que termina beneficiando nuevamente a los más acomodados.
Hacia una tarifa obligatoria para los contaminadores históricos
En su alocución inicial, el presidente brasileño apuntó que los países industrializados siguen siendo responsables históricos de la contaminación global y, por tanto, deben asumir una parte preponderante del esfuerzo económico. Además, propuso introducir un impuesto mínimo que genere “recursos valiosos para la acción climática”.
Lula propone que los países industrializados asuman una mayor carga fiscal por su responsabilidad histórica en la contaminación
Multinacionales, superricos y emisiones
Lula reclamó que sin incluir al capital privado las cifras de financiación “no cuadran” y mencionó datos de la ONG Oxfam que sostienen que una persona perteneciente al 0,1 % más rico del planeta emite más CO₂ en un solo día que el 50 % más pobre lo hace en todo un año. Mientras tanto, Brasil plantea que “quien tiene más recursos y mayor responsabilidad histórica” debe asumir los costos de adaptación y mitigación.
El presidente cita a Oxfam para subrayar que el 0,1% más rico contamina más en un día que la mitad más pobre en todo un año
Tabla de contexto: impactos y propuestas
| Concepto | Mención de Brasil / Lula |
|---|---|
| Deuda climática estimada | Más de 1,3 billones de dólares al año reclamada a países ricos por su contribución histórica |
| Impuesto global planteado sobre fortunas | Gravar con 2% al patrimonio de los 3.300 multimillonarios podría generar 200.000-250.000 millones de dólares anuales |
| Enfoque de la COP30 según Brasil | Transformar la cumbre en la «COP de la verdad», con énfasis en justicia ambiental |
Críticas y desafíos en la implementación
La propuesta de Brasil enfrenta importantes resistencias por parte de países como Estados Unidos y Alemania, que cuestionan tanto la ejecución de un impuesto global como su alcance y jurisdicción. Además, los expertos advierten que llevar una iniciativa así del papel a la práctica requerirá mecanismos internacionales sólidos y cooperación fiscal entre estados.
EEUU y Alemania se muestran reticentes ante un impuesto global que podría limitar su autonomía fiscal
La insistencia de Lula en que los países ricos aporten más dinero y las grandes fortunas también contribuyan señala una grieta profunda en la gobernanza global del cambio climático: quién paga, quién contamina y cómo se reparte la factura. La COP30 podrá marcar un hito si las discusiones se traducen en compromisos concretos o quedarán como promesas más dentro del extenso catálogo de aspiraciones internacionales.



