Hambre

El hambre en Brasil cae a mínimos de dos décadas

La inseguridad alimentaria severa se reduce un 23,5 % en un año, aunque casi 19 millones de familias aún sufren falta de alimentos.

Mural contra el hambre

Mural contra el hambre

Brasil registró en 2024 la menor cifra de hambre en veinte años, con 6,48 millones de personas afectadas por inseguridad alimentaria grave, según los últimos datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). La mejora refleja el impacto de los programas sociales impulsados por el Gobierno, aunque persisten desigualdades marcadas por región, género y raza.

El estudio del IBGE muestra una caída del 23,5 % en el número de brasileños que pasan hambre a diario, al descender de 8,47 millones en 2023 a 6,48 millones en 2024, el nivel más bajo desde 2004, cuando comenzaron las mediciones.

El descenso del hambre en Brasil marca un hito en dos décadas, pero aún hay millones de familias con inseguridad alimentaria

Los analistas atribuyen este avance a la reactivación de programas sociales como el “Bolsa Familia” y las políticas de precios mínimos para alimentos básicos, junto con un incremento del salario mínimo y medidas de apoyo a los pequeños agricultores.

Desigualdades persistentes

Pese al avance, 18,9 millones de familias siguen presentando algún grado de inseguridad alimentaria —leve, moderada o grave—, lo que supone 2,2 millones de hogares menos que en 2023. El problema se concentra especialmente en el norte y el noreste del país, donde las condiciones socioeconómicas son más precarias.

Distribución regional de la inseguridad alimentaria (2024)
Región Porcentaje de hogares afectados
Norte 37,7 %
Noreste 34,8 %
Centro-Oeste 18,9 %
Sudeste 14,5 %
Sur 11,3 %

En estas zonas, las mujeres y la población negra son los grupos más vulnerables, reflejando desigualdades históricas que el país todavía no ha logrado revertir.

Las regiones del norte y noreste concentran más del 70 % de los hogares con hambre severa

Factores detrás de la mejora

El repunte económico, la expansión del empleo formal y la recuperación de programas sociales han sido clave en la reducción del hambre. Además, las políticas de apoyo alimentario y de distribución de renta contribuyeron a aliviar los efectos de la inflación sobre los precios de los alimentos.

No obstante, el cambio climático, las sequías prolongadas en el nordeste y la volatilidad económica representan amenazas que podrían revertir estos avances si no se consolidan las políticas de seguridad alimentaria.

Un reto aún inconcluso

Aunque el Gobierno celebra el descenso de la inseguridad alimentaria, los expertos advierten de que Brasil todavía no ha erradicado el hambre. Las cifras revelan progresos, pero también ponen de relieve la fragilidad de los sectores más pobres, dependientes de los programas públicos para mantener una dieta adecuada.

Brasil está más cerca de salir del mapa mundial del hambre, pero el desafío estructural persiste

La caída del hambre en Brasil es una buena noticia para la región y un paso importante en la reconstrucción del tejido social. Sin embargo, la desigualdad territorial y el riesgo de retrocesos económicos exigen mantener y reforzar las políticas de inclusión y acceso a los alimentos.

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