Un triunfo para Dilma

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La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, ha conseguido sacar adelante una de sus mayores ambiciones desde que inició su legislatura hace ya tres años: abrir la puerta a los puertos del país iberoamericano a la inversión privada. La propuesta salió adelante en el Congreso este jueves, a pesar del recelo de los Gobiernos locales y de los sindicatos. La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, ha conseguido sacar adelante una de sus mayores ambiciones desde que inició su legislatura hace ya tres años: abrir la puerta a los puertos del país iberoamericano a la inversión privada. La propuesta salió adelante en el Congreso este jueves, a pesar del recelo de los Gobiernos locales y de los sindicatos.

La nueva ley para regular la gestión del funcionamiento de los puertos, presentada con carácter de urgencia al Congreso, permite inversiones privadas y levanta restricciones sobre la construcción de puertos privados. La norma prevé además inversiones de cerca de 21.000 millones de euros para estas infraestructuras, con el objeto de reducir el costo de los fletes en Brasil en un 20%.

En concreto, la ley elimina una norma que restringe las operaciones de compañías privadas en las terminales de los puertos públicos al manejo de su propia carga y no les permite mover bienes de terceros.

Es uno de los propósitos de la mandataria, que desde hace varios meses ha asegurado que quiere impulsar la modernización de las infraestructuras para acabar con la desaceleración económica de Brasil. En su opinión, el mal estado de éstas ha afectado de forma significativa a las exportaciones y es la principal causa del estancamiento de la expansión económica del país.

Pero la medida contaba con la oposición de la oposición de aquellos de que manejaban las empresas públicas que hasta ahora ‘el cotarro’: los gobiernos locales, los sindicatos, los contratistas portuarios y los proveedores.

Por ello, Rousseff tuvo que buscar el apoyo de sus socios de coalición y negociar con partidos de la oposición. Un trabajo que no finalizó hasta pocas horas antes del plazo límite para el fin de la propuesta. Una carrera contrarreloj de la que finalmente salió victoriosa.

Antes, la presidenta no dudó en quemar todos sus cartuchos y llamó a los brasileños a través de la televisión para que presionaran a los diputados a aprobara la ley, una “cuestión vital” en palabras de la mandataria.

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