Persecuciones

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Nuestro colaborador Juan Carlos Zapata ha realizado un reportaje sobre la pérdida de popularidad del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en las encuestan para las próximas elecciones para la Asamblea Nacional, por la persecución que inició hace unos meses hacía los empresarios y ahora hacía algún político del país. Según asegura Zapata en este artículo la oposición venezolana avanza de cara a los próximos comicios, porque Chávez ya no es el mismo. Nuestro colaborador Juan Carlos Zapata ha realizado un reportaje sobre la pérdida de popularidad del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en las encuestan para las próximas elecciones para la Asamblea Nacional, por la persecución que inició hace unos meses hacía los empresarios y ahora hacía algún político del país. Según asegura Zapata en este artículo la oposición venezolana avanza de cara a los próximos comicios, porque Chávez ya no es el mismo.

Una espina, el gobernador de Lara Henri Falcón. Ni Chávez ha podido descalificarlo, pues, como dijo, no le consta que el gobernador sea un corrupto. Salió de las filas del PSYV, pasó a las filas del PPT, y se ha mostrado firme en su posición crítica ante el presidente Chávez.

La dificultad de Chávez para despacharlo sin causa es que Falcón es honesto, lo cual es un caso raro entre la alta dirigencia revolucionaria. Al general Baduel, Chávez lo despachó con expediente por corrupción, y al general y gobernador Acosta Carles lo señalaron de cualquier cosa; y al gobernador Didalco Bolívar, y al gobernador Eduardo Manuit y a Luis Velásquez Alvaray, el magistrado: averiguación y huída.

Cada vez que alguien reta a Chávez, aparece el expediente mágico. Con Falcón ha sido distinto. Ni siquiera prosperó la intención de algunos en el entorno Presidencial de vincularlo con ex-socio Ricardo Fernández Barrueco, (el empresario y banquero caído en desgracia) y de nexos con éste.

“Se equivocó conmigo”, dijo el alcalde de Caracas Alfredo Peña en el año 2000 al enfrentarse a Chávez. “Se equivocó conmigo”, ha repetido Falcón. ¿Cuál es la diferencia? Ya Chávez no es el mismo. Cuando Peña, era el mandatario del 80% de popularidad y ni un zancudo lo picaba. Hoy alcanza la mitad, y todas las encuestas ya le endilgan responsabilidad en la mala gestión gubernamental. Por ejemplo, los datos de una encuesta que aún no ha visto luz pública son elocuentes: mucha confianza 13,6; confianza, 17; alguna confianza, 14; poca confianza; 20; ninguna confianza, 33,5.

Por su parte, Falcón sabe dónde golpear: en esa encuesta, el 84% se inclina por el diálogo. ¿Qué es lo que ha dicho el gobernador de Lara? Diálogo. Respeto. Paz. “Le pedí dialogar y usted lo consideró una deserción”.

Falcón, por su parte, puede mostrar el éxito de una gestión, desde los tiempos en que era alcalde, incluyendo su gestión de ahora como gobernador. En cambio, su antecesor, ahora ministro en el gabinete de Chávez, Luis Reyes Reyes, no goza de la misma percepción.

En este tiempo, el PPT tampoco es el mismo. Ha perdido mucho en el camino. ¿Perderá más? Está dispuesto a jugársela. De hecho sí, con aquello de que prefiere a Falcón antes que una curul “negociada”.

El PPT se la juega, cierto, pues siendo Falcón líder indiscutido en Lara, se garantizaría cuotas en la nueva Asamblea Nacional, en desmedro del partido de Chávez, el PSUV. Y si Chávez es consecuente con lo que ha dicho, de que quien está con Falcón, está contra él, pues la ruptura con el PPT será cuestión de tiempo.

Además, el escenario opositor tampoco es el mismo, comparado con los primeros años del mandato de Chávez. La suma de los partidos supera al PSUV.

De modo que la disidencia encuentra eco donde antes no lo había, y por impacto, eso infla las opciones opositoras, donde hay quienes ya no observan como un imposible, la victoria y control de la próxima Asamblea Nacional que surgirá de las elecciones del 26 de septiembre.

Todo indica que el piso chavista se mueve. Por ejemplo, la movida contra Ricardo Fernández Barrueco y su grupo era un riesgo en noviembre. Venía diciembre, y el impacto podía ser pernicioso. Pero si no se hacía, calculaban allí, en el Palacio Presidencial, el costo político sería mayor luego, mientras más cerca estuvieran las elecciones.

Estaba como medido, tomándose en cuenta que dentro del PSUV la corriente de la derecha endógena se anticipaba para dominar el congreso partidista, y dominándolo, se llegaba al dominio de las elecciones internas y primarias, y ganando éstas, se colocaba más gente afecta al capital y a la propiedad en la Asamblea Nacional.

Esto fue lo que se midió. Si se dejaba correr la arruga, los grupos económicos no sólo serían más grandes y poderosos, sino que además, podía sucederse el inevitable encuentro entre la derecha endógena militar y la derecha endógena civil. Arrasada la civil, queda la militar, nerviosa.

Entonces, en menos de un semestre, ha habido dos purgas seguidas. La purga contra la boliburguesía y la purga contra Falcón. Y esto no termina. Ahora se sabe que Fernández Barrueco llegó a rumiar la idea de ser candidato presidencial. Y Falcón ha dicho que él no posee esas aspiraciones. Chávez dice que sí le han metido eso en la cabeza.

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