La herencia de Lula

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La buena situación económica que vive Brasil, junto a la excelente administración del Gobierno de Lula da Silva, pueden poner en bandeja a Dilma Roussef, candidata del gobernante Partido de los Trabajadores, la presidencia del Gobierno del país en las próximas elecciones del 3 de octubre. Por lo menos los últimos sondeos apuntan en esta dirección, ya que la última encuesta realizada por Ibope le da a la Rousseff el 39% del voto, frente al 34% de su contrincante, José Serra, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña. La buena situación económica que vive Brasil, junto a la excelente administración del Gobierno de Lula da Silva, pueden poner en bandeja a Dilma Roussef, candidata del gobernante Partido de los Trabajadores, la presidencia del Gobierno del país en las próximas elecciones del 3 de octubre. Por lo menos los últimos sondeos apuntan en esta dirección, ya que la última encuesta realizada por Ibope le da a la Rousseff el 39% del voto, frente al 34% de su contrincante, José Serra, del Partido de la Socialdemocracia Brasileña.

La primera potencia latinoamericana se encuentra en plena campaña electoral. El próximo 3 de octubre, los cerca de 135 millones de brasileños irán a las urnas a escoger su nuevo presidente de la República. Lula, tras 8 años de mandato, cuenta con un 80% de respaldo de la opinión pública y con un estado económico del país en buena forma, de los cuales se beneficia directamente su sucesora, Dilma Rousseff, la cual ya ve reflejado esa influencia en el 39% de intención de voto de los brasileños.

La candidata del Partido de los Trabajadores no se encuentra en esta situación por méritos propios. Si es verdad que ha sido siete años la mano derecha de Lula, tanto como ministra de Energía como jefa de gabinete, y que se ha merecido por cuenta propia el apodo de ‘la Dama de Hierro’, pero la diferencia en intención de voto dista mucho de estas afirmaciones.

Son dos los factores principales los que le hacen encontrarse en esta grata situación, pero si los analizamos detalladamente llegamos a la conclusión de que en verdad es sólo un factor, y tiene nombre propio: Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil.

La buena situación de la economía brasileña y la buena gestión, en los últimos ocho años, del gobierno ejecutivo, tienen un denominador común: Lula. Y de esta corriente positiva se aprovecha la candidata por parte de los ‘trabajadores’, la cual no era apenas conocida por el grueso de la población hasta hace unos meses.

En el apartado económico, Brasil se encuentra en la cresta de su propia ola. Se ha afianzado con la primera posición de potencias en Latinoamérica, superando a México y a Argentina, segunda y tercera respectivamente; mientras que en el apartado mundial esta semana desbancó a España del octavo puesto del ranking planetario de potencias. Se encuentra a un solo puesto de entrar en el poderoso G-7.

Y es que Brasil puede seguir con esta tendencia, mostrándose como una posible alternativa (de lejos) a China y a India. Algunos analistas consideran a Brasil y a India dos países con un potencial de crecimiento que incluso podría llegar a determinar los movimientos de los mercados internacionales. El mercado emergente dejaría de serlo, y se convertiría en un país poderoso a tener en cuenta, tanto como aliado político como económico.

Una de las muchas ventajas comparativas que tiene es la gran demanda interna, lo que se traduce en un gran consumo interno. Una baza bien jugada ya que cuenta con una población cercana a los 135 millones, aunque de los cuales 30 millones no pueden satisfacer sus necesidades básicas. Ante lo cual, el gobierno espera reducir esta tasa al 8% para el 2014, disminuyendo la población pobre a 14 millones.

Desde hace un año, el nivel de empleo ha aumentado, llegando a los 2,2 millones de nuevos puestos de trabajo; el Banco estatal captó 5.580 millones de dólares por la oferta pública de acciones; a finales de 2008 se depreció el real en un tercio de su valor, lo que permitió un aumento de las exportaciones. Además, Brasil no depende de EE.UU. respecto a su balanza comercial, hecho que han acusado gran parte de los países en estos años de crisis. Su principal receptor es China, el cual recibe el 13% del volumen total de comercio. Además, según el Banco Central de Brasil, el Producto Interior Bruto (PIB) podría crecer 7% este año, y en 2011 podría llegar al 11%.

Por otro lado, nos encontramos con la buena opinión pública que tiene la población brasileña sobre Lula. Además de la buena salud que disfruta el país económicamente, Lula ha conseguido dos hechos más que impensables para cualquier nación: lograr ser el país anfitrión tanto del Mundial de fútbol de 2014, con lo que supone el fútbol para los brasileños, como de los próximos Juegos Olímpicos de 2016, con sede en Río de Janeiro.

Parece que está todo a favor del Partido de los Trabajadores de cara a las próximas elecciones, donde la mayor beneficiada es Dilma Rousseff. Si ha superado el cáncer linfático, seguro que hace lo mismo con su contrincante, José Serra.

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