Brasil no deja las calles

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Los brasileños mantienen sus protestas, cada vez más violentas, contra los excesivos gastos de la Copa Confederaciones. La presidenta, Dilma Roussef, ha dado un paso al aumentar el ‘castigo’ a la corrupción, una de las reclamaciones de los manifestantes, pero no ha sido suficiente. Los brasileños mantienen sus protestas, cada vez más violentas, contra los excesivos gastos de la Copa Confederaciones. La presidenta, Dilma Roussef, ha dado un paso al aumentar el ‘castigo’ a la corrupción, una de las reclamaciones de los manifestantes, pero no sido suficiente.

Por ello, los ‘indignados’ brasileños han vuelto a ocupar las calles. En los alrededores del estadio Arena Castelão, en Fortaleza, donde España e Italia jugaron la semifinal del torneo futbolístico, unas cinco mil personas volvieron a mostrar su descontento con el gasto público que supone para el país la celebración del campeonato. Entre los manifestantes, se encontraban grupos violentos que se enfrentaron a la policía, como ya ha ocurrido en otras ocasiones.

Ya había ocurrido lo mismo el día antes a las afueras del Mineirão, en Belo Horizo, que albergó el otro encuentro de semifinal entre Brasil y Uruguay, Aunque en este caso se trató casi exclusivamente de actos vandálicos de grupos violentos.

Estas concentraciones se producen poco después de que la mandataria decidiera alinearse con los ‘indignados’ para atacar con mayor dureza la corrupción. Ante las protestas, la mandataria cedió y llamó al poder ejecutivo y al legislativo para impulsar una reforma política.

Así, el jueves el Senado brasileño dio luz verde a un proyecto que transforma la corrupción en ‘crimen atroz’, y que llevaba en el aire desde 2011. Esta decisión se suma a la retirada el martes de la PEC-37 (Propuesta de Enmienda Constitucional 37), pretendía limitar la capacidad de investigación de los fiscales y potenciar las atribuciones de la policía.

También el martes, la Cámara abordó una propuesta que Rousseff impulsó en mayo: destinar el 100% de los recursos del Estado al sector de la educación, una decisión en consonancia con las reclamaciones de las protestas. Finalmente, la Cámara decidió destinar el 75% a educación y el 25% a sanidad.

Las decisiones de la mandataria surgieron después de que ésta asegurara en un discurso televisado durante una reunión de gabinete que “Brasil necesita un debate público sobre un plebiscito para una asamblea constituyente sobre la reforma política”. “La reforma política ha estado en la agenda del país durante muchos años”, recordó Rousseff tanto al Gobierno como a la oposición.

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