Venezuela: o cómo desaprovechar una transición

Venezuela mostró entre los ’20 y los ‘70 del siglo pasado, un comportamiento económico virtuoso: alto crecimiento y casi nula volatilidad, basado, de modo dominante en el petróleo e instituciones económicas efectivas. Venezuela mostró entre los ’20 y los ‘70 del siglo pasado, un comportamiento económico virtuoso: alto crecimiento y casi nula volatilidad, basado, de modo dominante en el petróleo e instituciones económicas efectivas, aunque precarias, y, al final, un proceso de industrialización que no tuvo la continuidad posible.

En ese lapso, lo político fue variable, de un absolutismo primitivo, en el General Gómez (1908-35), quien sin embargo continuó el establecimiento de instituciones apropiadas para lo económico, iniciado por su antecesor el General Castro (1899-2008), también dictador.

Esas bases progresaron, aunque el arranque de un país netamente productivo siempre fue diferido. El gran motor de crecimiento era, y siguió siendo el petróleo. Venezuela se hizo un país rentista de alto crecimiento.

A finales de los ’50 el país se libró del dominio de dictaduras militares (hubo un corto lapso democrático de unos dos años, en 1946-48) e inició una muy virtuosa transición a la democracia, basada en la lucha democrática, un muy buen consenso político y un gobierno de unidad nacional; la cual, sin embargo, sufrió influencias adversas diversas muy pronto y no llegó a dotarse de un proceso económico de proyección satisfactoria a largo plazo.

Desde finales de los ’60 y hasta finales de los ’70, cambios retrógrados en las instituciones económicas, por cambios en el sistema político de base, formalmente democrático, pero efectivamente corporativo y prebendario, afianzaron el modelo económico rentista y clientelar e impactaron muy negativamente el desempeño económico. La política falló y afectó la economía, la cual, a su vez, complicó el funcionamiento general del sistema.

El país de recursos envidiables y oportunidades amplias dio paso a otro, de bajo desempeño, economía volátil, refractario a reformas, inestable políticamente, con revueltas sociales, varios golpes de Estado y, finalmente, la vuelta a un gobierno autoritario, populista, ligado a una geopolítica forajida.

La virtuosa transición a la democracia no llevó a su consolidación y la economía pujante no dio los pasos hacia su progreso y maduración, sino hacia la exclusiva dependencia del petróleo y un proceso regresivo, a partir de 1998. Un caso interesante para conocer qué no hacer en el manejo de la política y la economía nacionales. Las transiciones están obligadas a resolver el largo plazo.

* Santiago José Guevara García

Valencia, Venezuela

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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Venezuela: o cómo desaprovechar una transición

Santiago José Guevara García*

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