Transitología

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Término de proveniencia anglosajona, desconocido en Venezuela. Asociado a un nombre, también injustificadamente ignorado en nuestro país, el del alemán-estadounidense Danwart Rustow, reconocido como el padre de la disciplina, absolutamente necesaria en nuestro caso nacional. Término de proveniencia anglosajona, desconocido en Venezuela. Asociado a un nombre, también injustificadamente ignorado en nuestro país, el del alemán-estadounidense Danwart Rustow, reconocido como el padre de la disciplina, absolutamente necesaria en nuestro caso nacional.

El concepto –lo que el término contiene- tiene que ver con los estudios de los procesos de democratización. Específicamente, no sobre cómo mantenerla, sino sobre todo, cómo llegar a ellos en contextos de totalitarismo. Nada que ver, entonces, con la transición en la línea marxista. Confusión en los analistas políticos nuestros y también en el mundo académico. He visto trabajos de ascenso aprobados que contienen el error.

La transitología es la disciplina de los transitólogos. Cualquier venezolano dirá “evidentemente”; pero, resulta que tampoco es corriente la calificación de los practicantes de la disciplina. Y la razón es sencilla: simplemente no existen. Muchos arribistas y diletantes, pero, muy pocos conocedores del “estado del arte” y tratadistas.

Sin embargo, aunque desconocido para muchos, posiblemente sea un venezolano ilustre, el indiscutido padre del ciclo democrático del Siglo XX, Rómulo Betancourt, quien haya manejado por primera vez la expresión integral: no solo el término transición (que es lo hace la casi totalidad de sus referentes), sino el específico de transición del totalitarismo a la democracia.

En un almuerzo en su honor, el 12 de enero de 1957, en el Carnigie International Center, de Nueva York, dijo exactamente: “creemos adecuado para Venezuela (…) la transición de un régimen de fuerza a otro democrático”. Solo doce años más tarde, Rustow, el autor citado arriba, hace conocer el término “transition to democracy”, que dio lugar, un año después, a la obra seminal de la disciplina: “Transitions to democracy: toward a dynamic model”.

En la literatura experta (al menos la conocida por mí hasta ahora), se cita una obra de 1959, de Robert Scott, sobre la obra política y organizativa de la post-revolución mexicana, como referencia inicial de los temas relativos a la disciplina, aunque no usara la denominación completa. Pero, eso es dos años después de la frase de Betancourt.

Nosotros conocimos la obra de Rustow por allá en 1977, en plan de ratón de biblioteca en la Escuela de “Sciences Po”, de Paris, o en la “London School”, en el verano del mismo año. En los finales de los ’70 comenzaron a surgir obras relativas a los procesos que vivía Europa del Sur y en el inicio de los ’90, los derivados de la transición del comunismo a la democracia y el mercado. En un manual de Economía, el Samuelson & Nordhaus, aparece a comienzos de los noventa.

La Economía, aunque reflejó los casos meridionales europeos, realmente comenzó a sistematizar sus estudios a partir de los casos del Este. Ya en el presente siglo, ha habido una ola interesante de revisión de sus primeros hallazgos y un conjunto cada vez más firme de demostraciones y teorizaciones sobre el proceso. Existe la llamada Transición del Comunismo al Mercado. Más ampliamente, puede hablarse de una Economía Política de las Transiciones a la Democracia (pues sí, es un tema de Economía política, y no solo de políticas económicas) o, como me gusta llamarla, de una Economía Transicional.

Nosotros, en una línea política militante y práctica, asumimos el tema desde el 2002. No es casualidad que haya sido el año de una profunda inflexión política del país hacia el totalitarismo, aflorada un año antes. Nuestros papeles políticos del 2002 al 2004, revisados o ampliados en varias oportunidades, están volcados en mi libro del 2010, “Venezuela Postchavista. Prospectiva y Política”, que contiene una nota inicial de Diego Arria, a quien cito, por ser el político venezolano con quien más he revisado el concepto, desde antes de la publicación. Diego no es el único: Eduardo Fernández, de COPEI (partido social-cristiano), el IFEDEC-Centro de Políticas Públicas y la Fundación “Venezuela en Transición”, también me han concedido el honor de la atención del tema.

El año pasado, se me publicó un muy corto ensayo, en la obra colectiva de la Fundación “Venezuela Positiva”, que me permitió un sencillo juego prospectivo, en el cual contrastaba un escenario de transición y consolidación democráticas, versus la continuación de la situación actual o un regreso a las mieles del rentismo y mercantilismo clientelares del pasado pre-chavista. Hay otra publicación en ciernes, ya montada, pero llena de polvo, que espera un mínimo de atención para su terminación.

Propugno una transitología nacional. Con un mínimo de rigor (tampoco se puede pedir mucho en lo inmediato). Que no sea banal, oportunista o deficiente. Que sea amplia: en lo político, institucional, económico, sociológico, jurídico, gerencial; y que irradie o se beneficie de lo cultural, en sentido amplio. Hay señales recientes sobre esto último.

Me sentiría honrado de verme asociado al reconocimiento, fundación y desarrollo de la transitología a la venezolana. En eso andamos.

*Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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