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A pesar de errores por descuido nuestro (y fallos en los servicios, normales en la era chavista), que mutilaron el anterior artículo, sus conceptos crearon un grato intercambio con los lectores. Las interrogantes: ¿Cierto que Venezuela encarna un modelo prediseñado? ¿Qué la hace una nación débil para los retos actuales? ¿Hay debilidades profundas en la actual clase política democrática? Y ¿Cuál modelo económico marca la deriva actual? Avanzo cuatro respuestas cortas. A pesar de errores por descuido nuestro (y fallas en servicios, normales en la era chavista), que mutilaron el anterior artículo, sus conceptos crearon un grato intercambio con lectores. Las interrogantes: ¿Cierto que Venezuela encarna un modelo prediseñado? ¿Qué la hace una nación débil para los retos actuales? ¿Hay debilidades profundas en la actual clase política democrática? Y ¿Cuál modelo económico marca la deriva actual? Avanzo cuatro respuestas cortas.

1ª. Sea en razón del llamado Foro de Sao Paulo (afluencia de la izquierda totalitaria latinoamericana, aupada por Fidel Castro y Lula fundamentalmente, a partir de Berlín ‘89), sea por el “coordinated development”, o “Consenso de Beijing”, aupado por Klaus Schwab, chairman del WEF, para justificar el modelo chino, o por ambos modelos, Venezuela se ubica en un estilo recién legitimado, que une gobiernos autoritarios (incluso comunistas, negadores de derechos, como el chino), paraísos productivos e inversión y comercio extranjeros. Lula sabe de qué hablo.

Giovanny Gómez Y., afamado columnista financiero, amigo y compañero de lides políticas libertarias, se interesa en la hipótesis. Pero, hay que decirlo, nuestro caso es especial, por su condición de gran cuenca petrolera y minera, rentismo a la usanza mercantilista,…y Chávez, de comportamiento fuera de racionalidad.

2ª. La debilidad fundamental de Venezuela es su escasa civilidad, con su derivado, un bajo nivel republicano. En palabras de mi amigo y colega Alexander Guerrero, somos (¿o siempre fuimos?) prehobbesianos. Y agrego yo, aún sin llegar a Montesquieu.

La exaltación del militarismo, pero no la importancia de la organización racional, la política sobre mesianismos y carismas, la debilidad genética de las instituciones, la función clientelar del Estado y la gran riqueza de la hacienda pública son factores agravantes.

3ª. La actual clase política confronta tres grandes carencias específicas a su acción. Primera, las debilidades y disfuncionalidades para una sólida confluencia política democrática. Segunda, la ausencia de un Proyecto de País que actúe como polo conceptual y político. Tercera, también la ausencia de un nuevo pacto social y de gobernabilidad, que aglutine y motive todo el espectro social y político movilizado por las luchas frente a Chávez.

Estos temas han sido particularmente estimulantes para nuestros lectores. Se reconoce los esfuerzos hechos hacia la unidad opositora, pero hay mucho de Sísifo en las experiencias. Aún hoy, con las ganancias electorales, hay debilidades y desviaciones. Los temas del Proyecto y el Pacto motivan menos. Nuestro respetado amigo y compañero de preocupaciones por el tema del Proyecto, Enrique Colmenares Finol, ex jefe del gabinete de infraestructura del segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, es una de las raras excepciones en el interés por los temas.

4ª. Último, pero no menos importante, el modelo económico que marca la deriva nacional actual es la exacerbación del modelo redistributivo típico de la democracia populista que precedió al autoritarismo también populista actual.

El país vivió un corto tiempo de líneas estatales de largo aliento, un pacto social y político formal y el privilegio a la producción. Todo, salido de una mente y una voluntad política admirables, como fue Rómulo Betancourt. Su vigencia se ubica en los ’60 del siglo pasado, con efecto inercial hasta la siguiente década.

Muerto Betancourt, murió la política moderna en Venezuela. Con otros ingredientes, me lo decía, en un almuerzo, el viernes pasado, Luis Francisco Rodríguez Mérida, ducho político regional carabobeño. Lo demás, es historia perdida, con ensayos escasos de cambio. Ojalá que sea sólo pasado.

Saldado el error de la semana pasada y satisfechas las dudas, salimos del esfuerzo dirigido a comprender. Toca el de emprender. Foco nacional y líneas de acción hacia él son las tareas ahora.

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