Parón nuclear

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Mientras que continúan los trabajos para controlar la situación en Fukushima, aquella catástrofe ha tenido y sigue teniendo una clara repercusión en todos los países. Mientras que continúan los trabajos para controlar la situación en Fukushima, aquella catástrofe ha tenido y sigue teniendo una clara repercusión en todos los países.

Así, por ejemplo, el Gobierno alemán ha decidido volver al plan de cierre de las centrales nucleares acordado en septiembre de 2001, rescindiendo la nueva política aprobada en septiembre del año pasado por la cual las centrales nucleares alemanas continuarían funcionando de ocho a 14 años según su antigüedad.

Por otra parte, el Gobierno suizo ha decidido recomendar al Parlamento el cierre de las actuales centrales nucleares cuando cumplan los 50 años de servicio y cancelar los planes de construcción de nuevas unidades.

Italia, a través de un referéndum celebrado los pasados 12 y 13 de junio, ha rechazado el intento de ‘renuclearización’ perseguido por el Gobierno. El programa propuesto por Berlusconi incluía las construcciones de varias centrales nucleares, como solución a los problemas planteados a la escasez de recursos energéticos del país.

Los planes para construir nuevas centrales nucleares en China, establecidas en el duodécimo Plan Quinquenal han sido suspendidos mientras se estudia un plan de seguridad nuclear, que se espera para este verano.

Todo esto sucede en un momento en que la Humanidad necesita, de día en día, más energía. Y no parece que esto pueda conseguirse sin la energía nuclear. Además, las energías llamadas fósiles, antes o después, están llamadas a terminar. Y las energías renovables no parecen cubrir al menos de momento, las necesidades energéticas de nuestro mundo.

Durante los últimos años, Gobiernos e instituciones privadas han decidido financiar una notable variedad de propuestas, más o menos arriesgadas, en unas cuantas áreas claves. Así, por ejemplo, teniendo en cuenta que el Sol baña la Tierra con más energía que la que gasta la civilización en un año, si resultase posible convertir una fracción de ese excedente en combustible líquido, acabaría nuestra adicción a los combustibles fósiles para el transporte. En esta línea funciona un proyecto de los Laboratorios Nacionales Sandia, que emplea un espejo de seis metros de ancho en el desierto de Nuevo México. También en este sentido trabaja la Escuela Politécnica Federal de Zurich.

Otra posibilidad en la que se trabaja consiste en conseguir una combustión del carbón sin residuos. Pero, de momento, resulta una técnica muy poco atractiva. No obstante, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada y Energía de Estados Unidos ha decidido financiar una serie de trabajos de investigación en este campo, que puede definirse como la obtención de un carbón más limpio, a base de una sal que absorba el dióxido de carbono.

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