Onda renovadora

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Se me vienen a la mente muchos dilemas respecto a la naturaleza, alcance y consecuencias de los acontecimientos políticos actuales, suscitados a partir del sacrificio de Mohammed Bouazizi, en Túnez. Lo que pareció un fenómeno del mundo árabe u otomano, parece extenderse, prometedoramente, mientras intento resolver mis dudas. Se me vienen a la mente muchos dilemas respecto a la naturaleza, alcance y consecuencias de los acontecimientos políticos actuales, suscitados a partir del sacrificio de Mohammed Bouazizi, en Túnez. Lo que pareció un fenómeno del mundo árabe u otomano, parece extenderse, prometedoramente, mientras intento resolver mis dudas.

La pregunta básica, por útil a algunas discusiones que sostengo, es si los determinantes son económicos o políticos. Pero igual me pregunto si responden todos a un único causal o a un conjunto complejo de ellos. Intento identificar los agentes presentes o influyentes y si hay constantes al respecto. O descubrir la lógica o intención -“mano blanca” o “mano negra”- que los inspira.

Ante la falta de seguridad en las respuestas, me consuelo diciéndome que hoy sólo estoy para hacerme preguntas, tal como si estuviera en la línea de preparar un programa de investigación sobre el proceso. Que no es el caso. Pero, igual impulsa a responder las inquietudes.

Con base en las referencias de Dracón, el origen de la democracia, en Atenas, unos siete siglos antes de Jesucristo, se dio por la intención de limitar las arbitrariedades de los poderosos. Un propósito social y político, no económico. En los casos más emblemáticos de los observados en la onda actual, parece también ser la política el disparador de los procesos. Aunque los obsesos de siempre anden viendo petróleo o mercados tras el proceso. No lo sé.

No caigo en el facilismo de remitirme a Huntington y hablar de una cuarta ola democratizadora. No veo la lucha de civilizaciones o la neta tendencia democratizadora en varios casos. Esta última, que no la ha habido en Irak o Afganistán, a pesar de los esfuerzos, la veo también mediatizada en Egipto. La veo, sí, en razón de la violencia de Estado, en el caso extremo libio, en su expresión más ortodoxamente huntingtoniana, por el uso de la fuerza militar externa, de Occidente- pero no parece terminar de imponerse –la democracia- y dudo que llegue en mucho tiempo. Observo que ya, muchos, despachan el asunto por la vía convencional del conservador autor americano. Es una referencia, sobre la cual cavilo y sigo analizando.

Igual, sucede que en el mismo momento que ocurren cosas en el mundo árabe del norte de África y el Medio Oriente, también lo hacen en el África subsahariana, Asia Media, Birmania, China y, en son de profecía, pasarán en toda América Latina, de acuerdo al Nobel Mario Vargas Llosa. Las preguntas son inevitables sobre un eventual causal común universal o la existencia de factores muy diversos.

En todos los casos veo jóvenes y estudiantes actuando en las redes telemáticas y sectores golpeados por las políticas públicas; junto a militares institucionales o con espíritu de cuerpo, actuando como fieles de la balanza, pero, no en todos los casos, y me pregunto si –a despecho de sus críticos- influye en el mundo el nuevo concepto de seguridad de Obama, en la línea de Michael McFaul, basado en el privilegio a las democracias y el abandono –en cuanto posible- de la Realpolitik. O si, en otra dimensión ética, es la “mano negra” del armamentismo, en rol de salvador de una crisis económica importante del capitalismo de ambos lados del Atlántico. Preguntas, sólo preguntas.

Lo cierto es que, como he dicho repetidamente, estamos en un momento importante de la historia de la política, con independencia de si nos la explicamos o no. Su localización fuera de los centros mundiales –Washington, París, Berlín o Moscú- no lo hace menos trascendente. Que sólo llegue a cambios de agentes, sin que signifique una transición y una consolidación democráticas, es una hipótesis posible, pero no permanente.

Hasta ahora, entonces, me muestro renuente a hablar de ola democratizadora. La propugno, claro, pero me mantengo en el escepticismo. Hay mucho fariseísmo en el mundo actual. Hay oscurantismo dónde menos se imagina. Por prudencia al referirme a lo que sucede, hablaré de onda renovadora. Ni sobrevive el oscurantismo conocido, ni necesariamente prospera la democracia, como querríamos. Como diría un recordado presidente venezolano: ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.

* Santiago José Guevara García, (Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1, en Twitter

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