Nuestro modelo de proyecto político

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Lo decimos en sentido restringido. También disponemos del modelo amplio. Pero, a los fines de lo que hacemos, nos interesa el primero. La iniciativa de dotar al país de una agenda de propósitos y contenidos que expresen el perfil deseado de las acciones de Estado y de gobierno orienta los trabajos que avanzamos en nuestro Proyecto de País y en el “Proyecto Bicentenario”. Una mínima sistematización y explicación del modelo asumido es necesaria a todos. Lo decimos en sentido restringido. También disponemos del modelo amplio. Pero, a los fines de lo que hacemos, nos interesa el primero. La iniciativa de dotar al país de una agenda de propósitos y contenidos que expresen el perfil deseado de las acciones de Estado y de gobierno orienta los trabajos que avanzamos en nuestro Proyecto de País y en el “Proyecto Bicentenario”. Una mínima sistematización y explicación del modelo asumido es necesaria a todos.

La formulación se basa en tres componentes. Manejados como variables, claro. Con múltiples combinaciones entre ellos; evidentemente, limitadas por el más escaso. Pero que permiten un resultado de síntesis. En ese momento del resultado, podemos llegar a decir que se dispone de mucho, poco o medio avance en el camino hacia un Proyecto Político. La fase actual del “Proyecto Bicentenario” conduce precisamente a eso. A precisar lo que hay, no lo que debería haber.

El primer componente es el logro de consensos durables; es decir, acuerdos entre sectores, sostenibles en el largo plazo. Lo del plazo, lo cual muchos declaran no saber manejar, es sólo cuestión de proponerlo de manera explícita. Resulta posible. Lo hemos hecho muchas veces. Definiciones para el corto plazo no interesan. Es más, actúan como limitantes del tipo necesario de acuerdos. La inmediatez mata la sostenibilidad. Para decirlo un tanto en chiste, la suma de cortos plazos no produce largo plazo.

El segundo es el modelo ideal de país, o un proxi. Generalmente se presenta en clave de visión compartida. Debe ser, o acercarse, al conjunto de temas que resuelven la completa problemática nacional; pero en caso contrario, de un resultado parcial, resulta posible mejorarlo progresivamente. Eso, porque es frecuente que el énfasis esté sólo en lo que más se valora: lo económico, lo político, etc.; pero, a nuestro favor, sucede que todos los aspectos están interrelacionados. Por lo cual, a partir de uno de los temas, se puede completar la tarea.

El tercero es el tipo o tipos de compromisos formales. Hemos desplegado, y mencionamos insistentemente, un conjunto explícito de ellos, de modo de facilitar las opciones. El tipo o combinación de ellos asienta lo logrado respecto a los dos primeros. Su conversión a normas firmes es posible, pero no necesario. Puede implicar procesos progresivos o de shock. Son el cierre de todo lo anterior. Nuestro “Proyecto Nacional de Paz y Progreso” menciona varios de esos modos, desarrolla procesos de interés a sus definiciones, pero, podría resolverse también con un único mecanismo de formalización.

Disponible el conocimiento de los componentes, veamos ahora el conjunto. El modelo para la disponibilidad de Proyectos Políticos, en tanto propósitos y contenidos –insistimos en que hay otra definición, amplia- se basa en: 1) el logro de consensos durables, 2) sobre un conjunto de temas de la visión compartida de país, 3) expresable en un compromiso o conjunto de compromisos formales. A eso es que apuntamos.

El factor limitativo del avance es el volumen de consensos durables. Se llega, en la disponibilidad de un Proyecto, hasta dónde lleguen los acuerdos logrados. Lo cual no significa que no se disponga de un conjunto más amplio de temas susceptibles de ellos: tantos como el análisis de los participantes lo permita. Los consensos siempre serán un conjunto menor al de los temas posibles. Disponer de éstos es parte del trabajo. Por su parte, el tercer tema exige su manejo pedagógico. La cultura venezolana no se siente muy cómoda frente a los compromisos formales. Por decirlo exageradamente, para un venezolano un contrato es algo que se firma para ver cómo se burla, no como se cumple.

Vaya este artículo, entonces, como instrumento ilustrativo de nuestra aproximación. Sirva como orientación al intento de armonizar iniciativas de muy distintos orígenes y métodos. Demostremos que podemos lograr un primer consenso.

* Santiago José Guevara García. (Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1, en Twitter

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