Nacional

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Venezuela requiere dotarse de un pensamiento nacional integral. Si se revisa las agendas del régimen y la dirección opositora –la llamada MUD- se notará la injustificable ausencia de los más importantes problemas sufridos por los venezolanos. Situación explosiva, como expondremos.

Tómese el ejemplo del actual drama en la política cambiaria y su impacto sobre un país que, por obra y gracias de la debilidad institucional y las malas políticas, depende casi exclusivamente de importaciones y sufre, desde meses, por las mismas razones, un crítico problema de desabastecimiento. En un país que produce 300 o más millones diarios de dólares de ingresos externos. Y hay muchas más situaciones inciertas, en el nivel de lo desesperante.

Hace unos días un curso de agua urbano del este de Caracas, embaulado, desbordó su ducto, horadó la tierra y provocó el hundimiento de varios puntos de la superficie y la consiguiente perturbación de la normalidad citadina. Nadie lo preveía. Nadie lo evitó. Así podría pasar con la política nacional: todos contentos en la superficie, pendientes de sus agendas, mientras en las entrañas de la sociedad se incuba un reventón por la insufrible crisis nacional –no olviden los detalles del reciente apagón nacional- y la debilidad de la trama de la vida nacional. Ni el gobierno y su partido, ni la oposición partidista, atienden los problemas que horadan el bienestar y la estabilidad de los venezolanos.

El régimen no resuelve, pero avanza su proyecto destructivo y de entrega nacional, junto con la amenaza de mayor radicalismo. La oposición partidista expresada en la MUD se solaza en las elecciones municipales y rechaza toda propuesta de una agenda amplia. Ninguno de los dos tiene una propuesta integral acerca de la volatilidad cambiaria, el desabastecimiento, la crisis de los servicios públicos, la inseguridad, el desastre de los controles gubernamentales, la inexistencia de justicia, la sumisión a Cuba, China y Rusia, etc. Nadie mira al fondo de límites institucionales en todos ellos, por ejemplo.

Nadie repara en el diagnóstico forzoso: el país se fracturó y con ello pulverizó las instituciones obligadas a la consideración nacional de la agenda de gobierno. El régimen sigue su “Camino a Cuba”, pero eso ya ni siquiera es un proyecto compartido por todos sus partidarios: es solo el designio de los procónsules cubanos. No hay, entonces, ni siquiera una política externa del régimen, sino del grupo alrededor de Maduro. La MUD se niega, con incluso juego sucio, a la consideración de la posibilidad de una reconstitución institucional. Su oposición a incluir en agenda el tema constituyente, por ejemplo, es una señal de lo superficial de su manejo.

La Quebrada Pajaritos –así se llama el indómito curso de agua desbordado- no avisó su turbulencia. Tampoco lo hicieron las redes de transmisión que colapsaron al país hace una semana. La crisis sistémica incubada en el país tampoco tiene por qué avisar. Y no hay el escenario de respuesta frente a ella. El régimen recurrirá a la represión y a una mayor radicalización. La MUD no tiene nada en su repertorio electoralista, opuesto a toda discusión en profundidad.

Y regresamos al principio: no hay un pensamiento nacional integral. Que exprese las urgencias y prioridades de todos y que concrete una agenda nacional de preservación frente a los múltiples factores de riesgo presentes. La fractura nacional debe dar paso a un acuerdo interino, la descomposición institucional debe abordarse con una agenda mínima de recomposición y una reinstitucionalización general debe ser asumida en un segundo momento.

Eso lo debe asumir un bloque de salvación. Sectores nacionalistas del régimen, Fuerza Armada, sociedad civil, instituciones no gubernamentales (Iglesias, universidades, academias, etc.), estudiantado universitario, juventud; etc., deben plantar el reclamo y movilizar las voluntades. Se trata, ni más ni menos, de un proceso constituyente –dije proceso-, como medio transicional, dirigido –en Venezuela hay que decirlo así, aunque redundante- a una reinstitucionalización del país.

“El cáncer severo no se quita con pintura de labios. La desinstitucionalización del país y sus consecuencias sobre el bienestar general no se curan con una elección municipal”. Eso decíamos el fin de semana, en discurso dirigido a la MUD. “Ayuda, es cierto. Pero hay que reforzarla con el establecimiento de nuevas reglas nacionales. O se nos termina de ir el país”. Con eso reforzábamos nuestro planteamiento.

El camino de la represión y mayor radicalismo tampoco resuelve. Decíamos que “la gran agenda política nacional debe ser redefinida. Posiblemente interese más al régimen que a la oposición. Tiene más que perder. De no atenderlos, el mero efecto inercial lo forzaría, al final, a la solución represiva –la represión es un medio de gobernabilidad-, lo cual ahondaría más aún la situación global nacional”.

Así está Venezuela hoy. Está llena de ruidos. Los problemas avanzan. Su juntan y se entremezclan. Explotan cada vez con mayor frecuencia. El día del apagón vimos a una sociedad anulada. ¿Vamos a seguir jugando a la ruleta rusa o nos decidimos a asumir el diagnóstico y sus exigencias?

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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