Movilización

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Recurso leninista –expresado en términos de agitación- para el qué hacer frente a totalitarismos. Sirvió, exitosamente, en la lucha contra el zarismo; sirve a la lucha contra el neototalitarismo, en nuestro caso. Recurso leninista –expresado en términos de agitación- para el qué hacer frente a totalitarismos. Sirvió, exitosamente, en la lucha contra el zarismo; sirve a la lucha contra el neototalitarismo, en nuestro caso. Para muchos, entendido en el sentido limitado de gente en movimiento: o sea, manifestaciones de calle; pero, en realidad, mucho más que eso.

Para nosotros, es un recurso político amplio, con expresiones diversas. Según algunos, relativo al “pueblo”; en nuestro criterio, expresión elevada de crecimiento ciudadano y republicano. Sobre la movilización política para la transición a la democracia hemos preparado una presentación gráfica sistematizadora y motivadora. Para referirnos a ella, este artículo al servicio de las luchas venezolanas –y universales- por la democracia.

Para responder a la pregunta sobre el modo político necesario frente a un neototalitarismo, con el propósito de impulsar una auténtica e integral transición a la democracia –no un simple cambio de gobierno-, respondemos con la proposición de abordar técnicamente el exigente asunto del diseño y manejo de una estrategia para el tipo específico de situación política enfrentada.

Se dice fácil; pero, no es de solución tan sencilla. La condición o exigencia básica es la de asumir con éxito la transición, en todos sus esferas, fases y componentes. En la Venezuela de hoy, lo decíamos en nuestro artículo anterior, “la transición a la democracia se concreta solo en la iniciativa constituyente”. Eso, así de estricto, sin embargo, facilita las cosas.

En adición, también hay que considerar que existen unos requisitos técnicos para el diseño. Debe haber una lógica de construcción estratégica; es decir, un buen diagnóstico específico, un fin estratégico inteligente y unas líneas de acción asertivas; pero, también, unos criterios de éxito para el empeño, unos parámetros de diseño, unos atributos presentes en cada acción, etc.

Veamos: una transición a la democracia tiene fases; cada una de ellas requerida de acciones en todas las esferas de la acción social; con independencia del hecho de cada fase tiene una esfera dominante. Por ejemplo: el logro de la unidad nacional –entiéndase prácticamente como un acuerdo de liderazgos- requiere acciones en el plano de la opinión, la organización, la prospectiva, la estrategia, la fuerza económica, etc., pero es, en lo fundamental, un hecho de la esfera de la organización.

Algo equivalente, mutatis mutandis, puede decirse de cada fase y componente de la estrategia. Para el trabajo proponemos un esquema facilitador que hemos usado en tareas políticas previas.

Se trata de un sencillo esquema de manejo estratégico y operacional que requiere la definición de un objetivo final y un objetivo intermedio y reconoce cinco áreas de acción interrelacionadas en un modelo de manejo del conflicto político; para cada una de las cuales debe identificarse de manera muy precisa y sencilla, la situación del momento de la formulación, el objetivo plausible para el lapso manejado y el conjunto concatenado de acciones que permiten pasar de la situación del momento a la situación objetivo.

Debemos convencernos de que la acción política no es unidimensional. La cantinela de tomar la calle no basta. Ni siquiera en la visión épica de las grandes manifestaciones levantiscas. A ellas se llega, claro, pero en un proceso acumulativo de ganancias en la contención diaria de los desmanes gubernamentales y de sus grupos afectos; en la lucha social y cultural (opinión); en los avances unitarios y de difusión de las ideas transicionales y del futuro ejercicio democrático; en el manejo de contenidos, como un Proyecto de País, un Plan para la Transición Democrática; etc.

Es una lucha con incentivos y contenidos para el futuro a varios plazos y una acción continua en el presente. Permite posibilidades de lucha a todos: desde el tuitero hasta el movilizador para las protestas laborales, ciudadanas o claramente rebeldes; pasando por los abogados que recusan la mala actuación institucional, los voceros ante la Fuerza Armada Nacional respecto al problema de la violencia institucional, etc.

La lucha, incluye, en definitiva, a todos los ciudadanos. No es solo tema de políticos profesionales. Es la sociedad en movimiento. Es el ejercicio ciudadano necesario ante totalitarismos. Es un derecho humano.

Parece complejo, pero es, en verdad, un gran recurso simple. Es solo exigirse ordenar los campos de actuación necesarios y el conjunto amplio de acciones a cumplir en cada uno.

Visto el esquema de manera amplia, finalmente, hablamos de recursos legales ante instituciones, la acción en medios y redes, la protesta levantisca, el uso racional del paro, las acciones ante segmentos foráneos favorables o partidarios y el manejo preventivo del tema de la violencia institucional. Como ven, es mucho más que calle.

Es movilización ciudadana amplia. Es política específica ante totalitarismos. Es mucho más que el asexuado electoralismo. Es política para cambiar.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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