Momento

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«Estamos frente a un momento transicional, no en un momento transicional», es la frase de mi entrevista en El Universal, de Caracas, el lunes, por la cual ese día recibí una temprana llamada de “Toto” Diez, empresario e intelectual caraqueño, partidario de una solución constituyente a la riesgosa crisis venezolana actual. «Estamos frente a un momento transicional, no en un momento transicional», es la frase de mi entrevista en El Universal, de Caracas, el lunes, por la cual ese día recibí una temprana llamada de “Toto” Diez, empresario e intelectual caraqueño, partidario de una solución constituyente a la riesgosa crisis venezolana actual.

He usado la expresión Momento Transicional en varios de mis últimos artículos y en la entrevista. Sin embargo, debo precisar que no es un concepto establecido. Me toca hoy desarrollarlo y establecerlo.

Mucho más en la Venezuela banal, que asume sin rubor cualquier tema, por exigente que sea, con base en la intuición o, si acaso, el diccionario. Sin reconocimiento del conocimiento experto, la literatura relacionada, ni el “estado del arte” al respecto.

Eso pasa con la amplia temática relacionada con la transición a la democracia. Es el contexto en el cual hay que situar hoy el concepto en lo que refiere a Venezuela. Sin la confusión que la complica: no todo cambio político es una transición; por lo cual no toda situación llega a transicional. Lo que define un Momento Transicional no es -mucho menos ahora- asunto para diletantes o inadvertidos.

Dicho de manera sencilla, el concepto no debe referir otra cosa que la presencia de un conjunto de condiciones sociales, políticas y otras, que prefiguran una POSIBILIDAD de cambio de estado político: de la democracia al totalitarismo o lo contrario.

No está, entonces, referido a un simple cambio de gobierno, o al lapso de enlace entre dos (como lo ha planteado el ex candidato opositor, Henrique Capriles R.), menos a la introducción de cualquier clase de cambios en un gobierno que mantiene el mismo régimen.

Visto con un poco más de exigencia, un Momento Transicional es un tiempo de posibilidad de ruptura de la continuidad; de la sintaxis política establecida, diríamos, con afectación. O la confluencia, en un tiempo de quiebre histórico, de la inercia de un tipo de pasado con las anticipaciones de un tipo distinto en el futuro.

Una dificultad frente al fenómeno: es como una partitura, que contiene una posibilidad de disfrute, pero que solo sabiendo leerla, puede apreciarse. ¡Ah!, y una confusión frecuente frente a él: no es acto de automatismos, sino de voluntad: si se identifica, proclama, asume y gestiona, puede materializar las anticipaciones; si no, será -meandros mediante- el triunfo de la inercia.

Los momentos transicionales se identifican por un conjunto específico de signos y síntomas: en las instituciones y la política, pero también en la economía y la cultura. Cansancio o anulación de las instituciones, polarización o conflicto político, pérdida de productividad global del sistema económico, manifestaciones simbólicas de reconocimiento de las turbulencias nacionales: por el teatro, el humor, el periodismo, el mundo de las artes, etc.

Pero, insistimos, o se proclama y se asume el momento, o solo es un quizás de suerte incierta. La asunción, o la presencia, también tienen sus signos y síntomas: la compulsión a un nuevo esquema de unidad nacional (no solo unidad partidista) o una promesa de bloque hegemónico, la disposición o presencia de luchas políticas sostenidas por la democracia (no el simple electoralismo de los nuevos tiempos), la presencia de propuestas e iniciativas para el cambio institucional, etc.

De todo ello hay en la Venezuela actual. Lo promisorio es que las señales del avance de un Momento Transicional no vienen solo de la política. Las sociedades son un todo social, cultural, económico, institucional y político, q se sintetiza en situaciones históricas concretas. En la Venezuela de hoy comienzan a moverse opiniones y acciones que resaltan dos cosas: lo profundo e integral de la crisis política e institucional y la necesidad d una radicalización democrática en la línea de una reinstitucionalización.

Las impulsamos nosotros, pero también las dicen, en sus propias claves, Rock & MAU, una reciente performance musical (la sociedad está enferma y hay que curarla), el humorístico Chigüire Bipolar (Venezuela cayó en un hueco y se le rompieron los amortiguadores), la Academia de Ciencias Políticas (en Venezuela no está garantizado el Pacto Social básico), las universidades (AVERU propicia el Proyecto Bicentenario, sobre temas de interés a un modelo de país distinto), diversos analistas políticos y sociales, etc.

El Momento Transicional o las transiciones a la democracia motivan una eclosión cultural. Lo mostró la transición a la democracia española, por ejemplo: en la novelística o las bellas artes (en este momento hay una exposición de viñetas en la Biblioteca Nacional, en Madrid, sobre «La Transición en Tinta China»), ensayos, etc.

O, en el plano del derecho y la justicia, con la llamada Justicia Transicional, en boga en Colombia. Igual en la Economía, en la línea de la Economía Política de las Transiciones a la Democracia, Economía Transicional o Economía de las Transiciones del Comunismo al Mercado.

Todo eso, con sus limitaciones, y muy incipientemente, comienza a pasar en Venezuela. Solo falta tener la intuición y los lentes apropiados para verlo. Y la convicción y el conocimiento para impulsarlo.

*Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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