Iniciativas políticas necesarias

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Directo al grano: la política democrática venezolana actual necesita emular ya y superar las realizaciones sustantivas de los inicios de la era republicana de los ’50 y ’60 del siglo pasado: un Pacto de Gobernabilidad; un Proyecto Nacional, basado en una Visión de País; un Plan para la Transición Democrática Postchavista y un Programa de Acción para los primeros lapsos de gobierno son necesarios. Para ello, y en homenaje, sin limitarnos a él, puede servir el recuerdo de un hito importante. Directo al grano: la política democrática venezolana actual necesita emular ya y superar las realizaciones sustantivas de los inicios de la era republicana de los ’50 y ’60 del siglo pasado: un Pacto de Gobernabilidad; un Proyecto Nacional, basado en una Visión de País; un Plan para la Transición Democrática Postchavista y un Programa de Acción para los primeros lapsos de gobierno son necesarios. Para ello, y en homenaje, sin limitarnos a él, puede servir el recuerdo de un hito importante.

Pocos lo recuerdan. Son mínimas sus referencias en Internet. Sólo una fotografía la alude en una tesis de grado. La “Conferencia de Exilados”, pospuesta por varios años, fue convocada por Rómulo Betancourt y realizada en Puerto Rico del 26 de enero al 8 de febrero de 1957. Catorce días de presentaciones y discusiones.

Evidentemente antidictatorial, su resultado fue la aprobación de la “Ratificación de Principios Teóricos y de Orientación Programática Normativos de Acción Democrática”, que sirvió de base a “La Nueva Táctica”, diseño asociado a la caída de la anterior dictadura. Lo teórico, lo programático y lo táctico estaban en el centro de interés de la política democrática de entonces.

Eso, en un partido cuya principal actividad había sido, hasta entonces, la lucha insurreccional contra una tiranía. No sólo por aquello del valor del discurso, sino porque el análisis del momento –después sabríamos que sólo le quedaba un año de vida al régimen- le imponía ocuparse de los temas de gobierno.

Las circunstancias nacionales, tales como las observadas desde 1956, eran muy similares a las actuales: “Con respecto a la situación en Venezuela, el régimen se enfrentaba a una crisis económica, descontento popular, abierta oposición de la Iglesia, protestas estudiantiles,”… Así se reseña el inicio del ‘57 en la “Antología Política” de Rómulo Betancourt, volumen sexto (1953-1958), publicado por la fundación que lleva su nombre. En la misma reseña que introduce el año (página 577) se menciona que “El promisor año 1956 había concluido con muchas realizaciones en el contexto internacional”. Similar a lo que acontece ahora, sobre todo gracias a las gestiones de Diego Arria ante instancias foráneas.

Vista hoy y conocidos los sucesos posteriores, la “Conferencia” sirvió para organizar, disponer y madurar un bloque opositor, un manifiesto conjunto, hacer demostraciones públicas de unidad, eliminar toda crítica a los otros partidos, “una demostración tangible de buena intención frentista”, evitar la discordia interpartidista y otros cometidos plausibles.

Betancourt venía de publicar en 1956, su obra principal, “Venezuela, Política y Petróleo”. Eso, junto con varias de las ponencias y aportes de muchos en los dos años siguientes, fue, sin duda para mí, dando forma a un producto nunca prolijamente acabado, pero que permitió, como agregado del “Pacto de Puntofijo”, la disponibilidad de un conjunto de ideas y propuestas para el desarrollo del país. Me refiero al llamado “Programa Mínimo Común”.

Iniciativas como la Conferencia, el “Programa Mínimo” y “Puntofijo” son, entonces, también necesarias ahora. El Pacto que consolidó la mejor experiencia de consenso en la vida republicana nacional tenía sus antecedentes en reuniones previas a enero del ’58. El Programa fue elaborado ese año y suscrito un día antes de las elecciones.

Hoy interesa anticiparse. Aunque útiles directamente en la transición democrática postchavista, lo son también en la transición a la democracia que arrancó el 26S.

En su discurso del 12 de enero de 1957 en el Carnigie International Center de Nueva York, Rómulo habla de “la transición de un régimen de fuerza a otro democrático”. Ese es el concepto estratégico que nos hace falta ahora. Esta vez, plenamente dotados de capacidades y contenidos para la tarea por venir.

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