Habilitante

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La Venezuela de estos días está atenazada entre dos crisis: una, de bienestar –servicios, desabastecimiento, etc.-; otra, de creciente convencimiento de que “aquí pasará algo” en lo político e institucional. Días de protestas, rumores y paralización de “casi todo”. La Venezuela de estos días está atenazada entre dos crisis: una, de bienestar –servicios, desabastecimiento, etc.-; otra, de creciente convencimiento de que “aquí pasará algo” en lo político e institucional. Días de protestas, rumores y paralización de “casi todo”.

En ese contexto extremo, el régimen de vocación y prácticas totalitarias de Maduro solicita a la Asamblea Nacional una Ley Habilitante. O sea, licencia para prescindir de ella y burlarse el “imperio de la Ley”.

Pero, lo mejor de todo es que su consocio en el sistema, la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD), alianza de los partidos “alternativos”, como les gusta llamarse, responde proponiendo que la solicitud sea votada en un referendo.

Es decir, que los venezolanos se sometan al sistema electoral cuestionado por la misma Mesa, pero aceptado en una y cien elecciones, para decidir si aceptan o no las varias vueltas de tornillo adicionales en la desaparición del desempeño democrático del régimen.

Innovador no deja de ser. Ya hemos visto a los neototalitarismos usar ampliamente las elecciones como modo de convalidación de sus prácticas; pero que también lo hagan los voceros que se presentan como democráticos, sí que es una novedad.

Porque, se den cuenta o no, lo que están sometiendo a votación democrática es si la decisión de volarse la separación de poderes y el imperio de la Ley –dos valores democráticos medulares- es un objeto susceptible de solución en una elección popular; por lo demás, en un sistema electoral de condiciones fraudulentas.

Es algo así como optar por decidir cambiar el ADN democrático. Más o menos como decidir desaparecer a Montesquieu de la historia de la democracia. Para algo, no es cualquier cosa, hoy somos el centro del más puro realismo mágico en política.

¡Que Macondo, ni que García Márquez! Para eso tenemos a una oposición venezolana que no le gusta llamarse oposición y que frente a una arremetida totalitaria de un régimen que se niega a calificar de totalitario, responde con la propuesta de votar si se acepta.

Cuando lo que procede es, en el preciso contexto delineado en el primer párrafo, una frontal manifestación de oposición a toda nueva merma democrática en el desempeño institucional venezolano.

Intento de merma, por lo demás, revestido de manipulaciones, intentos de evasión de responsabilidades, inicio de una caza de brujas, mentiras y bufonerías como para regalar. El largo, pesado, culturoso, manipulado e innecesario discurso de Maduro en la Asamblea Nacional, lo que presagia es la transferencia y exculpación de responsabilidades del régimen en la dramática crisis económica y en la archidenunciada conducta delictiva en la conducción de la cosa pública venezolana.

De la MUD –hay que ser firmes en esto, al costo de la incomprensión de muchos- lo que se espera es: 1°) una posición sustantiva sobre la pretensión oficialista y 2°) la evitación de distractores en el delicado momento de la agenda nacional. La gravedad de la crisis de bienestar y la epifánica convicción en una crisis de gobernabilidad, no aconsejan actuaciones evasivas, dilatorias, convalidadoras, etc.

El régimen boquea y, en sana lógica, busca oxígeno. Pero, si junto con eso, adquiere mayor músculo, mejor aún. El “librito” dice que en una situación como la que enfrenta, la negación al diálogo entre pares con las fuerzas distintas (el régimen no sabe qué es eso), define que su mejor opción es la huida hacia adelante en la vía represiva, intimidatoria, de violencia institucional y parainstitucional; en fin, de mayor radicalización.

Eso lo ha dicho abiertamente el régimen, repetidas veces, y eso es lo que está haciendo. Es su “negocio”, como dicen los norteamericanos. Es un importante tema de la agenda política nacional. Y frente a las agendas urgentes, se decide, no se responde con posiciones dilatorias o artilugios evasivos, que terminan siendo hechos de complicidad. La situación del país no admite ambigüedades.

Lo decíamos frente a la situación comentada, hace poco en las redes: si para Maduro y el régimen, el tema principal es su trampa habilitante y para la MUD, las elecciones municipales, este país no tiene quien se ocupe de él.

Insisto en la idea que he venido machacando por semanas: el país está altamente problematizado y requiere atención a esa agenda. Otra cosa es secundaria. A los distractores y dilaciones, respuestas contundentes o delegación de responsabilidades.

Ni con la Habilitante, ni con las elecciones municipales se resuelve lo central. La agenda nacional exige respuestas sustantivas.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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