Gestionar el largo plazo (II)

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La importancia de una visión de país. Decíamos en el artículo anterior que “el futuro no es asunto de incrementalismos, sino de opciones”. A él no se llega por inercia, sino que se decide voluntariamente. O habría que resignarse a cualquier destino. El futuro no es más del presente. La importancia de una visión de país. Decíamos en el artículo anterior que “el futuro no es asunto de incrementalismos, sino de opciones”. A él no se llega por inercia, sino que se decide voluntariamente. O habría que resignarse a cualquier destino. El futuro no es más del presente. Es la oportunidad de un tiempo cualitativamente mejor.

Igual decíamos que “El futuro es el ámbito de la esperanza, que se expresa en una visión”. Formalmente, en el Ciclo Integral de la Gestión, al futuro se llega a través de la reflexión y construcción prospectiva y la decisión estratégica. De los escenarios definidos, se opta por el preferido, que se convierte en nuestra visión.

Sucede que “La visión orienta, direcciona, informa, estimula, permite la evaluación de las acciones; pero sólo es un punto del proceso de construcción de futuros”. Es el blanco, la diana, la meta. Para cuyo logro debemos actuar desde ahora.

La política unitaria nacional postula que “la razón de ser de la Unidad es la esperanza de un futuro mejor. En el Gobierno de la Unidad Nacional la gran aspiración es construir con todos un futuro para todos”. En lo económico, destaca la mención del petróleo como “palanca para el bienestar y el progreso”.

¿Cuál es la visión plausible para la sociedad venezolana? En nuestro libro del 2010 dedicamos un capítulo a una visión de país. Su gráfico final refiere un Proyecto Nacional de Paz y Progreso que incluye como visión –en diseño ‘bottom-up’- al país como centro regional de servicios y negocios, la posibilidad del desarrollo humano para todos y un país próspero, justo, estable y en paz.

Su lógica –apoyada en la creación de incentivos- es la posesión de la fortaleza económica derivada de actividades de alto valor agregado, algunas de ellas sugeridas en el capítulo, para un proceso permanente de empoderamiento y procura de capital humano de su población, como pivotes centrales de su progreso sostenido.

En el texto introductorio del capítulo postulamos: “Seguir exprimiendo al petróleo como único sustento nacional dice muy mal de nuestras capacidades. Basarnos en un producto natural que no exige creación se llama rentismo. No pone en juego nuestras capacidades innovadoras y productivas. Vivir de la renta –que es como vivir de la madre- debe dar paso a la liberación creadora y el esfuerzo productivo de los venezolanos. Para vivir de nuestras capacidades. Esa debe ser la próxima revolución”.

Estamos convencidos de que el centro de nuestros afanes estratégicos nacionales debe girar en torno al gran propósito de utilizar la fortaleza económica nacional, para dotarnos de un capital humano adecuado a las condiciones de la economía y la sociedad actuales.

Lo expuesto no significa menospreciar la condición petrolera. Sería una estupidez. Como también lo ha sido malgastarla en los casi cien años de su explotación. El peliagudo asunto del dilema entre economía petrolera y economía productiva y competitiva lo veo en el plano de los incentivos al éxito nacional.

Hay un reto complejo, con un importante componente microeconómico en el asunto, que debe ser reconocido y recogido por decisores y expertos relacionados. Lo dicho hasta ahora, en muchos años no resuelve el asunto. No es con redes clientelares, exenciones, subsidios y otras licencias a grupos de intereses especiales como debe ser manejado el asunto.

En nuestras elaboraciones, en esta misma columna, sobre la llamada Economía Mixta, hemos sugerido algunas líneas de acción de la gestión estatal, económica y otras, que representan un nuevo modo de abordar el tan esquivo reto. Algunas funciones y prácticas estatales y gubernamentales deben ser abandonadas, así como otras, asumidas.

El reto que plantea nuestra visión (discutida en diversos foros, desde el 2002) no es convencional. Por lo demás, cambia el foco de dónde siempre ha estado y se sigue proponiendo en el país. Enfatizar los sectores secundario y terciario, sobre todo, sus actividades superiores; exigirles un alto valor agregado; proyectarlos a la competitividad internacional y las exportaciones; y hacerlo por la vía de un capital humano de primera línea mundial, no es de los planteamientos corrientes en la política pública nacional.

La oportunidad del triunfo de la política democrática frente al proceso de atraso y entrega presente debe ser la oportunidad para plantear el reto de diseñar el escenario que queremos para una Venezuela de éxito. No como ritual o compromiso, sino como acción crucial para cambiar.

Venezuela no admite más dilaciones. Lo único admisible es triunfar. La claridad de miras es básica. Nuestra visión debe contener un reto que valga la pena. Si hay un camino debería serlo a la sostenibilidad de la plenamente satisfactoria realización nacional.

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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