Espíritu libre a la calle

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No refiero una más de las ya diarias, múltiples y variadas protestas de calle de los venezolanos de este tiempo. El chavismo y sus cómplices de toda laya enfrentan una ola de reclamos sociales que no amaina con las fantasiosas y deshonestas medidas de política económica recién anunciadas, las carantoñas al sector privado y la edulcoración de la conducta del gran histrión de cara a otro capítulo de la gran farsa de legitimación comicial montada para mostrarse ante terceros. No refiero una más de las ya diarias, múltiples y variadas protestas de calle de los venezolanos de este tiempo. El chavismo y sus cómplices de toda laya enfrentan una ola de reclamos sociales que no amaina con las fantasiosas y deshonestas medidas de política económica recién anunciadas, las carantoñas al sector privado y la edulcoración de la conducta del gran histrión de cara a otro capítulo de la gran farsa de legitimación comicial montada para mostrarse ante terceros.

No. Me refiero al lanzamiento, con una iniciativa de trabajo social y político de naturaleza formativa, de la Asociación Civil “Espíritu Libre”, a la cual me han invitado consecuentes luchadores sociales carabobeños, entre los cuales quiero mencionar a Élida Hurtado, Julián Armas y Javier Castro, del populoso sur de Valencia, tercera ciudad del país; los dos últimos, venezolanos con nacionalidad española.

El talante del esfuerzo lo marca el título de la primera actividad para líderes vecinales: Programa de Promotores de Progreso. Apunta a propiciar el liderazgo cercano a emprendedores de toda naturaleza, para la reflexión, la conceptualización, los métodos sencillos y efectivos y los procedimientos apropiados al desmontaje de la farsa de proyectos nacionales fraudulentos y su sustitución por un nuevo modelo que permita plena satisfacción material y espiritual a las grandes mayorías. O sea, un proyecto de progreso.

Porque sucede que a los venezolanos nos robaron ese preciado bien. El mejoramiento continuo de nuestra gente de cualquier origen hasta la riqueza, la vida cómoda y el disfrute de bienes y cultura desapareció. Venezuela está en franco retroceso y -de cara al competido futuro- dejando pasar invalorables oportunidades.

Y aunque el robo fue y es político, su solución es cultural.

Con venezolanos conscientes, formados, de alta autoestima y exigentes del tipo de condiciones necesarias al bienestar, la justicia y la estabilidad no habrá nuevos fraudes históricos posibles. La sociedad venezolana, con esa valiosa materia prima, no permitirá nuevos robos políticos. La mejor garantía de buenos gobiernos es dotarnos de buenos ciudadanos.

El Programa ataca una carencia crítica de la historia y, en particular, del momento social y político venezolano. Se perdió el poco sentido, el gusto y la búsqueda del progreso.

Al menos, como dato macro. Y en lo micro, la procura del progreso personal, familiar, vecinal y social ha sido sustituido o desplazado con la lucha por la vida, la simple subsistencia, la lucha de clases, la mano abierta al demagogo de turno y una especie de “cultura de la pobreza”, de acuerdo a la cual ser rico es malo y resulta suficiente la mentira estadística de pasar de la pobreza extrema a cualquier otra categoría de pobreza, como si eso fuera una gran meta de vida. Se quiere hacer ver que el progreso es pasearse de pobre a menos pobre.

Cuando el siglo XX ofrecía esa sabia combinación de capitalismo y Estado llamada Economía Mixta, la universalización de los derechos humanos, la educación pública y un concierto internacional de naciones e instituciones multilaterales, lo hacía precisamente para encauzar definitivamente el afán de progreso que había prendido en la civilización occidental desde el Renacimiento, la Ilustración, las revoluciones políticas del XVIII al XIX, la desaparición de las grandes hambrunas europeas y la revolución industrial, pero que habían estado afectados por las influencias regresivas de las formas precapitalistas, las guerras, el colonialismo, los imperialismos, las debilidades institucionales de todo orden y nivel, etc.

América Latina muestra hoy, con profusión, perturbaciones históricas al progreso. Venezuela es su epicentro, por su patológica manera de conducción, su base cultural y su afán de intromisión. Contra eso insurge “Espíritu Libre”.

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