‘Ese dulce encanto del poder’

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Varias administraciones de la región han tomado el gusto a su gestión y utilizan la mayoría de sus recursos, aparatos del Estado, para alcanzar el objetivo de la tan ansiada ‘reelección’. Rafael Correa Delgado, en Ecuador, no es la excepción. Varias administraciones de la región han tomado el gusto a su gestión y utilizan la mayoría de sus recursos, aparatos del Estado, para alcanzar el objetivo de la tan ansiada ‘reelección’. Rafael Correa Delgado, en Ecuador, no es la excepción.

Confirmando las predicciones, Correa, un carismático economista de 49 años con estudios de posgrado en Bélgica y en los Estados Unidos, devenido en populista, acaba de imponerse ampliamente en la elección presidencial con el 56,7% de los sufragios, seguido por el ex banquero y candidato del centro, CREO Unidos por Ecuador, Guillermo Lasso Mendoza, quien en su primera aparición en el mundo de la política obtuvo el 23% de los votos, lo que lo posiciona en el referente más importante y respetado de una oposición que cometió el tan remanido error de concurrir dividida a la puja electoral, lo que evidentemente facilita la ‘perfomance’ de Correa, quien dispuso de todas las ventajas y resortes de quien ostenta el poder.

Lejos de la ‘pole’ aparecen el ex presidente Lucio Gutiérrez con el 6.6%; Rodas 4%; Noboa 3.7%; Acosta 3.2%; Wray 1.3% y Zavala 1.2%, de esta manera no será necesaria una segunda vuelta. Además, se estimaba que el movimiento oficialista Alianza País estará logrando también una amplia mayoría en la Asamblea Legislativa, lo que le daría un importante valor agregado a su gestión. Correa Delgado alcanzó casi 10 puntos porcentuales más de los que había obtenido en los comicios del 2009, y seguirá gobernando Ecuador hasta el 2017.

No caben dudas que Correa reforzará las políticas redistributivas que le han dado un enorme apoyo popular, pero si se confirma su mayoría parlamentaria podría profundizarse la ofensiva contra la prensa independiente, en estos momentos se hornea una ley de comunicación que regule aun más a la prensa no adicta.

Fortalecidos desde la administración Correa aclaman a los cuatro vientos “sin duda los ecuatorianos quieren seguir con la revolución ciudadana, nuestra deuda, expandir el rol del Estado en la economía, luchar contra el flagelo de la pobreza, democratizar el acceso a la tierra, mejorar la seguridad”.

Vale reconocer en Correa a un político astuto, con agresivo discurso antiestadounidense, a pesar de haberse Doctorado en la Universidad de Illinois en Urbana Champaing, quien ha edificado sólido apoyo gracias al aumento del gasto en saludo y educación dirigido a las zonas de mayor pobreza en las periferias urbanas y en zonas rurales, y a sus encontronazos con inversores de Wall Street y las empresas petroleras lo han ayudado a construir una imagen de un aguerrido populista que lucha contra las elites en nombre de los pobres.

Después de que su pais sufriera una penosa epidemia de terremotos políticos traducidos en haber sumado nada menos que siete presidentes a lo largo de una sola década, Correa gobernó Ecuador prácticamente desde 2005, cuando fue, por espacio de cinco meses, el poderoso ministro de Economía del presidente Alfredo Palacio.

Es así que, rápidamente aprovechó su primera oportunidad de acceder a la presidencia en las elecciones de 2006, en las que se consagró presidente, en ese mismo instante confirmó su alianza estratégica con Hugo Chávez Frías, a imagen y semejanza.

Desde entonces, duplicó los fondos para educación, modernizo la infraestructura vial del país, particularmente en el sector rural, construyó el nuevo aeropuerto de Quito, acercó a comunidades olvidadas a las grandes ciudades con modernas vías y amplió el acceso a la asistencia sanitaria mediante la construcción de 20 nuevos hospitales y la renovación de cerca de 500 clínica. En el plano de la economía sus anuncios se centraron en el desarrollo del sector de los hidrocarburos, así como la gran minería, especialmente en lo que se refiere a la explotación y extracción de oro y cobre , ha reformado las instituciones estatales mediante una nueva Constitución, aprobada en 2008, con la que amplió el alcance de su poder, que lo ayudó a poner aliados en entidades clave, permitiéndole ser presidente por dos mandatos consecutivos. Además, pasó por encima de una Asamblea hostil llamando a un referendo en 2011 sobre reformas para las que probablemente no hubiera podido tener el apoyo del Legislativo.

Sus oponentes, sin embargo, lo tildan de ser un político autoritario e impulsivo, intolerante, que no permite las opiniones diferentes y persigue a sus adversarios, mientras fustiga tanto a la libertad de expresión como a la libre empresa. Lo acusan de utilizar constantemente el poder a efectos de promocionarse, lo ven como en permanente campaña.

Los acuerdos comerciales con China, el aumento de los impuestos, el incremento de los precios del crudo, le han permitido el uso indiscriminado de las arcas del Estado, por lo que ha visto expandir sus poderes de manera geométrica.

Líderes empresariales dicen que la expansión del control estatal sobre la economía y la creación de impuestos han debilitado el sector privado, mientras advierten sobre la necesidad de atraer a la inversión extranjera para sostener el crecimiento del país petrolero y dolarizado.

Los partidarios y rivales se quejan por igual de que su temperamento fuerte y su actitud hostil lo han llevado a peleas innecesarias y a poner en práctica un gobierno de confrontación permanente.

Se observa un contrasentido, mientras las organizaciones indígenas, que en un principio lo apoyaron, al momento lo abandonaron, acusándolo de haberlas dejado de lado, en las otra vereda parte de la clase media mostraría satisfacción por sus logros. Siendo el dólar la moneda oficial y Correa posee fuerte formación económica, la inflación (a diferencia de lo sucedido en otros países de la región) no se ha apoderado de Ecuador, aun a pesar del abierto populismo desplegado durante toda su gestión.

En función de su conducta pasada es dable esperar que el hostigamiento a la prensa libre se intensifique y que el disenso siga siendo inaceptable para Correa. Por ello, los opositores seguirán previsiblemente siendo objeto de persecución, y con tal fin Correa ha anunciado que reformará el Código Penal, de modo de transformarlo en un arma más de intimidación y castigo. En el plano de la economía hay que mencionar sus anuncios en el sentido de que en este nuevo período impulsará el desarrollo del rico sector de los hidrocarburos, así como la gran minería, especialmente en lo que a la explotación y extracción de oro y cobre se refiere.

El triunfo conseguido, lo muestra de cara a la región, a desempeñar un rol más importante en la izquierda, justo en el momento en el que su líder, el presidente Hugo Chávez Frías, lucha contra el cáncer.

Así el Carondelet no cambia de inquilino, le renovó el contrato por otros cuatro años. Esperemos que las garantías por demás sólidas, no sufran la necesidad de ser ejecutadas.

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