Copiloto de Lujo

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Alguna apostilla dedicada a los apasionados aficionados al ‘rally’, entre los que me incluyo, qué diríamos si para la próxima etapa del circuito el británico Matthew Wilson lleva como navegante al reconocido número uno indiscutible, el francés Sebastian Loeb, por supuesto que esta situación produciría en el ambiente una más que positiva convulsión y el medio vibraría de manera tal que las acciones del británico cotizarían por encima del monte Everest, pues bien en nuestras tierras, precisamente en una ciudad del interior de Pernambuco, Brasil, el presidente Lula da Silva volvió a sus orígenes y habló como en su primera hora frente a un auditorio compuesto por obreros y campesinos, ante los que admitió que de triunfar su delfín en las presidenciales de octubre próximo, Dilma Rousseff, le permitirá seguir en el Gobierno nacional junto a su partido, por lo que si Rousseff se lleva las medallas de la victoria, será porque se la asocia con el crecimiento económico y la gran redistribución de renta producida en Brasil bajo la administración de Lula, a lo que debemos sumar lo que presumimos, su presencia en el próximo gobierno, sólo resta conocer desde qué ámbito. Alguna apostilla dedicada a los apasionados aficionados al ‘rally’, entre los que me incluyo, qué diríamos si para la próxima etapa del circuito el británico Matthew Wilson lleva como navegante al reconocido número uno indiscutible, el francés Sebastian Loeb, por supuesto que esta situación produciría en el ambiente una más que positiva convulsión y el medio vibraría de manera tal que las acciones del británico cotizarían por encima del monte Everest, pues bien en nuestras tierras, precisamente en una ciudad del interior de Pernambuco, Brasil, el presidente Lula da Silva volvió a sus orígenes y habló como en su primera hora frente a un auditorio compuesto por obreros y campesinos, ante los que admitió que de triunfar su delfín en las presidenciales de octubre próximo, Dilma Rousseff, le permitirá seguir en el Gobierno nacional junto a su partido, por lo que si Rousseff se lleva las medallas de la victoria, será porque se la asocia con el crecimiento económico y la gran redistribución de renta producida en Brasil bajo la administración de Lula, a lo que debemos sumar lo que presumimos, su presencia en el próximo gobierno, sólo resta conocer desde qué ámbito.

Sin embargo Dilma, de fuerte personalidad, como quedó demostrado en sus funciones de ministra jefa de la Casa Civil, cargo que ocupó a partir de 2005 y desde el que no le tembló la mano en enderezar una administración gubernamental que hacía agua por todos lados.

Así y por consejo de los no siempre infalibles asesores de imagen la candidata oficialista abandonó el estilo confrontativo y sin miramientos para mostrar una imagen mucho más ‘light’. Siguiendo a pie juntillas los consejos en sus primeros encuentros con su adversario de mayor peso, José Serra, se la notaba como una personalidad apalancada exenta de autonomía. Sin embargo en el nuevo debate entre los tres grandes postulantes de la presidencia de Brasil volvió a revelar a ser la de siempre, o sea, ella misma.

En la primera experiencia de una contienda entre presidenciables trasmitida exclusivamente vía Internet, el ex gobernador José Serra, partió para el ataque en todos los frentes. Insistió cuantas veces pudo en la historia de corrupción que le adjudica al Gobierno de Lula, decidió cuestionar al presidente, a quien por su nivel de popularidad (más de 80% de aprobación) nadie se anima a martillar, recordó a los jefes del Partido de los Trabajadores (PT), entre ellos, varios ex ministros que perdieron sus cargos acusados de corrupción o de violar secretos bancarios de los adversarios. Marina Silva, la tercera candidata con algo más de 10% de las intenciones de voto, no pretendió distanciarse ni de Lula ni de Dilma, acompañada de un excelente dominio de la oratoria expuso sus proyectos con acento en la educación, de la que dijo que ella era “el resultado”. Es que, analfabeta a los 16 años, logró terminar después la universidad y construir su carrera.

Al candidato Serra lo puso en apuros tras su paso por el gobierno del Estado de San Pablo. Le señaló que había estado en varias favelas paulistas donde vio el desamparo médico y educativo de sus habitantes, sumados a la falta de saneamiento –cloacas a cielo abierto– y a la ausencia de servicios públicos esenciales, cabe destacar que tanto Serra como Marina Silva criticaron duramente el acercamiento de Lula a Teherán utilizando munición pesada sobre el tema al que consideran un copón negro en las relaciones internacionales brasileñas.

Para la mayoría de los analistas Dilma Rouseff fue la que resultó airosa del debate, apuntando que la situación de Serra es complicada, sostienen que mientras los tucanos, como se conoce a los integrantes del partido del candidato, encuentran un camino sinuoso por donde transitar, la plataforma petista es por demás simple–Dilma es ni más ni menos que la candidata de Lula, fogoneada por la última jugada donde el actual presidente blanquea sus intenciones de permanecer en el futuro gobierno petista, sin lugar a dudas el 78% de popularidad permiten ese lujo.

Atentos a jugar las últimas fichas, octubre a la vuelta de la esquina.

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