Comprender Venezuela (IV°)

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“Hay que cambiar radicalmente el piso institucional, militar, policial y violento del sistema”. Con ello, entramos ya en temas de la transición democrática. Pero no en el arranque de un eventual nuevo gobierno, sino ahora. Denuncia y lucha, como acciones de campaña; actuación rápida en la reconstitución institucional y la paz social, como medidas inmediatas de Estado y de gobierno. Son cuestiones de vida o muerte de la eventual naciente democracia. Es el campo de la plena gobernabilidad. Es un asunto de viabilización, no de acción ordinaria de gobierno. “Hay que cambiar radicalmente el piso institucional, militar, policial y violento del sistema”. Con ello, entramos ya en temas de la transición democrática. Pero no en el arranque de un eventual nuevo gobierno, sino ahora. Denuncia y lucha, como acciones de campaña; actuación rápida en la reconstitución institucional y la paz social, como medidas inmediatas de Estado y de gobierno. Son cuestiones de vida o muerte de la eventual naciente democracia. Es el campo de la plena gobernabilidad. Es un asunto de viabilización, no de acción ordinaria de gobierno.

El mejor diagnóstico sobre la situación institucional venezolana lo obtuvimos del documento presentado al país por las Academias hace algo más de un año: “advertimos y denunciamos que en la actualidad en Venezuela no están garantizados los principios fundamentales ni el cumplimiento del Pacto Social del Estado de Derecho y de Justicia de una sociedad democrática y plural que postula la Constitución”. El mejor sobre la situación militar, de la delincuencia y la violencia se lo hemos escuchado repetidamente a Diego Arria: “coexisten bajo el amparo del estado más mafias internacionales, enquistadas en las Fuerzas Armadas Venezolanas y enquistadas en los cuerpos de seguridad, que hacen de Venezuela casi un estado delincuencial, casi forajido”.

A nosotros nos interesa el análisis de la viabilidad de un eventual nuevo gobierno bajo unas condiciones como las señaladas. Creemos que un esfuerzo de reinstitucionalización general debe ser abordado como urgencia y plan altamente estructurado de los dos primeros trimestres de ejercicio. Un plazo de tres años, como ha señalado Arria en su campaña, debe permitir una masa irreversible de condiciones y resultados. Aunque hay líneas de acción indiscutiblemente críticas, sin embargo, deberán ser asumidas las complementarias en todas las esferas de la vida social. Nuestro libro tiene una propuesta de organización para estas últimas.

En el mundo de la Venezuela democrática de hoy, sin embargo, hay discrepancias sobre el “qué”, el “cómo”, el “cuánto” y otros elementos de definición del “qué hacer” frente a la situación actual enfrentada. De manera consciente o no, hay diagnósticos diferentes, soluciones enfrentadas, posiciones sobre la gradualidad o concentración de decisiones, discrepancia sobre el trade-off justicia-impunidad. En estos temas calientes se ubica la más importante “partición de aguas” entre opositores. Insistimos en verlos como asuntos de viabilización, no de posiciones.

El conocimiento establecido nos permite saber: 1) Cómo disponer del mejor diagnóstico, e incluso las taxonomías que permitan afinarlo, aun en caso de discrepancias menores; 2) Cuáles soluciones se corresponden con cada diagnóstico; 3) cuáles riesgos y problemas se asocian a las actuaciones graduales o de shock; 4) de cuáles medios de institucionalización o reinstitucionalización se dispone; 5) cuáles son las “mezclas” óptimas entre justicia y “mano zurda” (habilidad negociadora); y 6) Los componentes esenciales de una agenda de la transición democrática. Todo, como instrumental político a los fines de mejoramiento de la gobernabilidad democrática.

Hay otro conocimiento, no convencional, emergente, resultado de la lectura minuciosa de las partituras de las transiciones democráticas conocidas, a veces en las “letras pequeñas” de los procesos, que son aún más viabilizantes, pero esquivas a la lectura de lo obvio. Son, por decirlo así, el “arte” del gobierno de las transiciones. Un solo ejemplo, relativo a la esfera cultural, pero de indiscutible impacto en lo político, sin mención al “cómo” y sin detalles: las relaciones gobierno-medios de comunicación social.

El tema de la transición democrática, el cual hemos introducido en la discusión política nacional, desde la época de nuestras responsabilidades en el Capítulo Carabobo de la Coordinadora Democrática, frente a la propuesta del llamado Plan Consenso-País, admite aún mucho desarrollo. Cito otro aspecto, sobre el cual impera una completa ignorancia: la interpretación de los modos específicos de cada transición –hemos identificado al menos cuatro- y las posibilidades y limitaciones políticas frente a ellas.

La transición democrática es ineludible, si el fin es el inicio de un nuevo ciclo virtuoso de democracia. Procede saber, para proceder. Trabajamos el tema de la transición. Procede asumirlo y discutirlo. Negarlo es no entender que gobernar, más que hacer es viabilizar.

*Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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