Comprender las transiciones políticas

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En tareas de edición de nuestro próximo libro, lidiamos con el tema de la transición democrática. Distinta -debe decirse- de la transición a la democracia. Sin embargo, útil a ella. No sólo su anticipación y problematización, sino, sobre todo, su reconocimiento, aceptación, viabilización (incluidos todos sus componentes previos) y uso como incentivos políticos actuales. Faenas duras, pero ineludibles. En tareas de edición de nuestro próximo libro, lidiamos con el tema de la transición democrática. Distinta -debe decirse- de la transición a la democracia. Sin embargo, útil a ella. No sólo su anticipación y problematización, sino, sobre todo, su reconocimiento, aceptación, viabilización (incluidos todos sus componentes previos) y uso como incentivos políticos actuales. Faenas duras, pero ineludibles.

Los dos componentes mínimos de nuestro diseño normativo de la transición democrática sirven también para la segunda: la Visión de País y el Pacto de Gobernabilidad. O sea, el blanco deseado en el futuro lejano y el compromiso en el momento de arranque a su logro.

Lo dicho en el párrafo anterior es un diseño simplificado; pero, aun así cargado de complejidades, acechanzas y exigencias en el plano real. Más, si buena parte de la dirigencia democrática ni siquiera asoma el tema. O se confunde. Por improvisados o favorables –intencionalmente o no- a un statu quo que se resiste.

Por ejemplo, los errores de conducción económica de los últimos cuarenta años, que conforman el estereotipo de una insuperable economía nacional mercantilista y rentista, son un atractivo muy fuerte para mantener una política parasitaria y sin vocación de grandeza. Es, como se lo transmitía hace poco a una candidata a las parlamentarias, el modelo más viable de economía en la Venezuela conocida. Lo más fácil es mantenerlo. Y, por eso, un severo obstáculo a vencer.

Para los intereses generales, no tengo dudas sobre la imperiosidad de formulación de un proyecto nacional plenamente productivo, en el contexto del mundo global actual. La postración del nivel de vida general, la pobreza extendida, la obscena riqueza de algunos, el rezago en los indicadores mundiales de progreso, el aún inmenso potencial de producción y otros factores nos dicen que el rentismo a favor de un Estado fuerte, en detrimento de la sociedad, debe ceder paso a un sistema económico y social competitivo, de cara a los estándares regionales y mundiales actuales.

Claro que resulta que los intereses especiales de los tradicionales beneficiarios del Estado rentista venezolano se verán afectados. Y aquí comienza lo bueno. Eso obliga a una Visión y un Pacto que trasciendan lo económico y se monten sobre lo social y lo cultural, como vectores facilitadores necesarios.

El Proyecto derivado de la Visión y el diagnóstico (estamos ampliando el espectro de los componentes de nuestro diseño) deberá ser integral, entonces. Lo social, cultural, institucional, económico y político deberán armonizarse en un diseño esmerado. Sin concesión al pasado, pero cuidando mucho los saltos al vacío.

Su punto de apoyo: el Pacto de Gobernabilidad, deberá ser tema público preferente. Concesiones al convencionalismo político, que pretende una especie de poder de monopolio a la clase partidista, deberán ser superadas. Conocidas las conductas del pasado, un blindaje de amplitud social resulta necesario. La vigilancia activa, con plena legitimidad constitucional, de sectores no partidistas e instituciones del saber y la vida social, es un apoyo valioso.

En términos temporales, los inicios del pase de un sistema a otro y el cambio de modelo de economía y sociedad, no son un proceso fácil. Los totalitarios de ahora seguirán existiendo e influyendo. Los rentistas del pasado no cederán fácilmente. Incluso, podrían dominar la escena. Es ahora, entonces, que está planteada la lucha cultural en el más amplio terreno social.

Eso obliga a comprender, teorizar, prefigurar e instrumentar esos inicios. Es el tema de la transición. Para nosotros ya es tema de agenda. No sólo por lo anterior. La transición a la democracia se facilita con una sociedad dotada de un Proyecto Nacional atractivo, bien pensado, estructurado, instrumentado y apropiado. Por ahí andamos. No es sólo el libro. Es lo que demanda el país.

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