Centenario de un liberal

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Se cumplen dos siglos de la muerte de Gaspar Melchor de Jovellanos. Había nacido en 1744. Su originalidad, la originalidad de su pensamiento, consistió en compatibilizar los derechos del Rey y la religión con “el deseo de regenerar a España”. En medio de gran cantidad de noticias que se han producido en estos meses, el bicentenario de la muerte de Jovellanos ha pasado casi desapercibido. Se cumplen dos siglos de la muerte de Gaspar Melchor de Jovellanos. Había nacido en 1744. Su originalidad, la originalidad de su pensamiento, consistió en compatibilizar los derechos del Rey y la religión con “el deseo de regenerar a España”. En medio de gran cantidad de noticias que se han producido en estos meses, el bicentenario de la muerte de Jovellanos ha pasado casi desapercibido. Los días 4, 5 y 6 del pasado mes de mayo se celebró en Gijón el Congreso Internacional Jovellanos, organizado por el Instituto Feijoo del Siglo XVIII adscrito a la Universidad de Oviedo. Le toca vivir dos acontecimientos importantes. En 1789 estalla la Revolución en Francia y un año antes asciende al trono Carlos IV, monarca de talante bien distinto a su prudente padre. Todo esto nos hace reflexionar sobre lo que se entiende por liberalismo y por liberal. Hoy puede decirse que nadie se atreve a decir que no es liberal. Este concepto abarca a la derecha y a la izquierda. El liberalismo es, esencialmente, la igualdad de los hombres ante la ley. En el fondo, la Revolución Francesa fue el triunfo de la burguesía, frente a la aristocracia y al estado religioso. Los burgueses habían conseguido tener cultura, poder y dinero. Frente a ellos, surgiría el movimiento, o los movimientos obreros. Marx sostenía que el capitalismo burgués estaba llamado a desaparecer, antes o después. Desaparecería con los comunistas o sin los comunistas. La misión de estos era acelerar el proceso del movimiento obrero. Pese al ateísmo de que hace gala Marx, su sistema tiene algo de religioso. Por ejemplo, nos viene a la memoria “los naranjos del lago Balatón”, que ha descrito Maurice Duverger. En tiempos del stalliniano Rakosi, los dirigentes húngaros decidieron cultivar naranjos en las orillas del lago Balatón. El agrónomo encargado de la empresa expuso con valentía que se trataba de una quimera. Pero el partido no puede equivocarse, porque es un intérprete del materialismo histórico, es decir de la historia de la humanidad. Se plantaron millares de árboles y, como es lógico, los árboles murieron. El agrónomo fue condenado por sabotaje.

Mientras que el marxismo se fija en lo que tienen de común los hombres, el liberalismo pone su énfasis en lo que tienen de diferente. Y ha sido Julián Marías quien ha reivindicado y estudiado la figura de Jovellanos. Jovellanos había estudiado Derecho canónico en Oviedo, Ávila y Alcalá. Publicó el Informe de la sociedad económica de Madrid al Concejo de Castilla en el expediente de la Ley Agraria. Hubo otros regeneracionistas, como Lucas Mallada, ingeniero de minas, Macías Picavea, catedrático de instituto y Joaquín Costa, jurista. Pero Jovellanos, fue sin duda, el más importante de todos.

José Bonaparte quiso hacerlo ministro. El general Sebastiani lo tienta con el ofrecimiento de que bajo el régimen francés se realicen los deseos que había tenido durante toda su vida. Jovellanos se encuentra en una situación muy difícil. Unos defienden una España que representa lo más rancio de lo tradicional. Otros aprovechan la situación para construir una España nueva inspirada en los principios de la Revolución Francesa. Jovellanos no está en ninguno de los dos extremos. Quiere una España reformada, pero conservando lo más básico de su historia.

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