Alberti Mig

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La prestigiosa revista INVESTIGACION Y CIENCIA, que es la edición española de SCIENTIFIC AMERICAN, ha publicado, recientemente, un informe especial con el título de este artículo. Consta de tres partes: limites de un planeta sano, soluciones para las amenazas ambientales y el fin del crecimiento. La prestigiosa revista INVESTIGACION Y CIENCIA, que es la edición española de SCIENTIFIC AMERICAN, ha publicado, recientemente, un informe especial con el título de este artículo. Consta de tres partes: limites de un planeta sano, soluciones para las amenazas ambientales y el fin del crecimiento.

Pese al fracaso de la Conferencia de Copenhague, son continuas las disposiciones que toman distintos países, unidos o en conjunto, para mitigar las consecuencias de la contaminación. Pero lo que aquí llama mas la atención es la obra de Bill McKibben, cofundador de la iniciativa internacional 350.org para la mitigación del cambio climático, en la que afirma tajantemente que “este planeta no puede seguir aguantando el modelo de crecimiento económico que rige desde hace 200 años. Solo evitaremos nuestra propia destrucción con economías localizadas más duraderas”. En un momento, como el actual, de crisis económica, a nivel mundial, este diagnostico parece indicar que la solución, o mejor dicho, la salida a la crisis, va a exigir cambios profundos y la entrada en un nuevo ciclo histórico. Viene a la memoria la gran crisis de los años 30, que algunos han considerado como un precedente de la Segunda Guerra Mundial.

Este informe guarda cierta relación con un estudio, llevado a cabo por el profesor español Carlos Elías sobre la crisis de la ciencia en la sociedad contemporánea. El libro está repleto de datos, con referencia, sobre todo a España. Llama la atención lo que cuenta del Reino Unido. La Universidad de Sussex ha decidido cerrar su Departamento de Química ante la falta de alumnos interesados en esa disciplina. Pero este Departamento había dado tres premios Nobel de Química. “La “muerte” del Departamento de Química de Sussex no era la primera en Gran Bretaña. En los últimos cinco años había sucedido lo mismo con los Departamentos de Química de las Universidades de Exeter, el del King’s College de Londres, el del Queen Mary’s de Londres, el de la Universidad de Dundee y el de la Surrey. Toda una sangría que alarmo a la Royal Society”.

Todos estos son datos, descripciones de hechos que pasan, en muchas ocasiones, inadvertidos o simplemente infravalorados. Pero que reflejan un cambio profundo en la sociedad en que nos ha tocado vivir. Son hechos y son cambios que van mucho más lejos de lo político, incluso de lo económico. Reflejan un cambio de sensibilidad y toma de conciencia en la sociedad. En los dos últimos siglos la ciencia ha sido un gran protagonista de la historia. Ha creado la técnica y esta ha dado lugar a la sociedad industrial, a un capitalismo basado en el trabajo y en la tecnología, es decir en la aplicación de la ciencia a temas concretos, que sirvan para prolongar la vida y para enriquecerla. Pero como todo en la Historia no hay nada eterno. Y este espíritu parece que está agonizando. Vendrá algo nuevo, que no es fácil predecir.

Mientras que en 2006 se quedaron vacantes en Alemania 73,000 puestos de trabajo para científicos e ingenieros, un informe de la Fundación Nacional de Ciencias cuenta que , en 2001, se licenciaron en China 220,000 ingenieros, frente a los 60,000 de Estados Unidos.

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