Franco Battiato

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Esta misma semana, los incondicionales madrileños del cantautor italiano Franco Battiato podrán asistir a un recital de su ídolo en el Circo Price. Y, aunque hace ya unos cuantos años que este músico ha dejado de sonar en la radio, el recinto estará lleno. Esta misma semana, los incondicionales madrileños del cantautor italiano Franco Battiato podrán asistir a un recital de su ídolo en el Circo Price. Y, aunque hace ya unos cuantos años que este músico ha dejado de sonar en la radio, el recinto estará lleno.

Hace ya casi tres décadas que Battiato irrumpió en los corazones del público español. Lentamente, como corresponde a un tipo de apariencia pausada, que mima su trabajo y ha hecho del perfeccionismo y el cuidado de cada detalle una segunda piel.

Pero esa apariencia, quizá conservadora, no le ha impedido ser más que revolucionario en su acercamiento al arte de hacer canciones. Quizá porque tiene un cerebro inquieto y no hay reto que le parezca inabordable.

Así que, en este tiempo, Battiato ha compuesto oratorios, operas, canciones de tres minutos con estribillos pulidos y pegajosos, se ha dado una vuelta más que productiva por el cajón desastre de las músicas del mundo y ha arreglado su repertorio para orquesta sinfónica. Entre otras cosas.

Y ahora, después de dar muchas vueltas y de haberse contaminado con todo tipo de sonidos experimentales, parece que este singular artista ha vuelto a los suyo, a esa deliciosa mezcla entre pop de toda la vida y electrónica con la que se dio a conocer en España.

Va a ser cierto, como el mismo aseguraba en la década de los ochenta de pasado siglo que dispone de un centro de gravedad permanente, lo que le permite comportarse como un equilibrista consumado. O quizá no. Pero, por lo menos, sí le ha permitido llevar adelante una carrera coherente, dentro de esa inmensa diversidad estilística que le caracteriza.

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