El Palacio de Linares

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En el santoral del pop madrileño hay bandas como El Palacio de Linares que trabajan en la semiclandestinidad, a pesar de su constante éxito de crítica y su gusto por la orfebrería y las canciones de acabado perfecto. En el santoral del pop madrileño hay bandas como El Palacio de Linares que trabajan en la semiclandestinidad, a pesar de su constante éxito de crítica y su gusto por la orfebrería y las canciones de acabado perfecto. Y quizá también de las posibilidades comerciales que podrían tener unos temas con alto contenido generacional.

El grupo liderado por el incombustible Gonzalo Marcos, ha realizado a lo largo de su carrera muchos mecanismos sonoros de relojería pensados para explotar en solo tres minutos y ha acumulado por el camino una pequeña reserva de seguidores incondicionales, que esperan con ansiedad cualquier nueva entrega de las aventuras de su banda favorita.

Su último disco, titulado ‘Ataque de amor’, ha sido publicado por Pretty Olivia Records y ha recibido ya los halagos del portal especializado ‘Jenesaispop’, una página web divertida y polémica, que ocupa un lugar preferente entre los suministradores de munición ideológica para la joven jauría de adictos al pop del siglo XXI.

La nueva formación de El Palacio de Linares, grupo por el que, según parece, habrían pasado ya 14 músicos a lo largo de su accidentada historia, gira alrededor de Marcos, claro, batería, letrista y líder absoluto, o casi, a quien acompañan en esta ocasión, por Raúl y Alex de Los Nuevos Hobbies. Ellos han grabado este nuevo disco, producido por Yon Vidaur.

Vista desde fuera, y en opinión de alguien como yo que sólo tenía algunas vagas referencias del trabajo de esta banda, la nueva entrega del Palacio de Linares, no carece de atractivos que reseñar. Como ese interés por las melodías redondas que caracteriza siempre a los buenos artesanos del pop.

Sin contar con ese perezoso remoloneo de las guitarras acústicas que caracolean sobre unas bases rítmicas sencillas pero contundentes y aportan al conjunto un aroma cristalino y refrescante. O, claro, esos textos cuidados e inteligentes, en los que las sugerencias son más importantes que las evidencias. Bonito, de verdad.

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