Chávez busca fórmulas para apagar Twitter en Venezuela

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El presidente venezolano, Hugo Chávez, se ha propuesto acabar con la libertad de debate y crítica que facilita Twitter. La red social más popular de Venezuela, ahora copada por la oposición, se ha convertido en uno de los escasos espacios en donde es posible la crítica a su persona, sin las consecuencias que esta acarrea a los medios privados. La Reforma de la Ley Resorte, que establece sanciones para aquellos que “provoquen zozobra” o “alteren el orden público”, es la herramienta elegida para llevar a cabo el apagón. El presidente venezolano, Hugo Chávez, se ha propuesto acabar con la libertad de debate y crítica que facilita Twitter. La red social más popular de Venezuela, ahora copada por la oposición, se ha convertido en uno de los escasos espacios en donde es posible la crítica a su persona, sin las consecuencias que ésta acarrea a los medios privados. La Reforma de la Ley Resorte, que establece sanciones para aquellos que “provoquen zozobra” o “alteren el orden público”, es la herramienta elegida para llevar a cabo el apagón.

Pero, ¿cómo lo hará? Aún no se sabe con certeza. Sin embargo, hay alguna pista. Pese a que ha sido retirada finalmente, la Ley Resorte contaba con una medida para establecer un punto único de acceso a Internet.

Observadores independientes de la realidad venezolana consultados por AmericaEconomica.com especulan con la posibilidad de que, tras las leyes promulgadas por el Gobierno para facilitar la intervención de los medios de comunicación, se encuentre Ramiro Valdés.

Conocido por ser uno de los hombres de confianza de los hermanos Castro, Valdés cuenta en su currículo con el dudoso mérito de ser el ideólogo del control informativo y el bloqueo de Internet en Cuba. Quizá por eso se le atribuye también la idea del punto único de acceso controlable, algo que ya se utiliza en la mayor de las Antillas y que algunos consideran uno de los aportes de Valdés a la estrategia del presidente Chávez.

La inclusión de ese punto único de acceso a Internet hubiese supuesto la confirmación de lo que parece obvio. El Gobierno de Hugo Chávez pretende el control de Radio y Televisión y ha marcado a la Red como su siguiente objetivo. No en vano, redes sociales como el Twitter, donde los debates políticos son continuados y las críticas hacia el gobernante se recrudecen día a día, son copados por la oposición política para hacer ver lo que ocurre en el país.

Según varios estudios, se calcula que 300.000 venezolanos utilizan de manera asidua el Twitter, red social en la que el propio Chávez, que con algo más de 1.100.000 seguidores impulsó su uso, es el venezolano que más expectación crea. Sin embargo, este dato, comparado con el seguimiento con el que cuentan periodistas y medios de oposición, se queda corto. A primera vista, observando el ranking de “twitteros” con más seguidores, los críticos con las políticas del Gobierno son mayoría.

La proliferación de Blackberrys en el país, donde se venden el 70% de todas las adquiridas en América Latina, es una muestra de la importancia que está adquiriendo Twitter en Venezuela. Estos aparatos, que sirven, entre otras cosas, para conectarse a internet, son acaparados de manera patente por la clase media. El analfabetismo y la imposibilidad de que las clases desfavorecidas, votantes potenciales de Chávez, accedan al servicio de Internet, hacen de Twitter un espacio prácticamente copado por la oposición.

Mientras que los mensajes publicados por Chaves en su perfil, @chavezcandanga, apenas tienen recorrido y no son replicados por otros usuarios, aquellos que emiten los opositores más seguidos en la red social sirven de acicate para el debate y la crítica. No es, sin duda, el escenario que el presidente bolivariano tenía previsto cuando impulsó su uso. No es de extrañar que, siempre bajo velo de legitimidad democrática al que somete sus medidas, Chávez busque formas de controlar el servicio.

La autocensura es, según los observadores independientes consultados por AmericaEconomica.com, el medio por el que pretende hacerlo. Como ya sucede con aquellos pequeños medios que dependen de la publicidad estatal para sobrevivir, el ejecutivo intenta que las sanciones que la Reforma de la Ley Resorte establece, ayuden a contener las críticas contra su gestión. El miedo a una sanción, que ha provocado ya un apagón informativo en el interior del país en todo lo referente al narcotráfico, con el que miembros de la oposición relacionan al Gobierno, serviría en esta ocasión para acallar las críticas contra Chávez en Twitter. Eso al menos es lo que espera el Gobierno.

Mientras tanto, Cuba y China, donde se lleva a cabo un registro de los mensajes emitidos en base a ciertas palabras que se consideran “subversivas” o se limita el tiempo de publicación de informaciones a ciertas horas del día, son ejemplos de hasta dónde se puede llegar en el control de Internet y los mensajes que en la Red se difunden. Por el momento, Chávez no ha llegado al extremo de proponer y aprobar medidas de este calado. Eso echaría por tierra el velo de legitimidad democrática, sus adeptos, que aun perciben sus medidas como democráticas, dejarían de creerlo. Esto es algo a lo que el presidente venezolano, por el momento, no se atreve del todo.

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