“El caso más severo fue para los jaguares, porque hubo una disminución del 88% de esos grandes felinos”, explicó en entrevista con la Agencia Sputnik el biólogo Carlos Delgado Martínez, investigador del Grupo de Trabajo sobre Ocelotes para la conservación de los animales silvestres gatunos y félidos.
Los científicos monitorean desde hace cinco años a 14 especies de aves y mamíferos mediante modelos de cámaras trampa en un rango de hasta 20 kilómetros del Hotel Militar, de casi 150 habitaciones, construido a la entrada de la Reserva de la Biósfera de Calakmul, en el estado de Campeche, que abarca 723.185 hectáreas.
Si antes había 100 registros de jaguares al año, durante la construcción del Tren Maya solo se registraron 12, una caída drástica para la especie
La investigación
El estudio de monitoreo con cámaras trampa fue dirigido entre 2022 y 2024 junto con la bióloga Viviana Esmeralda Chan, en casi una veintena de cuerpos de agua frecuentados por jaguares, para medir el impacto de la actividad humana, que afectó al 34% del resto de animales salvajes observados.
Los investigadores compararon la presencia de los felinos documentada entre 2021 y 2022 con la registrada en 2023 y 2024, durante y después de la construcción del complejo turístico y del Tren Maya.
Otras especies salvajes también redujeron drásticamente su presencia: el pecarí de labios blancos disminuyó un 77%, el venado cola blanca un 73%, el roedor sereque o agutí un 70%, y el tejón un 65%.
“En Calakmul pareciera que dentro de la reserva las poblaciones de animales están volviendo un poco después del fin de las obras, pero nunca serán las mismas que antes había”, lamenta Delgado Martínez.
Migración forzada
Las consecuencias en otras especies podrían ser menores, como el pavo ocelado o el águila elegante, menos afectadas por la actividad turística.
Los animales no necesariamente murieron, pero dejaron de visitar las zonas cercanas al hotel y al tren
Una de las hipótesis es que los animales hayan huido hacia zonas más profundas de la reserva, en una migración forzada con posibles conflictos entre individuos territoriales. “Ese desplazamiento puede traer consecuencias en la fauna, porque si un jaguar entra en la zona de otro, puede generar competencia y conflicto”, advierte el biólogo.
La reserva es el pulmón tropical más grande de México y parte del Corredor Biológico de la Selva Maya, que se extiende hasta Guatemala y Belice.
Los militares construyeron uno de sus seis hoteles de lujo en plena reserva, a solo 10 kilómetros del sitio arqueológico prehispánico de Calakmul, Patrimonio Mundial Mixto de la Unesco.
“Algunas especies son más tolerantes al disturbio, pero otras no pueden coexistir con la presencia humana”, señala Delgado.
Cicatrices en la selva
La investigación midió el impacto ambiental antes y después de los más de 1.500 kilómetros de ferrocarril y las obras turísticas.
El hotel militar se construyó sin estudios de impacto ambiental y provocó un retroceso en la conservación
Los ambientalistas sostienen que el mayor daño proviene del hotel turístico dentro de la reserva, a unos 60 kilómetros de la carretera Chetumal-Campeche, donde antes se realizaban esfuerzos de conservación ejemplares.
“No se respetaron normas de protección ambiental ni se hicieron estudios de impacto antes de la construcción del Tren Maya”, critica el ecologista.
Muchos trabajadores de conservación pasaron a las obras del Tren Maya, atraídos por sueldos más altos. “El hotel se construyó con un permiso provisional que hablaba solo de un destacamento de la Guardia Nacional”, denuncia el especialista.
Las comunidades indígenas aseguran que no fueron consultadas en asambleas oficiales y que la obra se mantuvo bajo resguardo militar.
Los ambientalistas comparan las consecuencias del hotel con “un cáncer dentro de la reserva”, por ser una estructura ajena al entorno natural.
Fragmentación del hábitat
La deforestación ha cesado, pero la presión sobre la fauna continúa. Ahora hay un flujo constante de vehículos dentro de la reserva, alterando el silencio nocturno.
La selva de Calakmul ha quedado fragmentada y los jaguares se enfrentan a un territorio dividido
“Antes, a las seis de la tarde no pasaba ningún vehículo; ahora los hay incluso a medianoche, lo que perturba la vida nocturna de las especies”, explica Delgado.
Fuera de la reserva, el impacto más grave se concentra cerca del ejido de Conhuas, donde unos 60 kilómetros de selva quedaron doblemente fragmentados. “Esas obras son una barrera física para las especies de gran tamaño, las más importantes en términos de conservación”, lamenta.
El investigador considera falsas las versiones sobre un aumento de jaguares. “Publicaron cifras sobre supuestos incrementos, pero no reflejan lo que pasa en campo. Hemos documentado jaguares atropellados en zonas turísticas como Tulum y Playa del Carmen”, asegura.
Sostener que las poblaciones aumentan, advierte, “genera una falsa percepción de que vamos por el rumbo correcto cuando es todo lo contrario”.



