En medio de la crisis, el contrabando goza de buena salud en Bolivia

Mercado negro
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El contrabando goza de buena salud y aparentemente no deja de crecer en Bolivia, en medio de la crisis múltiple provocada por la pandemia de covid-19 y los conflictos políticos, golpeando al frágil sector formal del comercio y la industria del empobrecido país sudamericano.

«Mientras la mayoría sea pobre, continuará la demanda por productos de contrabando, mejor si son de segunda mano porque resultan siempre mucho más baratos», declaró a Sputnik el comerciante Joaquín Mansilla, que sin ruborizarse dijo que se dedica a vender autos usados de segunda mano.

Según justifica, el contrabando no solo trae los perjuicios que denuncian regularmente las autoridades, sino que debería ser considerado también como «una forma de solución o de alivio» para sectores de la sociedad que viven en la informalidad y no pueden acceder al mercado comercial o crediticio formal.

«Sin la oferta de los productos llamados de contrabando, muchos no podrían comprar un automóvil o la ropa que usan a diario, porque lo nuevo o importado legalmente es demasiado caro», dijo Mansilla desde su base de operaciones en Patacamaya, un pueblo altiplánico a unos 120 kilómetros al sur de La Paz.

La Cámara Nacional de Comercio calcula que el daño causado por el contrabando de autos y ropa de segunda mano a la economía boliviana llegaba anualmente a por lo menos unos 100 millones de dólares.

AUTOS «CHUTOS»

Patacamaya se ha convertido en uno de los mercados florecientes de autos de segunda mano en Bolivia, internados generalmente desde el norte de Chile por vías improvisadas a lo largo de la extensa y casi deshabitada frontera andina de casi 900 kilómetros.

El Viceministerio de Lucha Contra el Contrabando informó recientemente que se calcula que la cantidad de automotores «chutos» -como se llama a los que no tienen registro oficial porque son de contrabando- que circulan en Bolivia se ha duplicado en 2020, para llegar a unos 200.000, o más de una décima parte del parque automotor nacional.

Sólo en los dos últimos meses de 2020 ese viceministerio, que tiene a su servicio un destacamento militar, ha incautado más de un millar de vehículos ilegales cerca de la frontera chilena, en algunos casos en operaciones violentas, con enfrentamientos armados entre las fuerzas del orden y los contrabandistas.

En afán de dar escarmiento, muchos vehículos usados incautados, y los camiones en que eran transportados, fueron quemados en el mismo altiplano por los militares, pero ese golpe al comercio ilegal parece no ser suficiente.

EN LAS REDES

La importación de autos usados está prohibida en Bolivia desde hace una década, pero los mercados de estos automotores se han multiplicado recientemente, ya no están solo en algunas grandes ciudades sino también en pequeños pueblos donde aparentemente operan a la vista de todo el mundo.

Los «chutos» se ofrecen abiertamente en las redes sociales, con avisos que ponen además a disposición del comprador los servicios de «clonado» o «gemeleado» de papeles y placas de circulación.

Algunos comerciantes de Patacamaya ofrecen inclusive entregar el vehículo comprado online «en la puerta de su casa», utilizando para ello vías rurales sin control policial.

«Toyota Corolla 2015, recién llegado, como nuevo, con clonado incluido, entrega inmediata. Llamar solo interesados», decía el lunes un aviso en grupos de Whatsapp. Y de éstos han decenas cada día.

Mansilla dijo que creía que «mientras sea una necesidad, este negocio considerado ilícito seguirá existiendo».

Explicó que, una vez que los vehículos usados pasan la frontera y los controles carreteros, normalmente pagando sobornos, la Aduana ya no tiene jurisdicción y el control pasa a los gobiernos municipales y, en segundo término, a la policía.

«Aquí está la clave: gran parte de los autos «chutos» circulan en provincias, donde las alcaldías no cuestionan los papeles sino que les basta con que los dueños paguen impuestos», sostuvo el comerciante.

En provincias del norte de La Paz, no demasiado alejadas de la capital, es frecuente la imagen de taxis o vehículos particulares sin placas de control, a la vista de policías y autoridades.

El informe del Viceministerio de Lucha Contra el Contrabando apuntó que en 2020, durante la pandemia de covid-19 y el gobierno transitorio de Jeanine Áñez, hubo un fuerte aumento del contrabando de automotores usados.

«Los mercados de algunos pueblos, que habían disminuido notablemente su actividad, ahora están llenos de nuevo de autos chutos, que pueden ser comprados con placas y documentación falsificadas», dijo el reporte.

ROPA USADA

El diario oficial Bolivia reportó la semana pasada que el Gobierno ha detectado un fuerte crecimiento del comercio de ropa usada, que también está prohibido por más de una década.

«En 2019 teníamos marchas de protesta permanentes en los nueve departamentos, de quienes se dedican a esta actividad, por la efectividad de nuestros operativos, pero ahora que sus depósitos están abarrotados, (los comerciantes de ropa usada) están callados», dijo una autoridad citada por ese medio.

Los mercados de ropa usada parecen haber crecido tanto que ya no ocupan solo calles de zonas urbanas tradicionalmente utilizadas por el comercio minorista, sino que han llegado a los centros de las ciudades, ocupando inclusive modernas galerías.

«Pasa lo mismo que con los autos usados, es una cuestión básica de economía porque los precios son realmente convenientes y al final muchos se conforman con que el auto o la ropa sean útiles», dijo Mansilla.

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