Brasil ya piensa en un carnaval masivo y «sin restricciones»

Carnaval de Brasil

Carnaval de Brasil

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

Aún faltan cuatro meses para que llegue la fecha más señalada del año en el calendario festivo de Brasil, el Carnaval, pero las autoridades ya empiezan a preparar las fiestas en medio de un aire optimista, dando por hecho que para febrero la pandemia del covid-19 será historia.

Los «blocos» (comparsas callejeras) ya pueden ir desempolvando los disfraces y afinando los instrumentos: el alcalde de São Paulo, Ricardo Nunes, anunció este martes que el periodo de inscripción para las agrupaciones que quieran ocupar las calles empieza el 15 de octubre.

Una fiesta tan masiva como el Carnaval necesita de meses de preparación: desde la la planificación de la ayuda financiera para artistas hasta el montaje de escenarios, protocolos de seguridad, cortes de tráfico, etcétera, por lo que no es exagerado empezar a tratar del tema en octubre. Ocurre cada año. La novedad es que, a diferencia del año pasado, ahora parece que nadie duda que habrá Carnaval.

El alcalde de São Paulo confió en que las fiestas se celebren sin restricciones sanitarias por la pandemia y que será el mayor Carnaval de la historia, superando los 15 millones de personas de 2020. Argumenta que a día de hoy el 85 por ciento de los paulistanos ya están vacunados con las dos dosis, por lo que no habría por qué no pensar en una fiesta a lo grande.

Pero si la gris capital financiera de Latinoamérica, que hasta hace poco años tenía un discreto papel en el mundo carnavalesco, ya ha dado el pistoletazo de salida, en el vecino estado de Río de Janeiro no iban a ser menos.

En los últimos días, los representantes de las escuelas de samba de la «Ciudad Maravillosa» expresaron su temor por tener que organizar los desfiles del Sambódromo (donde caben más de 70.000 personas) con restricciones de público en las gradas. Bajar el aforo haría que la fiesta dejase de ser rentable. O se hace a tope o no se hace, fue el mensaje.

El alcalde de Río, Eduardo Paes, recogió el guante y tranquilizó al sector de la fiesta a su manera: «La única cosa que tenemos clara es que estamos vacunando a todo el mundo, y con todo el mundo vacunado la vida vuelve a la normalidad. ¿Quién va a hacer distanciamiento en el carnaval? Es hasta ridículo… pedir un metro de distancia. Si hubiese (reglas) yo sería el primero en saltármelas», dijo.

El alcalde, un fervoroso amante de la samba y de la escuela Portela (con la que desfiló en varias ocasiones en el Sambódromo) sostuvo que la población no puede convertirse en «viuda de la pandemia», deseando que haya covid-19 el resto de la vida. «La ciencia avanzó, venció y permitió que se abra, así que vamos a abrir, gracias a Dios», zanjó.

MIRANDO DE REOJO LOS INDICADORES

Aun así, todo depende de que las cosas no empeoren. Brasil lleva varios días con la media de muertes por covid-19 más baja desde el inicio de la pandemia (alrededor de 200 fallecidos al día) y la vacunación aceleró en los últimos meses. De hecho, los más mayores ya están recibiendo la tercera dosis de refuerzo, aunque el porcentaje de totalmente inmunizados en el conjunto de Brasil aún es bajo (44,2 por ciento).

No obstante, en las ciudades la cobertura de las vacunas es mayor. En São Paulo el 85 por ciento ya está protegido; en Río de Janeiro el 70 por ciento, pero se confía en llegar al 90 por ciento en noviembre.

Expertos de la Fundación Oswaldo Cruz y de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) propusieron estos días algunas condiciones para la realización de un carnaval seguro: un 80 por ciento de la población con la pauta completa de la vacuna, una tasa de transmisión de la variante Delta no superior a 5, camas disponibles en los hospitales, controles en hoteles y tests de antígenos en los ambientes controlados, entre otras medidas.

Probablemente, en febrero la inmensa mayoría de los cariocas estarán vacunados, pero ¿qué hacer con los miles de turistas extranjeros y brasileños de otras regiones del país? Iniciativas como el «pasaporte covid», que exige un comprobante de vacunas para acceder a determinados locales serán totalmente inútiles ante la avalancha de gente que tomará las calles.

A las autoridades sólo les queda cruzar los dedos y confiar en que ninguna nueva cepa o variante se cruce en el camino hacia las fiestas del Rey Momo. Porque en febrero de 2021 los brasileños se portaron y se quedaron en casa, pero en 2022 esa hipótesis no está sobre la mesa de ningún despacho. Para la mayoría, sólo una catástrofe podría poner freno al carnaval más esperado de todos los tiempos.

TE PODRÍA INTERESAR

DEJA UNA RESPUESTA