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Chile Nuevos Aires

viernes 16 de octubre de 2009, 01:00h
13 de diciembre día D, será de cambios en el país estrella de la región, algunos lo creen.
13 de diciembre día D, será de cambios en el país estrella de la región, algunos lo creen.



El patio trasero sudamericano ha coqueteado con el éxito de desde los años ´80, como resultado de un ordenado crecimiento económico, un acople prudente , pero firme lo que da un marco jurídico sólido , instituciones democráticas sin grietas, y como frutilla del postre bajos niveles de corrupción, de lo más inusual en estos parajes del continente.



Sin margen de error, Chile supera claramente al promedio de la región.

No causa sorpresa alguna, que los chilenos hayan mantenido a la gobernante coalición demócrata cristiana-socialista (la Concertación) en el poder durante cuatro mandatos consecutivos desde 1990, cuando se restableció la democracia después de 17 años del régimen militar del general Augusto Pinochet.



Sin embargo, es probable que los votantes en las elecciones presidenciales de Chile hagan sentir algún fuerte cosquilleo al candidato presidencial oficialista, el demócrata cristiano Eduardo Frei, su más temido oponente es Sebastián Piñera, acaudalado empresario, ex senador y candidato presidencial en 2006, representante de las principales fuerzas de la oposición -la moderadamente conservadora Renovación Nacional (RN)- de Piñera y la Unión Demócrata Independiente (UDI), más de derecha.



La RN y la UDI han sido hasta este momento los principales protagonistas en todas las elecciones previas, pero, ahora, el diablo metió la cola, y así como por arte de magia, con Houdini de protagonista, se vive una situación de movida estrambótica, cuyo papel estelar es representado por un candidato independiente de 36 años, sin el apoyo de una estructura orgánica de un partido tradicional.



Marco Enríquez-Ominami, con aproximadamente el 20% de apoyo según las últimas encuestas, está notablemente cerca de Frei (alrededor del 26%) y no tan lejos de Piñera (alrededor del 38%). El inesperado apoyo popular a este joven candidato está arraigado en la misma coalición gobernante: su padre adoptivo es un prominente senador socialista (su padre biológico, un líder de la izquierda revolucionaria de los años ´70, fue asesinado por la policía política de Pinochet).



Con esta mezcla única de tradición y renovación, y una frescura de la que carecen ambos candidatos principales, Enríquez-Ominami ha llegado más lejos de lo que predecía la mayoría de los observadores.



El liderazgo de Piñera y el surgimiento de Enríquez-Ominami apuntan hacia un mismo punto, la Concertación se ha debilitado y da los primeros pasos de saturación. A pesar de sus muchos logros desde 1990, y la alta popularidad de la socialista Michelle Bachelet, el tiempo, testigo mudo, pasa facturas.



De por sí, a las pruebas nos remitimos, varias agrupaciones se han desprendido de los partidos gobernantes tradicionales, por lo que, y como consecuencia pura, cantidad de ciudadanos caminan por la misma vía, atraídos especialmente por Enríquez-Ominami.

Al momento, el panorama electoral muestra a la derecha quien probablemente gane la primera vuelta, pero con menos del 50%, es factible, además, que una victoria cómoda de Piñera podría reconvertirse en la segunda vuelta el 17 de enero, puesto que Frei y Enríquez-Ominami se dividen el voto de la centro-izquierda.



Enríquez-Ominami posee el carisma y la frescura para desplazar a Frei de la segunda vuelta, pero le puede resultar más difícil derrotar a Piñera. Los dos escenarios más probables, entonces, son la continuidad del gobierno o el cambio predecible (hace años se espera que la derecha llegue a la presidencia). Pero no debería descartarse un tercer escenario —un cambio menos predecible tras una victoria del candidato independiente.



En cuanto a las principales políticas públicas de Chile, es muy probable que prevalezca la continuidad, aún si gana Enríquez-Ominami. La coalición de centro-izquierda que derrotó a Pinochet, ha tenido la inteligencia de mantener, y en algunos casos profundizar, las sólidas políticas de libre mercado heredadas del gobierno militar, el que recuerda al Ministro Hernan Gucci como estandarte.



Chile aprecia una administración fiscal y monetaria ortodoxa, una economía muy abierta y un sector privado dinámico. También fue el primer país del mundo en adoptar un sistema de pensiones totalmente privado.-



Estas políticas son populares entre los votantes, y están respaldadas por actores poderosos en este grupo se destaca el fuerte sector empresario exportador, y por acuerdos comerciales con las principales economías y bloques regionales del mundo, los que han posicionado al país en un lugar de privilegio a nivel mundial, y aunque usted no lo crea, a contramano de varios países latinoamericanos, en los que a las reformas liberales de los 90 fueron seguidas por reacciones populistas, la principal oposición en Chile es una coalición aún más pro-mercado, de Ripley.



Por supuesto que no todo es color de rosa, pues, al margen de lo economico, existen áreas de fuerte discusión, por ejemplo la Concertación ha forcejeado prudentemente con los legados políticos de la dictadura, desmontando gradualmente las instituciones creadas por Pinochet para protegerse a sí mismo.-



Pero muchos no están satisfechos: la extrema izquierda de una importante tradición política— quiere un mayor y más rápido progreso en los juicios, mientras que la derecha recalcitrante insiste en tratar a Pinochet como un héroe nacional. Las cuestiones morales, étnicas y ambientales siguen particulares líneas ideológicas. Chile saca varios cuerpos de ventaja sobre sus vecinos, especialmente en el debate interno que es más compacto y sin duda alguna más respetuoso y franco, dejando bien en claro las diferencias con Argentina Bolivia y Venezuela.-



Fuera cual fuese el escenario futuro, Chile muy probablemente seguirá siendo un espejo de estabilidad democrática, estabilidad económica, seguridad jurídica, comprometido internacionalmente demostrando ser una luz de esperanza y de sensatez en una región que se caracteriza por terremotos políticos y huracanes económicos.

Chile, luego de diciembre, ejemplo a seguir.
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