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El precio de las armas

viernes 26 de noviembre de 2010, 01:00h
La IX Conferencia de Ministros de Defensa de América acordó esta semana que las diferentes naciones informen de sus gastos militares a la ONU. Como un modo de mantener la paz en el continente, una de las metas del encuentro, no parece que vaya a facilitar una rebaja en el gasto militar. Más bien al contrario, los últimos dos años han estado marcados por una proliferación armamentística en la que, después de la sempiterna EEUU, Brasil se ha convertido en una potencia militar gracias a su crecimiento económico.
La IX Conferencia de Ministros de Defensa de América acordó esta semana que las diferentes naciones informen de sus gastos militares a la ONU. Como un modo de mantener la paz en el continente, una de las metas del encuentro, no parece que vaya a facilitar una rebaja en el gasto militar. Más bien al contrario, los últimos dos años han estado marcados por una proliferación armamentística en la que, después de la sempiterna EEUU, Brasil se ha convertido en una potencia militar gracias a su crecimiento económico.



Los datos hablan por si solos. Estados Unidos, primer productor y primer consumidor mundial de armamento, sigue manteniendo un abultado gasto militar que se ha visto incrementada anualmente a causa de las guerras de Afganistán e Irak. Según el Stockholm Internacional Peace Research Institute (SIPRI), el gobierno de Barack Obama gastó el pasado año un 7,6% más que en 2008, ascendiendo su gasto hasta los 663.255 millones de dólares. Esta es una cifra difícilmente alcanzable por ningún otro país. No en vano, en el top ten de empresas productoras de armas, un total de 6 son de esta nacionalidad.



Los países de América Latina, sumados todos ellos, no estarían ni siquiera cerca del gasto que realiza su poderoso vecino del norte y alcanzarían, en 2009, un gasto aproximado de 50.000 millones de dólares. Sin embargo, dentro de los estados latinoamericanos, existe gran diferencia entre unos y otros. En esta carrera por mantenerse al día en cuanto a tecnología militar, Brasil es quien más gasta y Colombia quien más esfuerzo económico realiza.



Colombia dedica anualmente algo más de un 3% de su PIB a la compra de armamento. Este dato, que no parece elevado si tenemos en cuenta que algunos puntos del país se mantienen el estado de guerra, se elevó en 2008 hasta el 3,7% y siguió incrementándose en 2009 hasta alcanzar los 10.055 millones de dólares. El país, gobernado ahora por Juan Manuel Santos, continua siendo un polvorín y, desde hace algunos años, tiene el mayor número de desplazados por conflicto armado del mundo, más de 4 millones de personas.



Los datos de Chile son algo menos comprensibles. Es el segundo país que más esfuerzo en relación al PIB dedica a la compra de armamento en América Latina. Pese a que su gasto militar se redujo en 2009 un 5% con respecto a 2008, para bajar hasta los 5.683 millones de dólares, lo cierto es que dedica un 3,5% de su PIB para armar a su ejército. Si se le debe buscar una lógica a tan abultado gasto, estos datos solo podrían asumirse entendiendo que el ejército sigue ocupando un espacio importante dentro de la sociedad chilena.



Sin embargo, pese al gran esfuerzo económico que tanto Colombia como Chile realizan, lo cierto es que el tamaño del PIB brasileño ha situado al país de Lula da Silva entre los 13 países que más dinero gastan en armamento. Brasil utilizó en 2008 un 1,5% de su PIB para adquirir armamento, un porcentaje que le sitúa dentro de la media aproximada del global de los países latinoamericanos. Pero ese dato adultera la realidad.



Según el SIPRI, el ministerio de Defensa brasileño contaba el pasado año con un presupuesto de 27,124 millones de dólares, un 16,4% más que en 2008, cuando gastó 23,302 millones. Uno podría pensar que esta ampliación representa un gran esfuerzo para el país. Por el contrario, no es más que el reflejo de la manera en que está creciendo la economía brasileña. Desde el año 2003, el país amazónico mantiene un gasto sostenido del 1,5% de su PIB, algo que le está sirviendo, si esa es su intención, para colocarse entre los estados que más gastan.



Lo cierto es que America Latina sigue siendo visto, a causa de un pasado que invita a hacerlo, como un subcontinente militarista. El golpe de estado de Honduras, el corto secuestro al presidente de Ecuador, la situación que vive en la actualidad el presidente de Paraguay, Fernando Lugo, las malas relaciones entre Venezuela y Colombia o la invasión de una isla costarricense por parte de Nicaragua, han vuelto a traer a la memoria aquellos tiempos.



Por el contrario, los países que son acusados de mayor militarismo, están lejos de los primeros puestos de gasto militar. El mejor ejemplo es Venezuela. El dinero que ocupa en la compra de armamento se redujo en 2008 un 24,8% con respecto a 2007. El país gobernado por Hugo Chávez apenas dedica el 1,4% de su PIB a este área, lo que representa un gasto de 3,254 millones de dólares en 2009. Países como Bolivia o Paraguay, se sitúan por debajo de los 1.000 millones. Otros como Costa Rica o Panamá no tienen gasto militar pues no cuentan con ejercito. Cuba, en muy mala situación económica, gasta 2.000 millones de dólares anuales.



El coloso brasileño ocupa ya un lugar preponderante entre las economías de América Latina y el mundo. Su PIB nominal lo situó en 2009 en el octavo puesto de economías mundiales y su población, 193 millones y continúa subiendo, lo posiciona quinto en el ranking de países más poblados. Esta situación en materia económica no ha tenido hasta este momento su reflejo en materia militar. Sin embargo, el abultado gasto comienza a verse, por parte de los expertos, como una muestra de que esta situación ha comenzado a cambiar.



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