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Este compañero Fidel…

viernes 19 de noviembre de 2010, 01:00h
Fidel Castro ha vuelto a constituirse esta semana en el centro de atención de la información generada en Cuba. Los medios comunicación mundiales siguen fascinados por el Comandante. Es indiscutible. El ex presidente cubano aún disfruta del mismo tratamiento privilegiado que sólo obtienen algunas estrellas del rock. En este caso, el motivo de la polvareda era la posibilidad de que hubiera abandonado su cargo de Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC). La confusión todavía persiste, aunque parece que el viejo revolucionario sigue en su puesto. En cualquier caso, quizá este detalle no sea demasiado relevante.
Fidel Castro ha vuelto a constituirse esta semana en el centro de atención de la información generada en Cuba. Los medios comunicación mundiales siguen fascinados por el Comandante. Es indiscutible. El ex presidente cubano aún disfruta del mismo tratamiento privilegiado que sólo obtienen algunas estrellas del rock. En este caso, el motivo de la polvareda era la posibilidad de que hubiera abandonado su cargo de Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC). La confusión todavía persiste, aunque parece que el viejo revolucionario sigue en su puesto. En cualquier caso, quizá este detalle no sea demasiado relevante.



El último episodio de esta saga mediática, ha vuelto a situar a Fidel en los titulares de medio mundo. El origen del suceso tuvo lugar el pasado miércoles en el Palacio de Convenciones de La Habana. Allí, el mayor de los Castro, ante un auditorio indeterminado de supuestos estudiantes, acompañado por la Primera Secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas, protagonizó una conferencia coloquio para conmemorar el 5º aniversario del discurso que pronunció en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre de 2005.



El Comandante incluso repitió algunos trozos de aquella alocución histórica, aunque sin mencionar el tema que todos lo medios consideraron fundamental hace un lustro: la 'designación' como su sucesor de Felipe Pérez Roque, quien entonces era el ministro de Asuntos Exteriores y, cuatro años después, sería destituido con deshonor por Raúl Castro una vez convertido de manera oficial en presidente de Cuba.



La efemérides parecía importante. Quizá por eso, el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista, envió a cubrir el acto a dos de sus mejores periodistas, Rosa Miriam Elizalde y Arleen Rodríguez, firmas habituales en las crónicas de los actos recientes del veterano lider. Además, la edición del jueves 18 de noviembre del periódico salió a la venta con 16 páginas, ocho más de las habituales en este día de la semana. Todo un número especial en el que la crónica del coloquio fidelista ocupaba, nada menos que seis páginas.



El evento, por lo tanto, contaba con todos los visos de convertirse en un gran acontecimiento en el que, según algunos confíados “cubanólogos”, el “fantasma” del Viejo Comandante seguramente confirmaría su apoyo a los proyectos de reforma económica diseñados por su hermano Raúl.



Sin embargo, la realidad fue muy diferente, al menos, según se recoge en la cronica de Elizalde y Rodríguez. El momento crucial se produce tras una pregunta de la vicepresidenta de la Federación de Estudiantes Universitarios, Yasmany Fonseca, que pide opinión al líder sobre el recién convocado VI Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) y las reformas que van a debatirse allí. Entonces, el ex presidente no responde directamente, de hecho duda y parece querer evadirse al asegurar que él no esta en ese auditorio en calidad de Primer Secretario.



Esta respuesta, que podría ser considerada, o no, un modo de desentenderse del asunto, de ni dar, ni no dar su bendición a los cambios en marcha, no tendrá, más bien al contrario, la repercusión que quizás esperasen los organizadores de tan singular acto. La literalidad del suceso es narrado con precisión en la séptima página de la edición del Granma del 18 de noviembre, a la que nos hemos referido ya en párrafos anteriores.



Pocas horas después de que el periódico comience a circular por las calles de Cuba, las televisiones de medio mundo informaban en una noticia de última hora de que Fidel Castro había renunciado al cargo de Primer Secretario del PCC, el único puesto que aún ¿conserva? en la jerarquía del poder de la Isla.



El inicio de lo que puede considerarse un malentendido, comenzaba cuando un teletipo de Reuters -que en esta ocasión no venía firmado, como es habitual en la agencia de noticias cuando se trata de Cuba, por Mark Franks sino por Jeff Franks- aseguraba, en el titular, que Fidel había afirmado que delegaba sus poderes como líder del partido. En su interior, el cable matizaba mucho la afirmación de partida y se limitaba a señalar que Fidel había “sugerido” que “tal vez” renunciaría a su cargo.



La difusión del teletipo trajo inmediatamente aparejada la confusión y fue extendiéndose por medios de todo el mundo. Con algunas traducciones en castellano que obviaban las cautelas y la distancia interpuestas por la agencia británica al dar cuenta del suceso. Diarios como “El Universal” venezolano, por ejemplo, se hacían eco de la supuesta noticia y titulaban “Fidel Castro delega atribuciones como jefe comunista”.



Tres horas después, la agencia de noticias Europapress desmentía la noticia. Su delegación en Madrid difundía un teletipo en el que se aseguraba que el ex presidente continuaba siendo el Primer Secretario del PCC. Fuentes oficiales del Gobierno cubano, no identificadas, y las propias declaraciones de Castro, en esta ocasión tomadas de medios cubanos, servían a la agencia española para ofrecer una versión completamente distinta del asunto.



¿Qué paso, en realidad? Sería dificil decirlo. De hecho, desde las propias webs y servicios informativos oficiales y paraoficiales de Cuba, se proporcionan, aún hoy, versiones muy diferentes del hecho. En una de ellas, la que se ofrece por correo electrónico a los informadores desde las agregadurías de prensa de las legaciones diplomáticas de la Isla en el mundo, ni se explica que el acto fue un coloquio, como dice Granma, ni se incluye ninguna referencia al VI Congreso del PCC.



Habrá que esperar para saber algo más sobre lo ocurrido. Cuando en 2006, Fidel Castro, abandonó la presidencia a causa de su supuesta mala salud, pocos entre quienes no siguen la realidad cubana con asiduidad dudaban de que el Comandante, si tenía posibilidad de ello, seguiría moviendo los hilos de la política interna del país.



Antes de su renuncia temporal, las grandes decisiones habían de pasar por él antes de ser aprobadas. Después es dudoso que, como se dice reiteradamente desde el entorno de los actuales jerarcas, se le siga consultando todo. Además, las imágenes que fueron difundiéndose de un compañero que había dejado de ser el Fidel del imaginario revolucionario colectivo, mostraban una figura delgada y con dificultades para hablar con claridad.



La figura de su hermano Raúl, su sustituto al mando del Gobierno, iba a ir adquiriendo una preponderancia de la que no había gozado hasta entonces. Siempre en segundo plano, siempre a expensas de lo que Fidel considerara lo correcto, Raúl dirigía los derroteros del ejercito sin que los medios internacionales le prestaran demasiada atención.



Desde 2006, este compañero Fidel, salvo en algunos periodos concretos, ha protagonizado escasas apariciones públicas. El gobierno cubano conoce de la atención que los medios internacionales prestan al líder de la Revolución, algo que ha parecido marcar el signo de sus sus declaraciones. Este compañero Fidel, lejos de reprender a su hermano por los cambios o apoyar con claridad el proceso que, aparentemente, se quiere iniciar, habla de la posibilidad de una Guerra Nuclear, de sus errores y aciertos en política social en la década de los sesenta, o de cualquier otra cosa. Eso sí, siempre que no esté relacionada con la actualidad de la Isla.



Y, en estos momentos, algo parece estarse fraguando a gran velocidad. El pasado 8 de noviembre, Raúl Castro, con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, sentado en el sitial de Fidel, presentaba el Proyecto de Lineamientos de la política económica y social que el Partido Comunista de Cuba, 13 años después de su último cónclave, debe debatir en el VI Congreso que se celebrará en abril. Incluso en dicho documento, pese al presencia de Chávez como sustituto solemne del Viejo Comandante, Fidel es protagonista en la primera página.



El documento se inicia con una parte del discurso que el comandante pronunció en el Primero de Mayo del año 2000. “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”. Aparte de esta referencia a sus palabras, el ex presidente no se ha pronunciado, ni a favor ni en contra, en relación a los cambios que, incluidos en el texto, parece que modificarán, entre otras cosas, el modelo de propiedad privada en la Isla.



Este lunes, el diario oficial Granma publicaba en sus páginas un reportaje sobre el primer Seminario Nacional sobre el Proyecto de Lineamientos presidido por el propio Raúl Castro. De manera secundaria, en tres líneas escasas, el periódico indicaba que se hacía necesario aclarar que “las ideas de Fidel están presentes en cada uno de los Lineamientos propuestos”. Esta ausencia de protagonismo del Comandante, su presencia accesoria en el texto, dan una pista de la posición que el ex presidente ocupa en la toma de decisiones.



Pero los medios de comunicación internacionales no parecen haberse dado por enterados. Estas “escasas tres líneas”, iban a convertirse en titulares en ese mismo día. Fidel, según dichas noticias, habría formado parte de aquellos que han decidido los cambios que son necesarios en la política económica de la Isla. El fantasma del Comandante rondaba nuevamente sobre en el devenir de los cubanos.



Hay algunos blogs, muy pocos, en los que se cuenta otra historia. Se constata, con listas precisas y detalladas, el hecho de que, durante los cuatro últimos años, Raúl Castro podría haberse encargado de ir apartando de los puestos de poder a los colaboradores más cercanos del Comandante. Hay hasta quien define este proceso como una suerte de golpe de estado familiar.



Según estas versiones, poco difundidas todavía, en estos momentos, Fidel, lejos de ser el Comandante capaz de dirigir, mal que bien, un país prácticamente en solitario, resulta más bien una figura subsidiaria que aparece de cuando en cuando, siempre que sea necesario. El halo del viejo revolucionario es aún rentable en los medios. Tal vez ese sea el motivo por el que algunos diplomáticos europeos que realizan su trabajo en la Isla definen a este compañero Fidel como una especie sombra que deambula por La Habana.
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