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Auge del verde

viernes 17 de septiembre de 2010, 01:00h
El color es un símbolo, además de una realidad física. El rojo representa a socialistas y comunistas, el amarillo al Estado Vaticano, al azul a la Falange y ahora el verde representa la lucha contra la contaminación y la preocupación por el medio ambiente.
El color es un símbolo, además de una realidad física. El rojo representa a socialistas y comunistas, el amarillo al Estado Vaticano, al azul a la Falange y ahora el verde representa la lucha contra la contaminación y la preocupación por el medio ambiente.



En este sentido, las noticias que surgen son diarias. Últimamente el The Worldwatch Institute ha publicado un libro con un título sugestivo: “La situación del mundo 2010. Cambio cultural”. A través de 25 capítulos se expone que el consumismo, es decir esa orientación cultural que conduce a buscar sentido a la vida a través de los bienes materiales y que ha sido hasta ahora objeto de escasa atención, ha de transformarse en un proceso que implique un cambio en el comportamiento humano del planeta. Se trata de demostrar que el objetivo último de la vida humana no consiste en poseer cosas o en que el PIB sea la mejor forma de medir nuestro bienestar.



Por otra parte, también en un reciente libro se describe la experiencia del “Movimiento Cinturón Verde”, creado por Wangari Maathai, que es la primera mujer africana galardonada con el Premio Nobel de la Paz. Fue en 2004 cuando se premió, por primera vez, un concepto de la paz vinculado al medio ambiente. Se trata de una experiencia consistente en la plantación de 30 millones de árboles, uno por cada habitante de su país, Kenia. La madera es para los africanos la principal fuente de combustible, tanto para cocinar como para calentarse. Este movimiento, que ha dado lugar a la Red Verde Panafricana, tiene por consigna: “Plantar un árbol, uno por persona”.



Nos encontramos ante la necesidad de limitar, de reducir, el hecho de arrojar más dióxido de carbono a la atmósfera, pero la realidad es que todo apunta a que la concentración de CO2 seguirá en ascenso en los próximos decenios. No se vislumbra una sustitución radical del petróleo, del carbón y del gas natural. Sobre todo, en el sector del transporte, no se ven alternativas fáciles al petróleo. Ahora se ha visto que es posible extraer dióxido de carbono del aire, mediante máquinas equipadas con filtros de materiales sorbentes en los que se fija el gas. Estas máquinas pueden permitir la obtención de CO2 a un precio de 24 euros por tonelada. La lucha contra la presencia de CO2 en la atmósfera es uno de los objetivos de nuestro tiempo.



Otro problema, que se vislumbra cada día con mayor intensidad es el hecho de que el ascenso del nivel del mar está modificando los contornos litorales. Por ejemplo, Estados Unidos, a lo largo del pasado siglo, ha perdido casi 20 metros de playa en la costa Este. Desde 1900, el nivel del mar se ha elevado alrededor de 17 centímetros, debido a la dilatación del agua y a la progresiva fusión del hielo polar. Robert Bindschadler, científico de la NASA afirma que el ascenso del mar alcanzará un metro hacia finales del presente siglo. En este momento, unos 200 millones de personas viven a menos de un metro sobre el nivel del mar. Y lo mismo puede decirse de ocho de las diez mayores ciudades del mundo.



Todos estos datos no conducen al optimismo. De ahí, que su presencia aparezca diariamente en los medios de comunicación, lo que no significa que los gobiernos se responsabilicen de esta difícil y complicada situación.
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