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Miramar

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martes 10 de enero de 2017, 01:00h
Para algunos aún puede constituir un placer culpable, pero es difícil que ningún ser humano, atacado por la magia del amor o la devastación del rechazo, no se haya dejado seducir alguna vez por los encantos de los viejos boleros, esa música romántica de aliento caribeño que ahora recrea Miramar.
Para algunos aún puede constituir un placer culpable, pero es difícil que ningún ser humano, atacado por la magia del amor o la devastación del rechazo, no se haya dejado seducir alguna vez por los encantos innegables de los viejos boleros, esa música romántica de aliento caribeño que ahora recrea Miramar.



Se trata de un proyecto impulsado por el cantante puertoriqueño Reinaldo Alvárez, un recio sonero que conoce bien los vericuetos de la salsa, y que se propuso recrear en este turbulento siglo XXI, la música que hace ahora casi un siglo, en la Cuba de los años veinte del pasado siglo, nació para hacer reir, llorar y bailar a la adormecida concurrencia.



Alvárez busco la compañía adecuada y encontró dos cómplices femeninas con quienes compartir sus inquietudes musicales. Ambas estadounidenses, pero capaces de disfrutar de los sabores sonoros del universo latino: la pianista Marlysse Simmons, de ascendencia chilena y la cantante Laura Ann Singh, nacida en Tennessee, pero 'crecida' en Brasil a ritmo de bossa nova.



El trío ha querido reanimar la tradición desde el clasicismo de una instrumentación acústica y añeja en la que el órgano, el piano, la percusión y la guitarra son los elementos fundamentales, edulcorados, cuando conviene con la dulzura evocadora que siempre aporta un buen cuarteto de cuerdas dosificado en su justa medida.



Pero Miramar ha huido de las copias nota por nota que se suelen realizar en los espectáculos de tributo y también del repertorio habitual mil veces repetido. Y ha encontrado la materia prima que necesitaba en las magnificas canciones que compuso la artista puertorriqueña Sylvia Rexach, una mujer adelantada a su tiempo que entendió como nadie las claves del bolero.



Por ahora, Miramar mantiene su centro de operaciones en Nueva York, ciudad en la que tocan habitualmente y donde empiezan a ser conocidos entre los aficionados a la buena música latina. Aunque también han llevado su música dulce y apasionada a otras poblaciones de EEUU. Confiemos en que Europa sea su próximo destino.
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