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Economía XXV

viernes 11 de septiembre de 2015, 01:00h
La mezcla de procesos transicionales al mercado, como dicho, plantea una rigurosa exigencia de gestión.
La mezcla óptima de procesos transicionales al mercado. La mezcla de procesos transicionales al mercado, como dicho, plantea una rigurosa exigencia de gestión. Las transiciones, resulta evidente, son procesos de altísima complejidad.



No son campo de exquisiteces o manías ideológicas, o de certitudes profesionales extrañas al objeto, sino un específico pedido al arte del buen gobierno para el justo tipo de proceso de cambio a manejar.



En los procesos transicionales convencionales estamos obligados a “ecualizar” apropiadamente reforma política e institucional, estabilización, privatización, reestructuración y liberalización, los cinco componentes vistos, que permiten los buenos resultados esperados.



Pero, hay más. Al final de la serie veremos que junto a las exigencias para el apropiado músculo económico, también estarán las relativas a la fortaleza social permanente, incluso algunas inéditas, relativas a nuevas categorías de derechos, que crecen y se renuevan.



Para la tarea, deben servir, como sencillos principios inspiradores, el abandono de todo dogmatismo o fijaciones ideológicas, la compañía de los recursos de la gobernabilidad y la capacidad de gobierno y el reconocimiento de lo específico del tiempo transicional, que –dicho sea- es largo, no corto, como tanto se dice en opiniones de profanos.



Deberemos estar, entonces, provistos de capacidades políticas, profesionales y operacionales apropiadas. Estaremos obligados a un ingente –y creativo- esfuerzo de levantamiento del diagnóstico de las condiciones iniciales presentes (no todas desfavorables). Y, entonces, iniciaremos la rigurosa alquimia transicional.



El “big bang” ya contiene de todos los procesos. El consenso explícito que debe basar el largo tránsito debe contener referencias a las tareas y su concatenación. Con sumo cuidado. Los consensos pueden desmejorar. Ya nos pasó con Puntofijo. La pasó a España. No debe haber ni imprecisión, desorden, ilusiones, o falta de previsión: serán tiempos de prospectiva, trabajo planificado y muy bien organizado.



La tarea más urgente –la estabilización- ya exige condiciones institucionales y políticas –reglas permanentes y prácticas- apropiadas y algunos movimientos, al menos, de reestructuración. La privatización también las requiere. La reforma política e institucional contiene muy diversas áreas y momentos. La liberalización, también.



La estabilización, tal como planteada por nosotros, con dos componentes ligados, control de inflación y tasa de cambio, por un lado, y PIB y empleo, por el otro, exige a diversas áreas de definición institucional y de la política y gestión económicas. Implican al gobierno y a la autoridad monetaria y el recurso de la concertación, ojalá que institucionalizada.



La reforma política e institucional es tema de estrecha coordinación entre gobierno, instancias profesionales de apertura sectorial y Congreso Nacional. Al inicio tendrá una gran carga económica: las que hemos llamado instituciones económicas vertebrales de la transición y las bases de los otros procesos; pero luego abordarán otros temas y niveles.



La privatización y la restructuración requerirán un apoyo institucional ad-hoc y su inserción en el paquete de políticas macro y sectoriales. Estarán ligadas tanto a un fondo financiero, como a una corporación para el desarrollo, que podrían ser una o más instituciones. Nada de las viejas experiencias nacionales de promoción financiera y “productiva”, plagadas de rentismo clientelar. Del mismo modo, se vincularán a la liberalización económica, como planteado en el artículo anterior.



La liberalización, por su parte, como el proceso de más largo plazo, descansará en todo el andamiaje y los logros del proceso transicional. Deberá tener una contraparte en la regulación profesional. Ningún exceso de Estado; pero, tampoco de las empresas. Con la base institucional, la macroeconomía saneada, la economía real potenciada y proyectada al éxito, el ambiente económico será propicio para ganancias competitivas importantes.



Nada que ver con el pasado conocido, entonces. Menos, con el nefasto presente chavista. Se trata, en un entorno turbulento, cambiante, volátil e incierto, de dotarse de las ganas de cambiar para siempre y de la capacidad para ello. Ya está bueno de Mesías, liderazgos de alas cortas y populismos inconvenientes. Mucho menos, intrusos inconvenientes como el Foro de Sao Paulo.



Se trata, por decirlo gráficamente, de dotarnos de un manual para la construcción de una nueva Venezuela, de cara a su ingreso al siglo XXI, que solo entonces iniciaremos a construir. Suena pretencioso; pero, de esa dimensión es la tarea. Son más de dos siglos de tránsito independentista y la gran tarea de la independencia plena no solo no se ha logrado, sino que muestra el nivel de exposición que permitió la vergüenza de la sumisión al patológico castrismo y al subimperialismo del Foro.



Para ello, en el que ha sido nuestro esquema de trabajo toda la vida, nos interesan todas las opiniones. En todos los aspectos involucrados. Es evidente que en Venezuela, no solo es que no hay un conocimiento transitológico establecido, sino que, en el mismo conocimiento económico convencional, hay disenso y fallas. Agréguese el moscón de las ideologías y la ignorancia reinante y comprenderán el por qué de nuestro esfuerzo.



Cumplida una gran tarea, de revisión de los procesos económicos de las transiciones al mercado post 1989, vayamos a fajarnos con los logros sociales de los procesos de cambio económico. No basta el músculo. Debemos lograr la salud integral duradera.



*Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com /@SJGuevaraG1
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