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Venezuela, moneda de cambio en las negociaciones entre Cuba y EEUU

Bandera de Venezuela
Bandera de Venezuela
miércoles 19 de agosto de 2015, 01:00h
La semana pasada pasaron desapercibidas las declaraciones del secretario de Estado norteamericano. Pero este asunto tiene una lectura. Venezuela es una moneda de cambio. Hay un trato para los ancianos que gobiernan Cuba y otra para los jóvenes hijos de Chávez.
La semana pasada pasaron desapercibidas las declaraciones del secretario de Estado norteamericano. Pero este asunto tiene una lectura. Venezuela es una moneda de cambio. Hay un trato para los ancianos que gobiernan Cuba y otra para los jóvenes hijos de Chávez.



La izada de bandera en la embajada estadounidense en La Habana ha despertado mucho más entusiasmo dentro de la isla que fuera de ella. Por una de esas paradojas de los tiempos que corren, los peros y las suspicacias al acercamiento entre los gobierno de Washington y La Habana han procedido (aunque por razones distintas) del partido Republicano, Telesur, el canal ruso RT, la intelectualidad izquierdista de café y por supuesto del gobierno venezolano.



Lo que pasa es que el temor que el acercamiento diplomático entre la mayor potencia capitalista del planeta y el último autodenominado reducto comunista del continente inspiran en el gobierno que encabeza Nicolás Maduro, no consiste en suspicacias sino en algo muy concreto.



John Kerry lo expresó, y no por accidente: “Conversaciones con Cuba incluyen discusiones sobre Venezuela”



Esas discusiones (léase: negociaciones) sobre Venezuela no han sido desmentidas por los funcionarios cubanos.



Aunque sorprendentemente esa confesión del secretario de Estado no ha sido objeto de mayor atención de los medios, lo cierto es que la cuestión venezolana sigue en el centro de la atención de Obama y Kerry. Y lo que a Maduro y a la elite chavista les preocupa es el carácter de esas discusiones en la que sus hermanos cubanos lo han dejado por fuera.



Esa preocupación es válida porque sospechan, con bastante fundamento, que ellos pueden estar siendo utilizados como moneda de cambio por parte de los cubanos. No es, ni será, la primera y última que vez que tal cosa ocurra.



Hasta aquí nos ha traído la política de estado chavista.



El régimen inaugurado por Chávez les entregó tanto a los cubanos, que ahora estos estos están en capacidad de negociarlos a su peor enemigo.



La importancia de Venezuela para Raúl Castro y su gente es directamente proporcional a los precios del petróleo. Entre debe y haber, el régimen que encabeza Maduro es cada vez más una carga para Cuba.



Hace 16 años cuando apareció Chávez, la revolución cubana era un muerto en vida. Aquello fue un golpe de suerte. Una luz al final del túnel del periodo especial. Pero luego de tres lustros no ocurrió una revolución en América Latina ni la tan esperada caída del imperialismo norteamericano. Lo que se cayó fue el precio del petróleo.



Y antes de que Venezuela deje de tener alguna utilidad, lo mejor es sacarle el último provecho a su aporreada soberanía.



Los simpatizantes de la revolución cubana afirman que “algo” muy perverso se trae entre manos el gobierno norteamericano; que tanta dicha no puede ser verdad. Para los precandidatos republicanos el de los motivos inconfesables es la dictadura castrista.



Lo cierto es que desde el primer día que se anunció el restablecimiento de las relaciones entre Washington y la Habana, Barack Obama y John Kerry colocaron varias cartas sobre la mesa:



1) El objetivo de la política estadounidense hacia Cuba no ha cambiado. Ha variado la estrategia. Como el embargo no sirvió, intentemos otra cosa. Eso no quiere decir que ya no se siga considere a Cuba una dictadura comunista.



2) Aprovechar la circunstancia para contribuir al acuerdo de paz en Colombia y que el inevitable proceso de transición que viene en Venezuela sea pacífico y ordenado.



Sobre lo anterior han sido muy claros. No hay nada oculto ni misterios.



Los cubanos lo saben, los dirigentes chavistas en Venezuela lo saben. Por más que insistan en pintar todo como un triunfo de la revolución cubana, lo cierto es que no es el socialismo lo que se impuso en Estados Unidos, tal y como pronosticó fallidamente Kruschev hace más de 50 años.



Obama y Kerry han insistido en una exigencia sobre Venezuela: elecciones limpias y libertad de los presos políticos. Si Raúl Castro, tal como y ha actuado hasta ahora, está realmente interesado en su relación con Estados Unidos, contribuirá en ese propósito. Tiene bastante que ofrecer.



Lo hemos venido comentado: un trato para los hijos de Chávez y otro muy distinto para los ancianos Castro. Es la estrategia de Obama para con Maduro y su gente; el palo y la zanahoria. Esto probablemente por una razón: el régimen chavista es más vulnerable, y por ello la situación venezolana menos predecible y potencialmente más explosiva.



En Cuba, Raúl Castro y su gente tienen el control de la isla, pueden ir llevando las riendas de la situación. En Venezuela no está claro que Maduro tenga el control de nada.
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