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Economía III

viernes 10 de abril de 2015, 01:00h
LA SOLUCIÓN POR LA VÍA DE LA POLÍTICA ECONÓMICA. La Universidad Johns Hopkins, desde el Centro Internacional Woodrow Wilson, asumió, a finales de los ’70, la misma línea de Rustow, con otra denominación: “Transición desde un Gobierno Autoritario” (Transition from Authoritarian Rule).
LA SOLUCIÓN POR LA VÍA DE LA POLÍTICA ECONÓMICA. La Universidad Johns Hopkins, desde el Centro Internacional Woodrow Wilson, asumió, a finales de los ’70, la misma línea de Rustow, con otra denominación: “Transición desde un Gobierno Autoritario” (Transition from Authoritarian Rule).



Mantienen la importancia de lo institucional, de los procesos que permiten y legitiman el proceso democrático y del liderazgo y sus acciones y valores; pero, por ejemplo, distinguen, a diferencia de Rustow, entre transición y consolidación.



Dicho sea, Johns Hopkins ha mantenido desde entonces hasta ahora, una línea de publicaciones en el amplio campo, como definido inicialmente por ellos, que no serán objeto de tratamiento en este artículo. Publicaciones posteriores asumen la denominación original rustowniana y han sido dedicadas a los problemas de la transición y la consolidación, con énfasis en estudios de casos comparados. Representan un muy valioso aporte.



De los cuatro volúmenes publicados inicialmente, vamos a destacar ahora el artículo dedicado a “Las políticas económicas y los prospectos para transiciones exitosas desde un gobierno autoritario en América Latina”, de John Sheahan, lo más próximo al interés de la serie.



El texto de Sheahan, de 1.986, centra su interés en la posibilidad de que las políticas económicas adoptadas por países que salen del autoritarismo puedan favorecer o dañar sus procesos de consolidación de la libertad política. Las revisiones y proposiciones realizadas en dos temas sectoriales y uno general de las políticas económicas marca el desarrollo del artículo.



Su interés se circunscribe a los manejos necesarios de las políticas de salarios y empleo, las relaciones económicas internacionales y la importancia de las fuerzas del mercado en la supervivencia de los regímenes no autoritarios.



Vamos a realizar su evaluación desde la aproximación adoptada por el autor. Interesa saber de cuál manera esos manejos son considerados. Pero, nos exigiremos descubrir su relación con nuestro punto de vista. Hemos sostenido siempre que las transiciones son inicial y fundamentalmente un asunto de Economía Política, complementado con el apropiado manejo de la política económica; para lo cual, la primera es un prerrequisito. En todo caso, no olvidamos que el texto se realizó en una etapa temprana de las elaboraciones transitológicas.



En verdad, la obra soslaya o se acerca solo mínimamente a los asuntos relativos a los amplios y diversos cambios en los fundamentos o bases institucionales permanentes para el despliegue de la política económica. La única referencia en la obra se hace con relación a las políticas de salarios y empleo. A ello nos referiremos.



El autor se apoya en Hirschman para negar la validez de los acuerdos sociales sobre normas salariales, en tanto no son superiores a los “reales cambios en las estructuras económicas y sociales que podrían proveer apoyo a una nueva conducta”. Se pregunta “¿por qué debería esperarse una actuación diferente si las relaciones básicas en el mercado y en el poder se mantienen siendo las mismas?”



Todos esos tópicos planteados son de Economía Política. Pero, en el texto no son manejados en esa línea, sino en la de la política económica. Aunque el autor “puntualiza la necesidad de considerar cambios estructurales como componentes de cualquier acuerdo que provea topes a los incrementos de salarios”, sus sugerencias concretas no llegan a desarrollarlos, sino político económicamente.



Sin duda, el texto está marcado por un economicismo infrecuente en el manejo de los temas transicionales. El autor expresa su pesimismo sobre las posibilidades de supervivencia de gobiernos no autoritarios por los temas y algunas situaciones referidas respecto a ellos, pero también “relacionados con las tensiones de una creciente conciencia política en sociedades sumamente desiguales”.



Esas tensiones las define en términos de “cuestiones de objetivo económico y social”, por las presiones, las cuales, “en principio, podrían ser moderadas por políticas de economía más constructivas”. Insiste en que “hay fuerzas sistemáticas actuando contra la supervivencia de sociedades abiertas en estos países” y que “tales fuerzas pueden llegar a ser crecientemente poderosas si no se contrarrestan con nuevas vías”.



Pese al reconocimiento de la voluntad para negociar y comprometer hacia sociedades más humanas, su planteamiento es de la “necesidad de reconocer las restricciones económicas” y, finalmente, “mantener todos los grupos participando en las ganancias colectivamente, a través del uso de políticas económicas coherentes”.



Sin dudas, el manejo del autor es de mucho dominio y detalle en la vía escogida. Pero, ya para la época, en otras fuentes, el instrumental político económico aparece precedido y/o al lado de: 1°) manejos institucionales, 2°) de concertación social y 3°) de ejercicio de gobierno, como instrumentos medulares. Desde la perspectiva de la obra revisada, los definimos como medios indispensables para los fines proclamados.



Como dicho, a los economistas, esos medios nos salvan de desviaciones economicistas o del muy frecuente olvido del tipo especial de circunstancias, recursos y procesos de las transiciones a la democracia; las cuales, por simple lógica, requieren manejos también especiales.



En nuestra búsqueda, en esta serie, iremos al encuentro de esos manejos. Sin embargo, valdría la pena –no está en nuestra hoja de ruta- evaluar la suerte del tipo de recomendaciones contenidas en el artículo, sino como parte de un esfuerzo mayor. América Latina no muestra hoy, entre países, progresos similares en el camino a democracias consolidadas.



Por razones diversas y, en casos, particularidades, incluso los casos más referidos, muestran atascos importantes, no precisamente por argumentos económicos. En este preciso momento, hay al menos tres realidades a resaltar: la ralentización del crecimiento, los casos de caída en el populismo y el neocomunismo y las turbulencias por enclaves autoritarios en democracias sobre la vía de la consolidación. Los temores del autor estaban bien fundados. No así sus propuestas.





* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1
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