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La debilidad de Maduro anima en Venezuela los rumores de su posible caída

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
jueves 08 de enero de 2015, 01:00h
Maduro no está buscando dinero prestado, está buscando a un país al qué parasitar como ha hecho el régimen cubano con Venezuela en los tres últimos lustros y como lo hizo antes Castro con la Unión Soviética. Maduro necesita un Chávez chino. No lo encontrará.
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, no está buscando dinero prestado, está buscando a un país al qué parasitar como ha hecho el régimen cubano con Venezuela en los tres últimos lustros y como lo hizo antes Castro con la Unión Soviética. Maduro necesita un Chávez chino. No lo encontrará.



En su determinación por transformar a Cuba en una sociedad socialista, Fidel Castro impulsó una serie de experimentos que llevaron a la economía cubana al colapso en la década de los sesenta. Eso y las restricciones a las libertades civiles provocaron la masiva emigración de la clase media cubana hacia Florida y un empobrecimiento generalizado del país. Pero luego del desastre del último de esos experimentos, la gran zafra de 1970, los comunistas cubanos tuvieron a quien recurrir: la URSS y sus subsidios, en particular el petrolero.



Una historia similar, pero a una escala mucho mayor, ocurrió en la China de Mao Tse Tung con el Gran Salto Adelante en 1958, un intento por acelerar la industrialización e implantar la utopía comunista en ese inmenso país. El experimento de Mao culminó en un desastre colosal. Como por los mismos días se daba el conflicto chino-soviético que provocó la ruptura de relaciones entre los dos gigantes comunistas, los chinos no tuvieron a donde ir a buscar asistencia. La consecuencia fue una de las mayores catástrofes humanitarias del siglo XX. Se estima que por lo menos 30 millones de chinos fallecieron por hambre entre 1959 y 1962.



Hoy se sabe que China a la muerte de Mao en 1976 estaba al borde de otra gran hambruna como la de principios de la década anterior. Eran demasiados como para que alguien los pudiera rescatar. Por esa razón se embarcaron en las reformas económicas pro mercado de 1978 en adelante. De no haber tomado ese camino China iba derecho a otro gran desastre con millones de muertes por hambre.



Cuba no hizo esas reformas porque allí estaban los rusos para subsidiar. Hasta que esa ayuda se acabó en 1991 y Fidel Castro sometió a los cubanos a uno de los más innecesarios y crueles sacrificios que colectivo humano haya padecido en la historia. El común de los cubanos retornó a la era preindustrial: la falta de combustibles obligó a volver a usar animales de carga para el transporte de mercancías, el descenso generalizado en el consumo de calorías origen animal originó una epidemia de neuritis óptica y más de 50 mil personas se quedaron ciegas. No hubo una hambruna, pero sí algo muy cercano.



Ese fue el denominado “periodo espacial” que duró hasta que llegó Chávez y el régimen de Castro tuvo a otro país al que parasitar.



En este punto hago la pregunta: ¿A quién puede recurrir el gobierno chavista hoy con la economía venezolana colapsando?



Esa es la razón de la gira de Maduro. Busca a un país al que parasitar. Pero no descarta, por más inverosímil que nos pueda parecer, someter a Venezuela una especie de periodo especial. Por eso es que asomó lo de los conucos como alternativa de subsistencia alimentaria para lo población en su última perorata.



Por supuesto hay diferencias.



El régimen de Castro logró superar el periodo especial porque la cubana era una sociedad disciplinada y obediente. El comunismo chino sobrevivió a la gran hambruna de Mao por la misma razón.



¿Cómo consiguieron eso? Mediante el terror de Estado. Mao y Castro llegaron al poder fusilando. Se consolidaron por una enorme y brutal represión, y a continuación implantaron una minuciosa estructura de control político sobre la población.



Ninguno de los dos compitió nunca en una elección democrática o más o menos democrática. No necesitaron repartir bolsas de comida, lavadoras, neveras ni prometer apartamentos. Por eso mismo, tampoco precisaron controlar un consejo electoral.



Los niveles y la sostenibilidad de la maquinaria represiva fueron posibles porque tanto en China como en Cuba aislaron a las fuerzas de seguridad del Estado de la opinión pública. Para los mandos militares chinos y cubanos no eran determinantes en el respaldo a sus respectivos regímenes lo que dijeran las encuestas sobre la opinión que sus ciudadanos tenían de ellos. Eran una élite, sino totalmente aislada de lo que padecía el resto de la población, al menos sí bastante protegida. Tenían acceso privilegiado a bienes de consumo y nos les preocupaba la seguridad de sus familias.



Nada de lo anterior es el caso del régimen que heredó Nicolás Maduro.



De modo que para mantener el experimento del socialismo el siglo XXI la opción a una dictadura abierta es un milagro. Es lo que está buscando Maduro.



Los chinos, que como vemos, bastante experiencia tienen en lidiar con el socialismo, les pueden prestar 3, 5 ó 20 mil millones de dólares. Pero mientras lo escuchan se deben preguntar: ¿A cambio de qué? ¿Qué le puede dar Venezuela a China que ya no obtenga de Rusia, país con el que tiene contratos para el suministro de gas y petróleo para los próximos 30 años?



Supongamos que le prestan el dinero: ¿Y después qué? Los chinos, como los cubanos, saben la respuesta: Maduro les va a pedir más dinero. ¿Por qué? Porque la economía venezolana tal como está manejada es un barril sin fondo.



Cuando gaste lo que le prestaron a una velocidad increíble irá pedirles más. Esos recursos se los tragará la ineficiencia y la corrupción (el gobierno de Pekín sabe eso) y la economía venezolana no mejorará.



Maduro no está buscando dinero prestado, está buscando a un país al qué parasitar como ha hecho el régimen cubano con Venezuela en los tres últimos lustros. Maduro necesita un Chávez chino. No lo encontrará.
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