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El Chavismo, dispuesto a perpetuarse para siempre en el poder

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
jueves 16 de octubre de 2014, 01:00h
El escenario fue el nuevo Instituto de Altos Estudios del Pensamiento Hugo Chávez. Se supone que está diseñado como una escuela para rescatar el pensamiento del fallecido mandatario. Pero se trata, en realidad, de una escuela para la enseñanza del poder.
El escenario fue el nuevo Instituto de Altos Estudios del Pensamiento Hugo Chávez. Se supone que está diseñado como una escuela para rescatar el pensamiento del fallecido mandatario. Pero se trata, en realidad, de una escuela para la enseñanza del poder. Elías Jaua señala dizque para educar al pueblo en el ejercicio del poder. “En la vocación de poder”. La frase encomillada remite al reclamo histórico que se le hacía a los partidos de izquierda. No tienen vocación de poder. Pues, en el caso del chavismo, de vocación de poder –hay que repetirlo- no están escasos. Curiosamente, nada más hace unos días, el nuevo secretario Ejecutivo de la MUD, Chúo Torrealba, le pedía a los partidos políticos de la alianza que tuvieran hambre de poder.



Según Jaua, Chávez fue “un defensor de un Estado nacional como garante del proceso de recuperación plena del poder al pueblo”. Y dijo: “Debemos trabajar con la responsabilidad de sistematizar y divulgar esta enseñanza de la vocación positiva del poder, porque no podemos pensar en alternar el poder con la burguesía. El pueblo no alterna el poder con la burguesía. En Venezuela no podemos pensar más nunca que el proyecto popular, democrático y revolucionario abandone el poder”.



Aquí está expresado todo. Es línea política. Es línea oficial, viniendo las palabras de quien las expresa. Un vicepresidente con mucho poder. El hombre de mayor confianza del presidente Nicolás Maduro. Según Jaua –lo dijo Chávez, lo ha dicho Maduro- es la consolidación del socialismo. El modelo socialista del chavismo, que de eso se trata en cuanto legado de Chávez. El envoltorio es el siguiente, según Jaua: “Cómo preservar el poder para el pueblo, no para un grupo ni un partido sino el poder en manos del pueblo… El modelo socialista sigue siendo inalterable para la gente. Tanto fue la pedagogía y la prédica de Chávez que el pueblo venezolano está alineado en la trinchera del modelo socialista”.



Lo anterior hay que verlo con atención. Ni siquiera urge leer entrelíneas. Está dicho. No es una consigna. Ni siquiera aquella del “no volverán”, o que la burguesía no gobernará más nunca en Venezuela. Lo expresado por Jaua va más allá. Es el intento de cerrar los pocos caminos que le quedan a la democracia. Cuando Chávez hablaba del 2021, y cuando Maduro habla del 2030, no lo hacía ni lo hace como una frase sin sentido. Tiene toda la carga de permanencia en el poder. Según esta perspectiva, la oposición estaría integrada por factores que sobrevivirían dentro de un modelo al que le importa solo con el fin de arroparse con alguna legitimidad democrática.



¿Está solo Jaua en esta propuesta? De ninguna manera. Pero tampoco es que monopolice la idea. Me explico. Podríamos hablar de tres actores en juego:



-El primero es el de Maduro-Jaua. Por lo dicho ayer, cada vez están más cerca del concepto monopolio del poder. Y hoy pueden expresarlo con mayor claridad, pues hacia lo interno del chavismo, consideran que este eje, Maduro-Jaua, está más consolidado. La izquierda crítica, la que hoy parece más radical frente a las políticas del gobierno, se pliega a esta visión. Hay que recordar que su base militante se inclina más hacia lo que se denomina el poder popular. Las encuestas pueden medir otra realidad. Pero es lo que este eje piensa y quisiera ejecutar a largo plazo.



-El segundo, es el de Diosdado Cabello. No es esquivo a la alternancia. Pero bajo control. De hecho, no lo oculta en la Asamblea Nacional. Juega a la zanahoria y al caballo. Pero desconfía. En los momentos más duros de las protestas de febrero, marzo y abril, el tema de la alternabilidad llegó a plantearse. Y en ese marco, se abrió un compás de discusión interno en el chavismo para definir a qué tipo de acuerdo se llegaba con la oposición en cuanto al TSJ, la Contraloría, la Fiscalía y el CNE. Una de las frases más recordadas de Cabello en esas reuniones fue: Para qué entregarle espacios a esa oposición que de todas maneras va a intentar desplazarnos del poder. No vale la pena.



-Hay una tercera vía en la que pueden inscribirse factores cercanos a José Vicente Rangel. Ellos ven la alternancia posible. Pero lo primero es que la oposición se consolide en su línea democrática y electoral, que es lo que vienen haciendo partidos como PJ y AD. Este sector considera que Maduro es un jefe con otra visión. Que como proviene del sindicalismo, pasó por el parlamento y la diplomacia, entenderá, en algún momento la necesidad de un modelo de alternabilidad. Este sector, apuntan en privado, pasaría a convertirse en el aval de un triunfo electoral, en caso de que la oposición lo obtuviera. Sin embargo, considera que toda alternancia tendría que ocurrir dentro del modelo, sin ruptura. Pero igual que en Cabello, la desconfianza es un elemento que los predispone. Por ello van con cautela. Y solo entregarían el poder si la alternativa ganadora mantiene el modelo. Que de esto hay antecedentes: en 1968, con el primer triunfo de Caldera, había fuerzas que no estaban dispuestas a entregar el gobierno. Y en 1998, cuando ganó Chávez por primera vez, hubo fuerzas que se inclinaban por el golpe de Estado.



Resulta más que curioso que ayer mismo, justo cuando se escogía el comité de postulaciones (KonZapata dio en exclusiva la información en la mañana) que tendrá a su cargo la selección de los nuevos rectores del CNE, comité al que la oposición ha tenido acceso y cuota de participación, Jaua haga tales señalamientos. Según la versión recogida en el Correo del Orinoco, Jaua “advirtió que la Revolución Bolivariana y Chavista no puede considerar la alternancia, porque eso implicaría turnar el poder con la oligarquía. “No podemos pensar más nunca que el proyecto popular, democrático y revolucionario abandone el poder, el gobierno y la construcción del nuevo Estado”.



Para rematar, señaló esta frase, casi como un cierre: “Esa línea para mí sería fundamental”. O sea, imposible turnarse en el poder.
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