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El lobby del control de cambio, condiciona la política económica del Gobierno venezolano

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela
martes 07 de octubre de 2014, 01:00h
En la aguda crisis económica que vive Venezuela, como consecuencia de los desequilibrios macroeconómicos, el perverso esquema cambiario es la madre de todos los problemas.
En la aguda crisis económica que vive Venezuela, como consecuencia de los desequilibrios macroeconómicos, el perverso esquema cambiario es la madre de todos los problemas. Este sistema ha aumentado la corrupción en puertos y aeropuertos, sobrefacturación de importaciones y, aunque no se crea, es la base del contrabando de alimentos y otros más desajustes que han llevado al país a esta situación.



Oficialmente -y se dice muy fácil- se admitió que se perdieron en este esquema 23.000 millones de dólares. Si ello ha sido admitido por los mismos gobernantes, multipliquemos por tres el monto de dinero que el Estado ha perdido.



Esta semana, cuando el dólar paralelo en Cúcuta, Colombia, tocó los Bs 100 (100.000 de los viejos), las ganancias de las mafias cambiarias aumentaron, lo que hace que cada vez sea más difícil para el Gobierno desmontar este perverso sistema de cuatro tasas.



Internamente en el Gobierno, me dicen mis fuentes, sí hay una mayoría convencida de la necesidad de migrar a un nuevo esquema, una unificación y un desmontaje –paso a paso- del control, lo cual llevaría a un dólar en niveles de 30 y 40 bolívares. Sería el tipo de cambio de equilibrio, como dicen los economistas.



El convencimiento es más por necesidad que por convicción. Los proyectos de inversión petrolera están detenidos porque las trasnacionales no ven negocio en cambiar sus dólares a 6.30. “Metes 1.000 millones de dólares en la Faja del Orinoco a 6.30 y alcanza solo para la nómina y algunas obritas”, me comentó un ejecutivo petrolero en Londres.



Este punto ya las trasnacionales se lo reclamaron a Rafael Ramírez cuando éste era presidente de PDVSA. Los bancos de inversión ( nuevos voceros de las cifras económicas en Venezuela) lo dicen también en sus informes. Y fue la conclusión del foro sobre el petróleo en Venezuela que organizó Deutsche Bank en Londres. “Sin un tipo de cambio atractivo, las inversiones petroleras no llegaran”. Ramírez, que no pudo aumentar la producción petrolera en 12 años, al final entendió la trampa cambiaria y comenzó la campaña de convergencia del dólar, lo que le costó el puesto.



Por otro lado, Bank of America-Merril Lynch sacó esta semana otro interesante informe en el que desmenuzan los nueve mil millones y pico de dólares que, según ellos, existen en los llamados Fondos Paralelos. En Fonden solo hay 1.576 millones de dólares. Esto no alcanza ni para concluir la nueva autopista Caracas-La Guaria. Es urgente una auditoria a este fondo que llegó a manejar 150.000 millones. El Fondo Chino dispone de 7.900 millones de dólares, aunque están allí por las reglas que se impone él mismo, por tanto yo no consideraría este dinero como líquido. Finalmente Francisco Rodríguez, el analista del Bank of America-Merril Lynch, anuncia que PDVSA mantiene 5.054 millones de dólares en bonos de la República o de PDVSA.



El motivo del informe es señalar que el Estado tiene cómo maniobrar con estos recursos para evitar el default, tal tesis la comparto. Sin embargo, esos números tan malos en el Fonden dicen que, si se unieran a las Reservas Internacionales, el aumento no sería significativo, lo que se traduce en más debilidad de la moneda nacional. Lo que es otro argumento para concluir que ya el esquema cambiario actual no da más, fracasó. Hay que cambiarlo.



Con estos argumentos petroleros, más el punto de las Reservas y con parte del Gabinete convencido de la modificación cambiaria, ¿por qué no se realiza? La respuesta es muy simple pero a la vez complicada: las mafias cambiarias son muy fuertes, en ellas están involucrados funcionarios públicos, militares, operadores financieros de la vieja escuela, boliburgueses y mucho más. Es el entramado de la corrupción del chavismo. Hace que se sienten en la misma mesa un militar -que tiene el contacto con CAVIM para unas facturas-, un funcionario de CADIVI, un banquero y un boliburgués. Sentados montan una vuelta financiera en la que unos ponen el dinero y otros los contactos. Luego de la espera y el pago de Cadivi, se reparten la cochina.



Muchas de esas facturas no se han cancelado desde finales del 2012, y ya se siente en Caracas presión por algunos de estos “vuelteros”. Todos esperan que CADIVI pague. Unificar el tipo de cambio llevaría a que varias de estas “vueltas” perdieran mucho dinero, quizás todo. Y como hay muchas, y cada una tiene sus propios socios, serían también numerosas las personas perjudicadas. En fin, esas mafias son las que tienen al gobierno atrapado y sin salida en este tema. El gobierno, ¿podrá decirse así?, es una víctima de ellos mismos. Como Frankenstein: crearon un monstruo y ahora no saben cómo salir de él.



El mundo petrolero, algunos directores del BCV , algunos diputados del PSUV lo piden. Saben que el ajuste cambiario es necesario. Pero Maduro parece atrapado por estas mafias cambiarias.
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