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Convencerse

Convencerse
viernes 31 de enero de 2014, 01:00h
Este es un artículo para propiciar un buen diagnóstico de la Venezuela de hoy. El último de nuestra serie sobre los que deben ser los hitos principales del esfuerzo de dotar a la política democrática venezolana de una metódica y un conjunto de propósitos y contenidos apropiados.
Este es un artículo para propiciar un buen diagnóstico de la Venezuela de hoy. El último de nuestra serie sobre los que deben ser los hitos principales del esfuerzo de dotar a la política democrática venezolana de una metódica y un conjunto de propósitos y contenidos apropiados.



Buena falta que nos hace ese buen diagnóstico. Debemos partir del reconocimiento de nuestras fallas. Fallas en el plano de las ideas relativas a la política y en el conocimiento de la situación real enfrentada. Muchos actúan como si no existieran. Como si no hicieran falta un nuevo ideario y el apropiado conocimiento real. Ideario que permita superar las principales limitaciones que produjeron el fallido ciclo democrático iniciado en 1958 y el nefasto ciclo chavista y diagnóstico para saber bien y no equivocarse de nuevo. Todo para, con ello, lograr una democracia consolidada y una sociedad próspera.



En los anteriores artículos hemos hecho un esfuerzo para saber lo que nos inspira y obliga para ese último cometido: una Visión, un Pacto, un Proyecto, un Plan y un Programa. Procede ahora puntualizar, analizar y manejar muy bien el conjunto complejo de ventajas y desventajas del momento actual. Fíjense el artilugio analítico y estratégico usado: conocido lo que quiero, actúo sobre los factores de ahora que influyen en su logro.



En reciente artículo para una nueva columna que mantengo en Caracas, decía: “En la Venezuela actual se superponen, entonces, dos complejos de problemas: el representado por el régimen, su ideario y su geopolítica; pero, también la matriz de ideas, modos y prácticas inapropiadas de toda nuestra historia y la democracia fallida –sí, fallida- que tuvimos, con su imaginario asociado.



En razón de ello, el reto político y económico que nos anima: una democracia consolidada, un alto bienestar interno y una economía exportadora y competitiva, requiere una muy profunda revisión de la carga de valores, prejuicios, conceptos y teorías con las cuales diagnosticamos el país y pretendemos asumir un nuevo ciclo de democracia”.



En todo caso, el diagnóstico necesario tiene que ver con el plano de las ideas, pero también con las otras esferas de la vida social. Eso haremos con las evidentes limitaciones de una elaboración periodística.



En otro nivel, nuestro libro del 2010 nace precisamente a partir de la disponibilidad de un diagnóstico de la realidad nacional dirigido a lo específico de la nueva situación planteada por el régimen chavista. Se llegó a la convicción de la validez de la metáfora del conflicto para comprenderla. La realidad política venezolana es la de “un conflicto político nacional inédito, de alta complejidad, extrema dificultad, fase avanzada y destino incierto”.



Ese conflicto nace “de la contradicción irresoluble de proyectos opuestos de sociedad, entre una tiranía comunistoide y la democracia (problemas institucionales múltiples; hostilidad a los medios; presencia de la política en la calle; situaciones de huelga, paros y otros; implicaciones internacionales y violencia legítima e ilegítima)”.



Lo anterior, que mantiene plena vigencia, sucede en un país, en el momento actual, en puertas de una situación de colapso económico, social o político: por ejemplo, con la posibilidad de una severa crisis de desabastecimiento; frente al riesgo de una hiperinflación, lo cual, la historia nos lo dice, introduce factores importantes de riesgo político; una clara dinamización de la política, con importantes procesos de disenso; hipótesis altamente preocupantes respecto a los factores dominantes en el régimen y alrededor de él; una situación de aturdimiento en los sectores lúcidos de la política; etc.



Lo expuesto no lo es para el abatimiento, sino para la exigencia de mayor empeño en las ideas. Y desde esta tribuna, hemos tomado posición. La Venezuela de hoy requiere con urgencia una metáfora inspiradora de la política. Para nosotros esa metáfora es la transición a la democracia. Es decir, luego del reconocimiento de la mediocre realidad nacional y su explicación, el planteamiento de un urgente cambio político dirigido a la reinstitucionalización.



Para ese cambio vislumbramos solo dos escenarios, a plazos distintos: una transición negociada entre militares nacionalistas y sectores opositores distintos a la alianza partidista dominante en la oposición y una acción militar restauradora.



El país problematizado que tenemos no puede esperar: fracasado y diezmado económicamente; desinstitucionalizado y en el reino de la arbitrariedad; polarizado, social y políticamente y con creciente crispación; con un proyecto político dominante absolutamente inconveniente y plagado incluso de lacras; inundado de ideas, valores y conceptos absurdos y una clase política anulada; etc.



Este diagnóstico requiere consideración, mis amigos lectores. A pesar de lo sombrío, generará respuestas convencionales en muchos. Nuestros políticos democráticos parecen la orquesta del Titanic: se aferran a la partitura conocida, antes que optar por el manual de emergencias.



Toca a la ciudadanía consciente intervenir. Debe asumir la dirección de la contingencia. Ideas, buenos “anteojos” para el mirar profundo, insistencia en el buen diagnóstico del drama nacional, compenetración con la gente, capacidad organizativa mínima, acompañamiento y movilización en los múltiples problemas, difusión de las “buenas nuevas”, lucha por condiciones para la política; etc. son los temas de la agenda necesaria.



* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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