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25 de enero de 2020, 8:15:36
OPINIÓN

El nuevo modo


EPPUR SI MUOVE!

Por Santiago José Guevara García (Valencia, Venezuela) sjguevarag@gmail.com

El régimen venezolano, de innegable talante totalitario y declarado afán de eternidad, parece prepararse para un nuevo evento de su amañado y acomodaticio cronograma electoral. Lo hace confiado en sus cabriolas financieras, la fidelidad de los sectores pobres y el control férreo de las instituciones estatales. En su prospectiva, todo ello es el preludio de un nuevo paso de siete o más años de mandato del capo de Miraflores.


El régimen venezolano, de innegable talante totalitario y declarado afán de eternidad, parece prepararse para un nuevo evento de su amañado y acomodaticio cronograma electoral. Lo hace confiado en sus cabriolas financieras, la fidelidad de los sectores pobres y el control férreo de las instituciones estatales. En su prospectiva, todo ello es el preludio de un nuevo paso de siete o más años de mandato del capo de Miraflores.



Frente a la pretensión, me viene a la mente la famosa sentencia de Galileo Galilei. Porque, quiéranlo o no los jerarcas chavistas, y a pesar de su optimismo, las cosas se están moviendo en Venezuela. Y que conste que no hablo de sismos. También están moviendo el piso, pero a lo que me refiero es otra cosa.



Ya hay periodistas y políticos que contabilizan al detalle las protestas sociales de todo tipo. El año ha sido intenso en ese plano. La cantidad, creciente. Las que dependen de temas laborales y sociales son las dominantes. Y en ellas hay cada vez más sectores que fueron o son afectos al régimen.



Ha habido pocas huelgas de hambre y paros, pero están mostrando una gran capacidad de contagio. La reciente huelga estudiantil, sin duda alguna, le movió el piso a Chávez, reconózcalo o no. Su reacción de ahora, de negación frente a los acuerdos con los huelguistas y la desfachatez de la embajada de Brasil (y la diplomacia vergonzosa de Marco Aurelio García) respecto al trámite ante Chávez y la OEA prometido a otros estudiantes, no hace sino complicar las cosas a futuro. Pero, además, más allá del ámbito estudiantil, se da una confluencia progresiva de protestas de diverso tipo, que un buen día podría convertirse en un gran movimiento telúrico masivo, con posibilidad de tsunami. Y no es lo único que pasa.



Existen al menos dos iniciativas montadas alrededor del impulso de procesos constituyentes. Una de ellas, por connotados ex chavistas, incluido el mentor político que llevó a Chávez a la presidencia, Don Luis Miquilena, presidente de la asamblea constituyente del ’99. Vienen de realizar un gran acto masivo en Caracas y se prepara otro en mi ciudad de residencia. Tengo la honra de haber recibido apenas ayer, del grupo, una segunda invitación para ocuparme de temas económicos a efectos de un nuevo proceso de producción constitucional.



La otra, incipiente, cuenta con importantes aportes conceptuales y de procedimientos para su viabilidad, y convoca a importantes sectores institucionales del mundo intelectual nacional y referencias mundiales del mundo democrático y progresista. Para esta iniciativa, que podría capitalizar a proponentes de vías diversas, se me solicitó opinión en el plano de su viabilidad estratégica y su definición.



Hay variadas iniciativas más. Responden a la convicción de que la situación social y las implicaciones sobre la política son de necesarísima atención. Venga de quien venga, y con amplitud estratégica, un enorme esfuerzo de salvación frente al complejo drama vivido resulta necesario.



El proyecto chavista es un rotundo fracaso, excepto para los oportunistas de toda laya, aquende o allende los mares.



La Venezuela actual es un desastre. Otro diseño es absolutamente urgente. Uno que desactive los componentes de un conflicto de alta complejidad, dificultad de solución y fase avanzada.



A pesar de las características del complicadísimo conflicto nacional, una aproximación asertiva de moderados de ambos lados de la polarización política es una hipótesis plausible en la vía de ahorrarnos la salida violenta y de riesgos ciertos que avanza por el malestar y la rabia de las múltiples víctimas del desastre gubernamental y la radicalización y pretensión cubanoide del nefasto régimen.
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